Hoy comemos en... Harvard & Co.

Hoy comemos en... Harvard & Co.

A pesar del calor y de que en Agosto en Madrid no hay playa, nuestra crítica gastronómica se ha puesto el pantalón con cinturilla de goma y está dispuesta a seguir la búsqueda de la mejor hamburguesa, la Master Burguer de Glup Glup

Todo el mundo ha tenido alguna vez un rollete con alguien guapo pero que era mala persona. La infanta Cristina, sin ir más lejos. Pues eso fue lo que me pasó el día que fui a cenar al Harvard & Co, un local en el centro comercial Manoteras, en Madrid. Cuando vi su página web me encantó el diseño del restaurante que simulaba una biblioteca de universidad estadounidense. Un ambiente joven, intelectual, sibarita y muy tentador. El guapo de las series. Pero no sospeché nada y caí como Ana Torrent en los brazos de Eduardo Noriega.

Cuando llegamos, un jueves, el local estaba vacío. Literalmente. Tuvimos que esperar un par de minutos a que un camarero y el dueño (creemos) salieran, mientras nosotros cuchicheábamos que no había nadie, barajando el dar la vuelta y hacer una bomba de humo. Pero nos quedamos y el dueño nos dijo "está TODO EL MUNDO en la terraza". Buah! ¡La playa de Cullera me imaginaba yo! A ver si no vamos a tener mesa. Y me encontré a un malagueño con una pareja de novios, y a un par de ejecutivos terminando su jornada con un gin tonic. Fin.

Cuando el apocalipsis zombie llegue, buscaré refugio en Harvard & Co. Con el poco público que hay lo más probable es que el virus ni pare allí

Nos sentamos y pedimos una Coca-Cola y una cerveza doble, y de entrante unos palitos de cheddar. Puntos a favor: cerveza Mahou, que es de agradecer para un madrileño, y refresco de 350 ml en vaso ancho. Nos pusieron un aperitivo de patatas fritas caseras con ketchup y mostaza, detalle que nos gustó, y a los pocos minutos trajeron los palitos con mermelada de arándanos. La combinación estaba buena, y el queso estaba derretido y al morderlo formaba hilos como en la típica pizza americana, pero a diferencia de la mozzarella, por ejemplo, el cheddar se vuelve chicloso al enfriarse. Mucho. Tanto que resultaba imposible poder comérselo sin tener las mandíbulas de Sarah Jessica Parker, así que tuvimos que dejar dos de seis en el plato.

Llegó el momento hamburguesil y yo pedí una serranita con pan normal de hamburguesa y patatas fritas normales. En la carta ponía que llevaba jamón ibérico, queso manchego semicurado, cebolla a la plancha y pimiento verde frito. Acertaron con dos de tres porque el jamón era serrano pero no ibérico, eso seguro, y el queso tenía menos de manchego que Sergio Ramos. Era un tranchette con todas las de la ley. La carne era de presa ibérica, así que tenemos el mismo problema que con el jamón. Gracias a mis contactos sevillanos estoy haciéndome una experta en el cerdo ibérico, y quisieron darme gambitas diciéndome que era langosta. La carne de cerdo ibérica es jugosa y tierna, y por desgracia esta era seca y dura. El pan estaba muy bien, aguantando peso y manteniendo el porte hasta el final, pero el pimiento tiene un sabor tan potente, que con la cantidad que pusieron enmascaraba por completo el sabor de todo lo demás. Habría tenido un pase si no se les hubiera chamuscado la carne, dando un sabor a quemado en toda la hamburguesa. Las patatas eran caseras, pero bastante sosas, como el resto del plato.

Normalmente no comparto mis platos pero como la cosa no pintaba bien, quise darles una oportunidad con la hamburguesa de mi mitad, y compartimos ambos segundos. Él pidió una manchega de buey de 160 gramos con pan de mollete. Llevaba tomate raf a la plancha, cebolla pochada y queso semicurado manchego. Pidió la carne al punto, y además de no estar aderezada estaba pasada. Cuando me dió mi parte y empecé a comer, noté un regusto extraño. Cuando llevaba un cuarto de la hamburguesa comido, el regusto se convirtió en acidez, y supe que ni era buey, ni estaba en condiciones de ser comida. Tanto es así que esa noche la pasé abrazada al Sr. Roca.

De postre pedimos un brownie con helado de vainilla, que estaba fuerte como a mí me gusta, untuoso y algo cansado al comer por el sabor amargo del chocolate puro. Acabe comiéndomelo casi entero, porque un sabor tan achocolatado no es apto para todos los públicos.

 

VEREDICTO

 

Decoración: Notable. El local era muy chulo, la terraza un poco sosa, pero el diseño del local estaba muy bien.

Servicio: Aprobado. Los camareros eran correctos.

La mesa: Aprobado. No dejan de ser mesas de terraza de bar, sin nada especial.

Gordon Ramsay opina que la comida era: Insuficiente. El entrante era chicloso, y las hamburguesas no eran ni mucho menos para cobrarlas a 10 euros. si pones esos precios, debes asegurarte de los productos que uses sean los que dice en la carta, y sobretodo que estén en buen estado.

Guita: Entre 20 y 25 euros por barba, con postre. Relación calidad-precio bastante abusiva, teniendo en cuenta los términos de calidad de los que hablamos.

 

Llegados a este punto y tras consultarlo mucho con la almohada, he decidido puntuar sólo mi hamburguesa y echar al olvido la mala experiencia con una carne que era evidente que no estaba bien para el consumo, así que sin más dilación se somete a votación LA SERRANITA de Harvard & Co

 

Presentación : ★★★

Aspecto: ★★★

Olor: ★★

Tamaño: ★★★★

Jugosidad: ★

Sabor de la carne: ★

Ingredientes: ★★

Originalidad: ★★

Pan: ★★★★

Sabor en conjunto: ★★

 

Puntuación total: 4,8

 

 

HARVARD & CO
Avenida Manoteras 40
Madrid
cuandolahamburguesaesunarte.es
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Este artículo lo ha escrito...

Anabel Palomares

Ana Belén Palomares (Madrid, 1986). Diplomada en fisioterapia, pero dedicada al mundo de la moda en una de la mayores cadenas de España, esta chica madrileña vive entre libros de cocina y discos... Saber más...