Hoy comemos en... Marettisimo

Sábado, 22 de Marzo del 2014     |    Por Anabel Palomares

Hoy comemos en... Marettisimo

Un restaurante en el norte de Madrid que ofrece cocina tradicional italiana fusionada con lo mejor de la cocina mediterránea. ¿Será pura palabrería, o estaremos ante un restaurante italiano de categoría? En glupglup estamos dispuestos a averiguarlo.

Últimamente los domingos se están convirtiendo en los días en los que menos me apetece cocinar, así que cualquier excusa es buena para comer fuera de casa, y la de "he encontrado una oferta en ese restaurante al que querías ir" ha sido la de hoy. El Marettisimo "ofrece cocina italiana en un ambiente agradable con una decoración minimalista de colores neutros." Así que nada mejor que disfrutar de mi tan amada italian food, para olvidar lo horrible que será mañana oír el despertador.

Cuando hemos entrado por la puerta a las tres de la tarde, esa hora tan española para comer, había siete mesas ocupadas en un local enorme, blanco y gris, con techo a la vista, moderno y amplio. Y de esas siete mesas, en un 100% de los casos había un mínimo de dos niños por mesa. Lo sé, olía raro, pero tengo sobrinos y adoro a los niños, así que me pareció entrañable. Hasta que empezó a sonar la BSO de El Exorcista y todo empezó a cobrar sentido. Los niños gritando sobre un hilo musical tan tenue que parecía salir del fondo de mi cerebro, ellos corriendo entre las mesas mientras sus padres soltaban sus correas paternales y les dejaban hacer, mientras disfrutaban de una copa de vino (exageradamente caro, debo añadir) y yo me daba cuenta de que la elección del restaurante había sido un error. Y ya era tarde para mí, porque el camarero venía decidido a tomarnos nota, y no había marcha atrás digna. Podríamos haber fingido una llamada del hospital y salir por patas, pero teníamos hambre.

"¿Disfrutar de una comida típica italiana en un parque de bolas rodeado de niños? Challenge accepted!"

El camarero nos sirvió una botella de agua y una Coca-cola de tamaño respetable, detalle que encantó a mi media langosta, y nos trajo una cesta de pan con cuatro variedades, y unos grissinis caseros. En la mesa había dos variedades de aceite, uno natural de oliva, y otro de cayena que no picaba en absoluto (un fiasco). De entrante nos trajeron la ensalada marettisimo donut. Estos italianos, qué cachondos. Era una parrillada de verduras (berenjena, calabacín, pimiento verde, tomate cherry y champiñón), acompañada de una salsa romesco del mejor bote que tenían y una porción de mozarella en forma de donut. El por qué, no tenemos ni idea. El equipo de glupglup ha estado investigando esta formación alimenticia en forma de rosca, pero no encuentra una explicación clara del asunto. Tal vez sea un chiste de mafiosos, o una genialidad del chef, que se sintió Ferrán Adriá el día que escribieron la carta. El caso es que a pesar de la puesta en escena, las verduras estaban cocidas y blandas, y sólo salvaría los champiñones, que estaban aliñados con pimentón. 

De segundo trajeron un risotto frutti di mare con calamares y pescado de temporada para mí, y unos penne a la bolognesa para mi querido acompañante. Señoras y señores, esta época del año es tremenda para el bacalao skrei, variedad noruega de sabor suave, pero el pescado de temporada que acompañaba a mi arroz era el impostor de los bacalaos, el abadejo. Y lo peor de todo, era congelado. Lo sé porque soltaba tanto agua, que he tenido que apartarlo y desistir en mi empeño por acabar todo lo que cae en mi plato, y me he comido el risotto con los calamares y minigambas que lo acompañaban. No quiero tener que decir esto, pero no puedes decir que eres un restaurante italiano y hacer un risotto con nata, porque eso se hace como mucho en Andorra, que siguen otras leyes.

El risotto se hace con caldo, paciencia y movimiento. Tienes que bailar con la sartén, y añadir el líquido tan poco a poco, que sea el arroz el que pida más y más, hasta que esté tan cremoso que sea irresistible. Como cuando ves a Brad Pitt en Troya, y piensas, quítate la ropa ya, pero en el fondo quieres que tarde para alimentar tu deseo. En realidad no tiene nada que ver, pero quería poner esta foto.

Brad, si me abrazas a mí esta noche, prometo llevarte a todas mis críticas de Master Burguer

La pasta no era espectacular, le faltaba rock & roll como diría Jordi Cruz, pero si era mejor que mi arroz. Un fallo más en mi lista de malas decisiones. El tiramisú que comimos de postre compensó todo lo demás. Los niños pararon de correr, los padres de gritar y olvidé la mala experiencia anterior al probar la primera cucharada del postre italiano por antonomasia. Cremoso, con el punto de amargura justo del café, y la dulzura del bizcocho. Impresionante.

 

VEREDICTO

Decoración: Notable, a pesar del detalle de las pequeñas manchas de manos en miniatura de la pared, provocadas sin duda por ser el restaurante must trend dentro del mundo infantil.

Servicio: Aprobado. El personal era amable, pero dos camareros para siete mesas no pueden tardar tanto en tomar las comandas y servir los platos.

La mesa: Suspenso. El segundo plato venía sucio, y ya que vas a cobrar 15 euros por plato, que mínimo que cambies los cubiertos entre el primero y el segundo.

Gordon Ramsay opina que la comida era: Suficiente. A ras, y gracias al espectacular tiramisú.

Guita: Entre 25 y 35 euros por barba sin vino. La relación calidad-precio mejora notablemente con la oferta del -50% que ofrecen con El Tenedor.

 

MARETTISIMO
C/ Isla de Palma 39
San Sebastián de los Reyes (Madrid)
restaurante-marettisimo.com
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Este artículo lo ha escrito...

Anabel Palomares

Ana Belén Palomares (Madrid, 1986). Diplomada en fisioterapia, pero dedicada al mundo de la moda en una de la mayores cadenas de España, esta chica madrileña vive entre libros de cocina y discos... Saber más...