¿Eres de una raza inferior por no tener hijos?

Lunes, 5 de Enero del 2015     |    Por Estíbaliz Burgaleta

¿Eres de una raza inferior por no tener hijos?

Todas tus amigas o son madres o lo van a ser. Y la conversación de todas ellas gira alrededor de lo que se ha convertido en el Sol de sus existencias: sus hijos. Y empiezas a preguntarte: ¿seré yo menos que ellas por no tener hijos?

Efectivamente, tus temores son ciertos: eres de una raza inferior. O al menos eso te hacen saber tus amigas con hijos en cuanto tienen ocasión. ¿Y por qué?

Porque tú no sabes lo que es el amor verdadero

Da igual que adores a tu familia, que lleves tres meses con tu nuevo novio y te parezca escuchar una fanfarria de violines cada vez que le ves o que tu trabajo consista en dar biberones a los cachorros del zoo. Tú no sabes lo que es el amor de verdad, incondicional y absoluto. Y tus amigas con hijos, sí.

Porque a ti los niños ni fú ni fá

¿Te conmueve más un oso panda estornudando que un niño?, ¿no lloraste de emoción cuando tu sobrina te dijo que eras su tita favorita?, ¿cuando ves Master Chef Junior te dan ganas de asesinar a esos niños sabihondos que saben qué es la citronella? Entonces el diagnóstico es obvio: eres una mala persona. Porque las mujeres estamos programadas para amar, así a lo loco. Y para amar a los niños aún más. Es biológico, instintivo, natural, y si tú no lo sientes es porque no funciona algo dentro de ti.  Estás rota y necesitas que te reparen.

Así acaban las mujeres que no tienen hijos (dígase esta frase con voz cavernosa rollo maldición bíblica).

Porque te aburren soberanamente las charlas parentales

¿Colegio moderno de ésos que enseñan a hacer pan o escuela pública?, ¿mi niño me saldrá con seis dedos en cada mano si un día como sushi?, ¿biberón o amamantar a la criatura hasta que tenga edad para comprarse una moto?

Éstas son algunas de las conversaciones entre tus amigas, las madres. Y tú las escuchas, al principio simulando interés y diciendo “ajá”, de vez en cuando. Pero te aburren. Y tras 15 minutos seguidos de charla sobre las tiendas online en las que comprar fulares portabebés te descubres a ti misma echándote una cabezadita. Y claro, tus amigas, las madres, te echan una bronca.

Porque tu reloj biológico no funciona

Aunque a ti los niños te den repelús, llega un día en que eso cambia. Cumples 30 años y tienes una revelación: te entran unas ganas locas de dejar de salir hasta las mil y ponerte a parir retoños.

Ah, ¿que tú ya tienes 35 palos y el reloj biológico no ha dado muestras de su existencia? Pues mal vamos.

Da igual que estemos en el siglo XXI, que generaciones y generaciones antes de la nuestra hayan luchado para que una mujer elija qué quiere hacer con su vida. Si no tiene hijos se está perdiendo algo muy tocho. Pero sólo ella. El hombre no, que lo que se espera de él es que triunfe y además siempre se puede marcar un Papuchi y tener los hijos a la edad en que otros ingresan en el asilo. Pero tú no, tú tienes un reloj ahí avanzando inexorablemente hasta el día en que sea… DEMASIADO TARDE.

¿Acojona?, ¿eh?

Pero tranquila, tus amigas, las madres, no es que te desprecien por haber elegido no ser madre… lo que pasa es que te envidian. Porque sus hijos les llenan de amor verdadero, vale, sí, pero también de responsabilidades, de prisas y de vómitos de potito en lugares insospechados. A tus amigas las madres les gustaría salir por ahí los sábados, perder el tiempo viendo programas mierder en la tele y, sobre todo, pasar un rato sola sin oír ni lloros, ni risas, ni la sintonía de Bob Esponja… en total silencio.

 

Tus amigas, las madres, piensan que pasas así todos los viernes, los sábados y bastantes jueves.

La realidad es que ni tu vida de soltera está llena de novios macizos, fiestas salvajes y viajes por el mundo (a no ser, claro está, que tú seas Cameron Díaz) ni la vida de las madres está llena de perfecto amor e hijos bellos, adorables y, por supuesto, rubios y de ojos azules.

 

Y así es como tú, soltera sin hijos, crees que es la vida familiar de tus amigas, las madres.

La próxima vez que una amiga sumergida en la burbuja de la maternidad te pregunta que tú para cuándo no le sueltes que para nunca, ni loca. Mejor imagínatela despertándose cada tres horas porque tiene que dar el biberón. O limpiando caca de color naranja, producto de la ingesta masiva de puré de zanahorias, del culito de su bebé. Y entonces comprenderás que tu amiga no es que te considere de una raza inferior… sólo quiere tú también seas madre para así compartir su desgracia con alguien.

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Este artículo lo ha escrito...

Estíbaliz Burgaleta

Estíbaliz Burgaleta (Tudela, Navarra, 1976) en otra vida será bailarina de ballet clásico, será grácil como una pluma y tendrá oído musical. Pero en esta vida es guionista, cortometrajista y... Saber más...