Hoy comemos en... Pecado Carnal

Hoy comemos en... Pecado Carnal

Hoy comemos en... Pecado Carnal

Un día más nuestra crítica se expone al reto de probar hamburguesas hasta que sólo pueda usar pantalones con goma en la cintura, o hasta que encuentre la mejor de todas y termine la competición Master Burger, lo que llegue antes.

Con un nombre tan sugerente, lo menos que piensas es que comerse una de sus hamburguesas va a ser lo más parecido a un affaire en los baños de una discoteca con Michael Fassbender, pero… ¿y si se parece más a un encuentro en un probador de El Corte Inglés con Pablo Motos? O tal vez se parezca a un choque frontal con Chavelita, o a una larga espera en la sala del médico sentada al lado de Carmen de Mairena mientras te cuenta que ha contratado Ono. Sea como fuere, me estoy acostumbrando a no hacerme ilusiones con nombres velados ni a fabricar castillos en el aire con sabores imposibles y promesas de adolescente enamorado. Sólo quiero fantasear con verdades con forma de sándwich de carne picada, y que todo lo demás venga sólo como en el amor.

Pecado Carnal tiene ocho locales repartidos por toda la Comunidad de Madrid. Nosotros fuimos a uno de los más pequeños, el de la calle Sor Ángela de la Cruz, y fuimos movidos por el “Kobe” que dicen tener. Esperaba hamburguesas de más de 30 euros, pero ¡oh! sorpresa, me encontré con hamburguesas de esta carne por 15 euros. Desconcierto es lo más light que sentí al ver la carta. Para que os hagáis una idea: la carne de Kobe es una carne de Waygu (vaca japonesa a la que pertenecen cuatro razas) certificada oficialmente tras su sacrificio, que se realiza en Japón, en la zona de la prefectura de Hyogo, de la que Kobe es la capital. Dicho esto, la exportación de esta carne tan exclusiva y particular es extremadamente cara y extremadamente escasa. Puede ser que sea carne de una de las razas de Waygu, sin proceder de tierras niponas, y de calidad, pero sin ser Kobe ni parecérsele. De hecho, si queréis una explicación más detallada y profesional, esta web os ofrece una clase magistral sobre mitos y realidades del buey de kobe y el wagyu por cero euros.

No está bien que lo primero que recibas de un restaurante sea una mentira. Es como si en una cita con Belén Esteban te dice que tiene tres carreras y habla seis idiomas. It’s a fake

Dicho esto y sin dudar de que tuvieran una carne de calidad (sin ser Kobe, ejem), entramos a un local pequeño y oscuro, decorado por fotos en tamaño extragrande de bueyes y piezas de carne, y lleno a rabiar de gente. Todas las mesas estaban ocupadas, así que esperamos con una Mahou en la mano, que siempre es mejor y más divertido. Las mesas, combinación de madera blanca y metal, y las sillas, muy parecidas a las del jardín de la Preysler, no destacaban en un ambiente tan oscuro como el del local. Pedimos unas empanadillas japonesas de pollo con salsa Gaucha, de una carta con claros tintes japoneses. Eran seis piezas fritas, con una fina masa y un sabor sencillo y delicado. Nada aceitosas y muy ligeras, con una salsa (de bote) picante.

Empanadillas japonesas con salsa Gaucha 

Me llamó la atención leer en la carta que “todas nuestras famosas hamburguesas de Kobe vienen servidas con gajos de patatas confitadas y fritas con especias, pimentón macerado en finas hierbas japonesas”. Ostia, esto si que promete. Unas patatas fritas caseras, con sabor. Pero WTF? con mi hamburguesa Black Garlic Kobe Burger sólo vinieron unas tristes patatas congeladas, sin absolutamente nada de lo prometido. Por no ser, no eran ni gajo. La hamburguesa iba sin vegetales, con una mayonesa japonesa y cuatro láminas de ajo negro sobre ella. Sencilla. La carne estaba bien de punto, pero soltó tanta agua que sospecho que era congelada. De sabor estaba correcta, la mayonesa le daba un punto muy interesante, diferente a las demás hamburguesas que había probado, y el ajo negro, a pesar de tener un sabor fuerte, combinaba a la perfección en una hamburguesa por encima de la media. El pan era del montón, nada del otro mundo, aunque con la cantidad de agua que soltó la carne, aguantó bien el tirón y no se deshizo.

