Hoy comemos en... El callejón de Alvarez el Gato

Hoy comemos en... El callejón de Alvarez el Gato

Un restaurante de Madrid con aire castizo y buena comida. O al menos eso dicen los que lo recomiendan. ¿Cuánto tendrán de verdad estas buenas palabras?

De vez en cuando viene bien salir del mundo de las hamburguesas y sentarse a comer comida de toda la vida, y como yo no soy una crítica gastronómica al uso pedí consejo a dos grandes gastrónomos. El callejón de Alvarez el Gato es un local en pleno centro de Madrid, muy cerca de la calle Alcalá, que parece uno de esos sitios lleno de tradición. Pero al cruzar la puerta conoces un local moderno y a la última. Tiene ese ambiente de barrio, pero sin el viejo en la barra con el carajillo y la máquina tragaperras sonando sin parar. Fue como cruzar a otro universo, lejos del ruido y el ajetreo de Madrid.

Nos sentaron en una terraza cubierta, con calefacción integrada en la mesa, y lámparas de esas de fuego, como dijo mi sobrina. Pedimos las bebidas y el camarero, Luis, nos trajo una botella de vino a elección de la casa, un Dehesa La Granja. Nos trajeron unas minibrochetas de champiñones y bacon, y una crema de patata por cortesía del restaurante. Pedimos varios entrantes para compartir aprovechando que éramos seis, y comenzamos la cata con una ronda croquetil. ¿Qué hay más español que las croquetas? A parte de la flamenca de encima de la tele y el Fary, claro. Pero toda tradición merece un toque de modernidad, así que pedimos una croquetas de cecina líquida y otras de choco en su tinta. Las primeras eran puro placer. Cada croqueta explotaba en la boca, llenándola de un sabor fuerte y rudo, con una textura crema casi líquida. Las de choco, cuadradas y grandes, eran más suaves de sabor pero más originales en la presentación.

Pedimos además unos caramelos de langostino, ligeramente picantes, sin forma de caramelo, pero con un sabor muy bueno. Estaban envueltos en pasta filo (creo), y fritos, así que resultaban crujientes y muy divertidos.

Toda comida tradicional debería tener al menos un plato de croquetas. Por ley. Y litros de vino. Haremos un referéndum para que aparezca en la constitución. VOTA SI

Las dos niñas que nos acompañaron, y que sorprendentemente nos dejaron comer a los cuatro adultos que estábamos, pidieron pasta con tomate (fuera de carta y que el amable cocinero preparó sólo para una de ellas) y risotto de boletus con una galleta de parmesano. El arroz era buenísimo, meloso y realmente con ese sabor característico a boletus. Otro comensal pidió un entrecot, que estaba en su punto y muy muy tierno, y otro un steak tartar con una pinta estupenda. Mención especial al último plato, que resultaba ligero, sabroso y tan fresco que la vaca parecía estar mugiendo aún en la cocina.

Yo pedí la hamburguesa casera callejón. Sí, lo sé, dije que hoy saldría de burguerworld, pero es como pedirle a Miley Cyrus que no sea una mamarracha bailando, son cosas que hay que ir cambiando poco a poco. Era tierna y la carne estaba jugosa. No es la mejor hamburguesa que he comido, pero sí es infinitamente mejor que la del Alfredo's Barbacoa. El pan de mollete fue una muy buena elección, y las patatas caseras, muy crujientes. Mi mitad pidió pulpo a la brasa con mojo picón. Era tierno y la ración era grande. El mojo era casero, lo cual es de agradecer.

Postres mil para compartir. Comenzamos con una tarta de queso de cabra. Las tartas de queso que saben a quesazo son una pasión para mí. Y esta era suave pero contundente. Un brownie de chocolate con helado, fue el segundo. Demasiado hecho para mi gusto. Soy de las que creen que un buen brownie debe estar poco cocido, pero tengo que decir que a los demás les encantó, incluida la más pequeña de la mesa.

Tercer postre, tiramisú. Y aquí me quito el sombrero. Es increíble lo bueno que estaba, de diez. También pedimos una tabla de quesos, con un queso azul de primera, y un brie para quitar el hipo, y un helado de yogur como último postre. Debería haber una mesita de postres, como las camareras de la peli de Ratatouille, porque no tiene desperdicio ni uno de ellos. O una mesita de quesos, con montones de variedades diferentes. Y ya que estamos, una camarera de croquetas. Y así este restaurante sería el paraíso con todas las de la ley.

VEREDICTO

Decoración: Notable. Con un aire nostálgico, pero con pinceladas de actualidad. Me sorprende que un sitio así no tenga página web para darse a conocer.

Servicio: Matrícula de honor. Jamás había estado en un restaurante que me hubiera hecho sentir como en casa la primera vez que iba. Gracias de verdad por el trato de todo el equipo.

La mesa: Notable. Platos de pizarra, vasos anchos para cerveza y manteles color tostado. El menaje era moderno y vanguardista.

Gordon Ramsay opina que la comida era: Sobresaliente. Desde el principio al final del menú, no hubo ni un sólo plato al que ponerle pegas. Un diez para el cocinero.

Guita: Entre 20 y 25 euros por persona con vino, postres (muchos) y café. Para algunos quizá sea un capricho, pero es un capricho que merece la pena pagar. Mejor una cena aquí que en el Vips con mucha diferencia.

 

Es un gustazo saber que en Madrid quedan rincones con cocina de verdad a precios asequibles así que si queréis disfrutar, acercaos a hacerles una visita, merece la pena. El restaurante El Callejón de Alvarez el Gato tiene el sello de aprobación de glupglup

 

 

EL CALLEJÓN DE ÁLVAREZ EL GATO
C/ Elfo 123
Madrid
facebook.com/elcallejondealvarezgato
Enviar por WhatsApp

Este artículo lo ha escrito...

Anabel Palomares

Ana Belén Palomares (Madrid, 1986). Diplomada en fisioterapia, pero dedicada al mundo de la moda en una de la mayores cadenas de España, esta chica madrileña vive entre libros de cocina y discos... Saber más...