Eyaculación femenina o cómo montarte tu propio Aquopolis en casa

Miércoles, 18 de Febrero del 2015     |    Por Eva Campos Navarro

Eyaculación femenina o cómo montarte tu propio Aquopolis en casa

En el sexo, como en todo, hay modas. Y el porno, ese gran escaparate que muchos creen que se lo puede llevar a casa, marca tendencia y ahora la tendencia es montar un parque acuático en casa. Pero, ¿te puedes llevar un orgasmo y ahorrarte la entrada del Aquopolis al mismo tiempo?

Muchas mujeres pensaban que se orinaban al tener un orgasmo (lo que viene a ser “tener el puntillo flojo”) y era bastante traumático en muchos casos -y engorroso-) hasta que llegaron las películas porno y lo pusieron de moda generando, incluso, un nuevo género como pueden ser el de “tetonas”. El squirt (o en castellano de ese pasado de moda, “eyaculación femenina”) existe (¡vaya si existe!) y no es ni más ni menos que la expulsión, a más o menos presión, del líquido generado en el punto G a través de las glándulas de Skene. Para que nos entendamos; al estimular el punto G se genera un líquido y si las glándulas de Skene tienen un tamaño considerable, permite que pasen a la vagina y ahí empieza la fiesta. Por tanto, si alguna vez has tenido la sensación de querer orinar mientras estabas teniendo sexo, no te preocupes, no tienes el suelo pélvico desconfigurado, sino que eres una squirter

De meona a squirter ¡gracias estimados magnates del porno!

Hay mujeres que lo hacen y mujeres que no. Hay mujeres que lo hacen con estimulación directa del punto G y mujeres, muy pocas, que lo consiguen con la penetración. Pero creo que cualquier mujer puede conseguirlo con entrenamiento, paciencia y escuchando su cuerpo, así que si quieres convertirte en una Diosa Acuática, te dejamos unos consejos.

Las Diosas acuáticas no nacen, se hacen.

1.- Pide a tu churry que te ayude a ello. A no ser que tengas unos largos dedos, una muñeca de hierro y una buena capacidad de contorsión, los primeros intentos pueden ser frustrantes y ya lo decían The Beatles “I’m gonna try with a little help of my friends” (Voy a intentarlo con ayuda de mis amigos)
2.- Túmbate, relájate y siente tu cuerpo. Olvídate de la lista de la compra, o de que dentro de dos horas tienes que salir escopetada a recoger a Marianito a clase de judo, tómate este tiempo para ti, comienza a estimular tu clítoris y nota los cambios internos y externos que se producen en tu cuerpo.
3.- Lubricante en los dedos corazón e índice y a hacer el conejito feliz, es decir, empezar a palpar como si fueran orejitas. Es importante ubicar el punto G, una zona rugosa detrás del hueso púbico, en la zona alta de la vagina. Para ello, los dedos han de introducirse con la palma hacia arriba y, de esa manera además, podrán estimularte el clítoris para que la excitación vaya en aumento.
4.- Una vez localizado el punto G, a masajear. No hace falta que te den un masaje tailandés; comienza suavemente con movimientos circulares, presionando un poco y ve aumentando gradualmente tanto la presión como el ritmo. Es importante que en ese momento no te dé por imitar al cuervo Rockefeller, a Doña Rogelia o a Macario.
5.- Cuando notes la sensación de ganas de orinar, relájate, no trates de retenerlo, abre la laringe y disfruta: Ya eres squirter.

A partir de este momento, abrir una botella de cava lo verás con ojos diferentes.

Hay que tener varias cosas en cuenta para que la experiencia no sea frustrante:

- El líquido puede ser transparente o blanquecino, así que no te preocupes ni salgas corriendo a urgencias si tu néctar (vaya cursilada) es turbio; es normal.
- La cantidad depende de las glándulas de Skene, sí, pero también de la experiencia, del líquido que hayas ingerido, del tipo de líquido, si has bebido alcohol (ya lo decían los Dead Kennedy, “Too drunk to fuck”, vamos, que con varias copas de más no te puedes hacer responsable de los resultados) y, sobre todo, de que te dejes llevar. Quizás al principio sean sólo unas gotitas; si quieres que tu churry te llame “Niágara”, no cejes en el empeño.

Es posible que incluso te den ganas de llorar por la intensidad de la estimulación pero ten en cuenta que lo que lloras no lo “squirteas”

- Eyaculación femenina no significa orgasmo. Por tanto, puedes tener el mejor orgasmo de tu vida sin eyaculación y eyacular sin orgasmo. Además, al principio, la sensación es bastante extraña porque no estás acostumbrada a una estimulación tan intensa, profunda y continuada del punto G; simplemente, déjate sentir.
- Por esa misma razón, es posible que después de un squirt te quedes entre relajada y hecha polvo, con las piernas temblando y con una sensación de necesitar agua pero ya. De todas formas, ya lo sabes; el mejor polvo es aquél en el que acabas pidiendo agua cual bereber.
- Existen las eyaculaciones múltiples, todo depende de la capacidad de recuperación de tu cuerpo y de que ingieras, de nuevo, líquidos.
- Si te quieres introducir en esta húmeda práctica vas a necesitar dos cosas fundamentales; un cubrecolchón y toallas. La intensidad, la presión y la cantidad pueden ir desde unas pequeñas gotitas a verdaderas demostraciones de la Kärcher último modelo, así que sé precavida. Además, después no vas a estar para sacar la fregona, poner lavadoras y liarte con el secador y el colchón.
- No siempre que tengas sexo, tienes que montar el parque acuático. De hecho, puede llegar a ser muy engorroso y lo que en un principio era motivo de celebración puede acabar siendo tedioso o peor, generarte una tensión absurda de “si no lo consigo, le/me frustro”.

Lo importante es dejarse llevar, disfrutar y tener toallas cerca.

El squirt es algo que ha existido siempre, solo que ahora está “de moda”. El sexo con extra de humedad no es mejor ni peor que el que no lleva incorporado el Aquopolis de serie, simplemente es diferente. No te presiones, no dejes que te presionen a no ser en el punto G, sólo disfruta, siente tu cuerpo y las sensaciones. ¡Ah! Y cuidado a dónde apuntas, que en los ojos escuece. 

Enviar por WhatsApp

Este artículo lo ha escrito...

Eva Campos Navarro

Eva Campos Navarro (Guadalajara, 1977). Es psicóloga, coach y escritora, colaborando con diversos medios de comunicación. Autora de “Soy más lista que el hambre” y “Alicia en el país de las... Saber más...