Black Garlic Burger

Mi media langosta pidió la Phillie Kobe Burger, con cebolla a la parrilla y queso Philadelphia. La cebolla era perfecta, suave sin deshacerse por exceso de cocción, y el queso estaba en su justa medida. Muy buen conjunto, creo que hasta mejor que el mío.

Phillie Burger, con cebolla a la brasa

De postre, y por no perder las tradiciones, nos tiramos de cabeza a por un brownie gigante que veíamos llegar a otras mesas y que nos llevaba mirando toda la noche. Había que sacarle a bailar, no paraba de insinuarse con esas dos bolas de helado de vainilla. Y vaya baile. Sensual y delicioso. Un poco seco al principio con ese bizcocho tan abizcochado, pero que se ablandandó enseguida gracias al helado.

Sin palabras. No se aprecia la magnitud del brownie, y aquí el tamaño SÍ importa

Reconozco que odio la mentira, y el engaño. No me gusta que me tomen por tonta y que crean que voy a creerme todo lo que lea. Y tengo que reconocer que enjuicio de forma innata, y que cuando me cruzo, no es fácil sacarme de ese camino de negatividad, donde todo me parece mal. Pecado Carnal empezó siendo infiel, pero es de buen gastrónomo dar segundas oportunidades, y ofrecerse con los brazos abiertos a hamburguesas aunque sean de falso Kobe. No me mientas, Pecado, dime sólo que tu carne es notable y te creeré, pero no insultes la inteligencia de la que escribe porque te tocará enfrentarte a la ira de mi pluma.

VEREDICTO

Decoración: Aprobado. Siguen sin gustarme los locales oscuros en los que no ves a más de un palmo, aunque en este caso fue de agradecer no ver lo que pasaba en la mesa de al lado, en la que dos veinteañeros dedicieron que era guay darse el lote. Toda la cena. 

Servicio: Aprobado. Las camareras eran rápidas, pero serias a rabiar.

La mesa: Insuficiente. El mobiliario se veía viejuno, y la mesa era fea, la verdad. Las sillas eran las peores sillas de jardín del planeta, demasiado incómodas, y el menaje era normalito. 

Gordon Ramsay opina que la comida era: Notable. La calidad de la carne de las hamburguesas estaba bien, pero no me gusta que crean que voy a creerme que son de Kobe. Las hamburguesas son correctas, y el entrante y el postre le ayudan a alcanzar esta nota.

Guita: Entre 20 y 25 euros por barba, que gracias a El tenedor se redujo a 15 euros por cabeza. Con ese precio merece la pena repetir. 

 

La heroína de Glupglup ha empleado sus poderes hamburguesiles para ver más allá de un trozo de carne entre dos panes, y es capaz de apreciar los más sutiles detalles de esta genialidad americana que es la hamburguesa. Hoy se somete a votación la BLACK GARLIC KOBE BURGER de Pecado Carnal

 

Presentación : ★★★

Aspecto: ★★★

Olor: ★★★

Tamaño: ★★★★

Jugosidad: ★★★

Sabor de la carne: ★★★

Ingredientes: ★★★

Originalidad: ★★★★ 

Pan: ★★

Sabor en conjunto: ★★★

 

Puntuación total : 6,2

 
 
Pecado Carnal
C/ Sor Ángela de la Cruz 36
Madrid
pecadocarnal.es

 

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Este artículo lo ha escrito...

Anabel Palomares

Ana Belén Palomares (Madrid, 1986). Diplomada en fisioterapia, pero dedicada al mundo de la moda en una de la mayores cadenas de España, esta chica madrileña vive entre libros de cocina y discos... Saber más...