Guerra de cupcakes

Guerra de cupcakes

Guerra de Cupcakes (Cupcake's War) es un concurso de repostería en el que cuatro aspirantes compiten para ganar un premio en metálico de 10.000 $ y la posibilidad de darse a conocer en un evento social. Requisitos para participar: tener una tienda de cupcakes, un ayudante al que gritar y un delantal con flores.

Las mejores cosas de la vida se encuentran por casualidad. Los grandes amigos, ese top tan estupendo en rebajas, la última napolitana de chocolate de la panadería. El destino quiso que un martes por la tarde recién salida del trabajo, me apoltronara en mi sofá y zappeara sin descanso por más de veinte canales de televisión hasta llegar al último de mi lista, Divinity. Camuflado entre programas de bodas, reformas de casas y demás ñoñerías lo encontré. Tendencia pura y la última moda traída del continente anglosajón: los cupcakes. Para los nada modernos diré que este dulce es "es una pequeña tarta para una persona, de origen estadounidense, frecuentemente cocinada en un molde similar al empleado para hacer magdalenas o muffins". La traducción para los menos reposteros sería una magdalena decorada (simplificando mucho el asunto).

Guerra de cupcakes o como conseguir meter en una magdalena tequila, bacon y azúcar y no envenenar al jurado

 

Hay mucho que me sorprende de este concurso. Empecemos por el presentador. Justin Willman es un joven mago, que por azares del destino se convirtió en presentador de un programa de cocina. Es como si en España, Juan Tamariz presentara un concurso de, qué sé yo, de croquetas. Un concurso donde los aspirantes arriesgarían con los sabores de las croquetas, y en el que Tamariz haría su famoso violín al menos tres veces por programa. Por contrato. El jurado está compuesto por Candace Nelson (fundadora de la primera pastelería de cupcakes del mundo, Sprinkle Cupcakes en Beverly Hills) y el chef francés Florian Bellanger (propietario de Mad Mac Macarons y antiguo jefe de repostería de la pastelería francesa Fauchon). Dos señores a los que conocen en su casa, pero que al parecer son grandes expertos del tema cupcake. El tercer integrante del jurado es una persona invitada, relacionada con la temática del programa, que no tiene ni idea pero necesita publicidad. Los temas son variopintos, Star Wars, una obra de teatro de las brujas de El Mago de Oz, los pájaros del Angry Birds o cualquier evento que quiera anunciarse. Son tres retos y comienzan cuatro equipos "repostero-ayudante" de los que sólo quedará uno.

Y al ver la foto de Juan Tamariz, todos nos preguntamos lo mismo, ¿en qué pensaba para tener esa cara?

La primera de las pruebas del concurso consiste en preparar un cupcake, con su decoración y todo, con ingredientes escogidos por el programa. La prueba del sabor, le llaman. Hay que ser un poquito cabrón para poner en la mesa de "inspiración" cerveza, salsa barbacoa, cecina, anchoas, vinagre de sidra, chocolate y crema de cacahuete y hacerles elegir al menos tres de ellos. O decirles que las estrellas del rock protagonistas del programa han incluido en la mesa tequila, cerveza, bacon, pizza, ositos de gominola, patatas fritas o tabasco. Después de hacer un único cupcake en 45 minutos, el jurado prueba y, sin sufrir colapsos por la mezclas irreverentes de ingredientes, eliminan a uno de ellos y a su ayudante.

Que seas una pin-up sexy no significa que sepas cómo hacer cupcakes de anchoas, sólo que serás la más cool al presentarlo.

En la segunda ronda, la de sabor y decoración, los equipos deben realizar tres cupcakes basándose en la temática del programa. Por ejemplo, homenaje a la saga de Star Wars. Un equipo hace un cupcake con inspiración en Jabba el Hutt. Un cupcake de plátano y nueces con ganache de chocolate. Claro que sí, guapísima. Lo primero que me ha venido a la cabeza según lo he leído es: este personaje mítico cambiaría su dieta a base de seres vivos por este cupcake. Claro que en ese mismo programa hubo un equipo que hiló más fino, y preparó un cupcake de azúcar de arce en honor a Luke Skywalker porque "venía de un planeta de arena, ¿no?".

Jabba el Hutt le pide al camarero un cupcake. A él le gustan poco hechos.

Una eliminación más y pasamos a la última ronda, mi favorita. La buena noticia es que tienen que preparar los cupcakes anteriores, mejorando las pegas del jurado. La mala noticia es que tienen que preparar mil. Sí, sí. MIL. Como los directores del programa son gente con corazón les ofrecen doble ayuda:

- Dos maestros carpinteros, uno para cada equipo, con sus respectivas camisas de leñador y una sonrisa profiden. La repostera jefe dibuja en un bloc dinA2 su"diseño" para el stand que debe sostener los mil cupcakes. El chico guapo debe fabricarlo desde el dibujo. Los leñadores sexys me recuerdan a mí cuando me da la receta el médico y me pongo bizca tratando de descifrar su letra.

- Cuatro ayudantes para cada equipo. Lo mejor, como se saludan todos, como cuando tu abuela te despedía cuando te ibas del pueblo, con mucho ímpetu y moviendo mucho la mano.

                                      

Después mucho lío, mucho ruido y muchos cupcakes. Yo no entiendo mucho de esto, pero por mucho que haya ocho manos más, me parece una prueba digna de Guantánamo, y sino que me corrijan los expertos como Alma Obregón. Aparecen los carpinteros buenorros con los stands y las reposteras ponen todas sus minitartitas, tirándolas si hace falta para llegar a tiempo. Y el ganador salta de alegría mientras el cámara centra la vista en la perdedora, regodeándose en la derrota que refleja su cara.

 

Tendré que seguir entrenando para que mis cupcakes de parezcan más a los que aparecen en el concurso, que a los que hay en mi cocina.

Creo que se parecen bastante al modelo, ¿no?

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Este artículo lo ha escrito...

Anabel Palomares

Ana Belén Palomares (Madrid, 1986). Diplomada en fisioterapia, pero dedicada al mundo de la moda en una de la mayores cadenas de España, esta chica madrileña vive entre libros de cocina y discos... Saber más...