Crueles mentiras piadosas

Martes, 15 de Julio del 2014     |    Por Anna T. Casanovas

Crueles mentiras piadosas

¿Tus amigas también afirman que perdieron peso de inmediato después de dar a luz y que sus retoños duermen y comen como si nada? ¿Eres la única que reconoce en voz alta no saber hacer ganchillo y no tener interés en aprender? ¿Te sientes fuera de lugar por no reírte con la película de moda? No eres un bicho raro, tal vez lo único que pasa es que no sabes mentir (y eso no es malo).

Todos sabemos que mentir no está bien, de pequeños nos lo repetían nuestros padres, los padres escolapios y cualquiera que se metiera en nuestro camino. El problema es que a medida que nos hacemos mayores vamos aprendiendo que hay distintos “grados de mentira” y empezamos a confundirnos; existen las mentiras piadosas, algo así como una mentirijilla, y las mentiras serias o traiciones en toda regla. Las mentirijillas están socialmente aceptadas y las traiciones no y yo me pregunto ¿por qué? ¿a caso las mentirijillas no nos hacen daño? ¿Qué es peor, que te lancen una piedra enorme a la cabeza o cientos de piedrecitas sin cesar?

Una mentirijilla típica es la de decirle a alguien que está guapo cuando en realidad no lo está. La excusa es “la buena educación” o quizá “el tacto” pero, ¿no sería mejor decirle a esa persona que su aspecto no es el correcto? La sinceridad no equivale a la mala educación. Podríamos elegir con sumo cuidado cada palabra y ser honestos al mismo tiempo, y tal vez ayudaríamos a esa persona (y a nosotros mismos).

Cuando nació A mi vida cambió drásticamente y me arriesgué a hacer un giro en mi carrera profesional e intentar dedicarme a la escritura, y cuando llegó O mi mundo se convirtió en una locura constante. Y te aseguro que las “mentiras piadosas” no me han ayudado. De hecho, me parecen absurdas y una pérdida de tiempo y de energía, y ambas cosas prefiero dedicarlas a algo mucho más interesante. Así que, sin ninguna especie de lógica ni sentido, me he animado a confeccionar una lista de las mentiras piadosas más recurrentes, por si tú también te topas con ellas:

-“Yo perdí los quilos del embarazo en un mes y al cabo de dos meses ya volvía a llevar la misma ropa que antes”: esto, amiga mía, solo puede decirlo la Pataky y lo demás son monsergas. Una de dos, o mientes o has dejado de comer por completo. Si es la primera opción, es sencillamente absurdo. Si es la segunda, deberías tomarte tu salud mucho más en serio y dejar de hacer estupideces.

Ni tú ni yo somos la Pataky ni Heidi Klum, ella quedó así y tú y yo no. No mientas.

-“Mi hijo duerme ocho horas seguidas y come muy bien”: sí, querida, y seguro que cuando le quites el pañal no se hará pis encima nunca y que en la guardería empezará a leer y a escribir en una semana. El niño perfecto no existe y, en mi opinión, es fantástico que así sea. A y O son un desastre y son maravillosas y seguro que los tuyos también, pero si después de pasarme una noche en vela me encuentro con una de estás mamás de niño prodigio me agobio y pienso que lo estoy haciendo todo mal. Así que, por favor, si nos encontramos por la calle y ves mis ojeras no me mientas y me cuentes que tu peque lo hace todo bien; dime que ayer te escupió la comida y seguro que nos haremos amigas.

Los niños no perfectos son mucho más divertidos.

-“Yo no leo nunca best-sellers. Ahora tengo pendiente “La metamorfosis” de Kafka y después leeré a Bolaño”: Sí, sé que hay personas muy intelectuales y tal vez hay quien dice esta frase y es completamente cierta, pero la realidad demuestra lo contrario. “El código Da Vinci” fue súper ventas, igual que “50 sombras de Grey” y otros libros nada “literarios”. No tiene sentido mentir sobre eso, y menos a mí que aspiro a escribir algún día un libro que guste a muchísima gente y no solo a cuatro gatos con gafas de pasta. Esta mentira me desquicia especialmente porque a menudo el que la pronuncia no solo no ha leído a Kafka, sino que hace meses o años que no lee nada de nada.

                    

No es el mejor libro del mundo, pero todos conocemos al señor Grey.

-“Yo nunca compro cremas con paraolicobenos (o cualquier palabra estrambótica)”: no soy tonta ni una inconsciente, y tú tampoco. No compramos cremas en un bazar extraño con un dependiente con pinta de contrabandista, pero tampoco estamos dispuestas a pasar un reto de Supervivientes cada vez que tenemos que comprar toallitas o un protector solar; vamos a nuestra farmacia de confianza y nos dejamos aconsejar. No seguimos al gurú de moda que vive en Los Ángeles y su única preocupación es buscar la crema más difícil de encontrar para luego volvernos locos a todos, dedicamos nuestro tiempo a personas mucho más importantes; nuestra familia, nuestros amigos y nosotros mismos.

No sé de dónde sacan tiempo para descubrir tantas cremas y hacer estos montajes, pero mi día a día es mucho más sencillo.  

Añade cualquier “cruel mentira piadosa” que quieras a la lista, seguro que me he olvidado muchísimas. Podemos coleccionarlas entre todos y dejar de utilizarlas. 

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Este artículo lo ha escrito...

Anna T. Casanovas

Anna T. Casanovas (1975, Calella) Es la mayor de una familia de seis hermanos que, junto con su marido y sus dos hijas son su mayor fuente de inspiración.

Estudió Traducción e... Saber más...