Esto es tensión en el ambiente y lo demás son tonterías

Esto es tensión en el ambiente y lo demás son tonterías

Esto es tensión en el ambiente y lo demás son tonterías

Post unisex, que habla de mujeres y que, seguramente, hará las delicias de los hombres.

Existe toda una serie de hábitos de mis compañeras de género o génera ya copiosamente descritos y utilizados continuamente como tópicos (no obstante, verídicos, todos ellos), que no comparto con ellas. Hoy, al hilo del auténtico momento protagonista de este post, me dedicaré a uno: su real majestad EL MISTERIOSO, LARGO, JODIDO E INEXPLICABLE TIEMPO QUE TARDAN EN SALIR DEL CUARTO DE BAÑO.

¿¿Qué hacen desde que entran hasta que cierran la puerta después de salir?? Y no hablo de lo que tardan en arreglarse o ducharse, no. Hablo de cuando, supuestamente acuciadas por una u otra necesidad fisiológica habitual (En el baño, que sepamos, sólo hay dos si no incluímos el meteorismo o el sexo), entran a liberar sus organismos (pis o caca, amiguitos. Ya está, es simple).

Las anécdotas que pueden darse son incontables, y no voy a describirlas todas, sería agotador.

Pero, pongámonos en situación. El momento protagonista de este post me halla en el cubículo de un WC, sito en una oficina cualquiera de Madrid.

Y allí estoy yo, sentada, tan feliz, a mis cositas. Pero no. Porque en ese instante entra alguien, y me rompe el climax. Una tiene su dignidad. Distingue claramente en qué momentos y para qué tesituras necesita intimidad absoluta. La extraña criatura recién llegada se autoinserta en otra cabina y, consciente de que no está sola, decide (esto lo he vivido muchas veces) efectuar una ridícula micción con performance de PIS INTERMITENTE y en pequeñas dosis. Vamos a ver, hija, que es pis. Que menos las piedras y los vegetales, aquí todos lo hacemos, es liquidito, no me estoy ni enterando, no huele. Dale vidilla y, sobre todo, DATE PRISA, COÑO.

Llevarse el portátil al baño es una buena forma de mantenerse entretenida hasta que tengas intimidad. 

No se la da... Tira del papel higiénico con parsimonia... probablemente tenga JUSTO AHORA, que sonarse los mocos... Mientras tanto, su compañera de necesidades (recordemos, yo), agazapada cual alimaña, ante la pura necesidad de contener, CONTENER a toda costa.

Por qué las mujeres tardamos tantísimo tiempo en el cuarto de baño es un misterio que Iker Jiménez debería resolver.

La intrusa tarda una absurda cantidad de minutos en ponerse de pie, adecentarse, abrocharse, rehacer su vestimenta, ahuecar yo qué sé qué coño, como si llevara cuatro refajos dieciochescos, unos pololos, y un miriñaque. Y luego la ves y va con una falda y un jersey. Te preguntas si tanto costaba subirse las medias y abrocharse la falda, si es que en algún momento llegó a desabrochársela (inexplicable decisión, por otra parte).

Construir una base de insonorización sonora con papel higiénico es un recurso muy común. Pero puede tener desagradables consecuencias al final...

El organismo de quien suscribe, en tensión. Aquello ya pidiendo audiencia, porque es que baja picando en barrena, y la otra, que por fin sale de la cabina contigua, tiene que lavarse las manos (claro, eso sí), y la oyes accionar los grifos, que si el jabón, que si la toallita, que si el secador de manos automático... y luego sigue ahí. No se escucha la puerta. Maldición mil veces.

Que se está peinando, oye. Ahora se está peinando. Ella no está viviendo tu calvario y no te ve taladrando la puerta con los ojos, ni oye cómo tu mente se caga en su madre. Estudias la opción (alguna vez utilizada) de simultanear el "flushh" de la cadena del váter con la furtiva suelta de lastre, que gracias al sonido de la primera quedaría totalmente neutralizada.

Pero es un movimiento muy arriesgado. El tracto digestivo es traicionero, amigos. Por mucho ruido que haga la cadena del vater, ese socialmente punible y nauseabundo olor no lo tapa nadie. Es IMPOSIBLE hacer movimiento alguno hasta que la intrusa desaparezca del escenario. Y es que además, trompetas, tubas y bombos querían anunciar con redobles y enorme pompa mi pequeño y simple acto, por lo que el esfuerzo de contención es triple. Diría que en este momento el color de mi cara presenta un tono entre rojo y verde. Increpo mentalmente a la intrusa... tía, por dios, o te largas o Hiroshima.

A la sazón, la ínclita se encuentra haciendo exasperantes ruidillos con un neceser. Podría haber decidido maquillarse, pero hoy la suerte me ha sonreído y sólo estaba guardando el peine.

Más tensión en el ambiente que en la entrevista que Carlos Herrera le hizo a Carmena el otro día. 

Tres o cuatro pasos, el chirrido de la puerta al cerrarse y el pavor ante la posibilidad de que entre otro elemento de riesgo, son sucesos que se concatenan en cuestión de segundos.

Por lo que, también en cuestión de segundos, el torpedo alcanza objetivo con éxito. La misión está, por fin, cumplida con pulcritud, limpieza, y, como es habitual en mi persona, perfecto estado de revista (lo que quiero decir es que mis cacas son un modelo a seguir, no sé si me estaba explicando bien).

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Este artículo lo ha escrito...

Pepa López-Francos

Pepa López-Francos (Madrid, 1969). Es licenciada en Periodismo, hizo sus pinitos como copy cuando aún no existía internet, y la mayor parte del tiempo se dedica a ser Secretaria de Dirección... Saber más...