Las series de televisión me enseñaron que no mola ser guapa

Por Anita C.

Las series de televisión me enseñaron que no mola ser guapa

¿Te gusta que 'la prota feíta' se ligue al macizo? ¿Descubrir que la guapa sufre tanto o más que su amiga 'la petarda'? Entonces, tu verdadera escuela está en las series femeninas y si no te lo crees, te proponemos este 'remember'.

A pesar de que algunos medios de comunicación, la publicidad y la moda insisten en dictar lo rasgos físicos deseables y en que asociemos la belleza al éxito profesional y personal; los psicólogos, todavía defienden que es la inteligencia emocional la que juega un gran papel a la hora de conseguir la felicidad. Sí. Los inteligentes emocionales, aquellos que son capaces de controlar y redireccionar sus emociones, comprender las tuyas son sujetos más felices, más atractivos y líderes potenciales tanto social como laboralmente.

Eso explicaría (en parte) que haya grandes cerebros con una escasa vida social, incapaces de superar una entrevista de trabajo; o, caras bonitas que te hacen… Bostezar. De hecho, no es la primera vez que conocemos a alguien que, a simple vista, nos parece ‘poco agraciado’ y que, después de un tiempo, te preguntas cómo no te diste cuenta de semejante bellezón. Parece de película (o yo soy la peliculera) pero algo tan simple como una bonita sonrisa, la forma de expresarse o de caminar puede convertir la bestia en bella en poco más de cinco minutos. Por supuesto, hay muchos adultos/as que son incapaces de ver más allá del aspecto exterior. Incluso los hay que piensan que todo el mundo es feo. Ya sabes, ese conocido/a que se pasa la vida sacando defectos a los demás o haciendo la bromita al respecto. (Entre tú y yo: el problema de estos individuos es que son taaaaaan horripilantes por dentro, que no tienen la capacidad o don para ver la belleza en los demás. Una pena.)

Y te cuento todo esto porque, en mayor o menor medida, desde hace veinte años algunas series femeninas han influido positivamente en que toda una generación de mujeres hayamos descubierto que en este mundo no importa ser ‘la guapa’: que mola mucho más ser ‘la normalita’. De esta manera hemos admirado, querido e imitado a protagonistas que sin tener un físico imponente y una buena maleta repleta de  inseguridades, son taaaaan genuinas y refrescantes que se han convertido en un referente. (O simplemente, sus espectadoras tenemos ese don, que nos capacita para ver la belleza donde para otros no la hay).

Sensación de vivir (1990-2000)

Si recuerdas los primeros capítulos de la primera edición, la chica más deseada de 'Beverly Hills 90210' era Kelly: la perfecta rubia, ojos azules, con cuerpo de escándalo. Aunque se había acostado con medio alumnado, la pobre niña pija no podía echar el guante a su gran amor Dylan McKay, el chico malo. Entonces apareció en escena la nueva: Brenda Walsh. La niña mona, de clase media-alta, no demasiado llamativa, con un cuerpo ‘ni fú-ni fá’ y con menos experiencia en el terreno sentimental que la súper virgen, Donna. Y ante los ojos de su amiga-competencia, la gemela de Minnessota le ‘levantó’ al James Dean exborrachín.  

¿Qué aprendimos? Que se puede ser una chica del montón, inocentona, que no bebe ni fuma ni se droga y, no sólo ser capaz de conquistar al tío cañón de la clase: también, convertirlo en un tipo majete. En definitiva, el sueño de toda adolescente.

Veinticuatro años después de su emisión, da un poco de repelús ver a Dylan y Brenda pero cuando tenías 14 no tenías muchas más series donde elegir. 

Friends (1994-2004)

En este caso, la lección de vida no sólo vino de la mente de un grupo de guionistas: la actriz protagonista nos dio un subidón de autoestima cuando, fuera de la pantalla, se ligó al mismísimo Brad Pitt en una cita a ciegas. ¡Increíble pero cierto! Jennifer Aniston, una chica estilo vecinita mona (ni siquiera excesivamente guapa),  con cara de ardillita pero con un corte de pelo alucinante, fue capaz de llevar al altar al sex symbol de todos los tiempos, al hombre más deseado. Según se dice  el gran encanto de Aniston es su gran sentido del humor. (Las graciosas también ligan).

Por otra parte, en la ficción, vimos como el buenazo de Ross, un chico no demasiado guapo ni espabilado fue capaz de conquistar a la inalcanzable Rachel, al gran amor de su vida y a las mujeres de medio planeta (eso sí, después de darse la vuelta a la tortilla varias veces).

Ross, un no-guapo muy guapo.

Sexo en Nueva York (1998-2004)

También podría haberse titulado: o cómo una mujer flaca como un palo, con pelo frito, una nariz de loro y vestida como una loca (lazos gigantes, faldas de tul,  t-shirts que no cubrían ni el sujetador) se ligó a un artista ruso millonario, un escritor, aquel macizo fabricante de muebles y al ricachón Mr. Big (y no contabilizo su lío amoroso con aquel político que practicaba la urofilia, porque no me da nada de envidia).

¿Qué pudimos aprender de Carrie Bradshaw? Para muchas, que una mujer independiente, inteligente, con estilo propio, diferente y original podía triunfar en un mundo de hombres sin ser una cara bonita. Otras… creímos que escribiendo una columna en algún periódico podríamos permitirnos comprarnos unos ‘manolos’ y ahora lloran por los rincones cada vez que tienen que buscar calzado en el Bershka.

La protagonista de 'Sex And The City' es otro ejemplo de cómo llevar la 'no-guapura' con estilazo o... Sin un ápice de vergüenza.  

Ally McBeal (1997-2002)

Con el personaje de Calista Flockhart comprobamos con nuestros propios ojos que una mujer, por mucho que utilice la talla 36 y luzca unas piernas fabulosas en minifalda, si no supera de forma saludable el fracaso de su primera relación amorosa, puede tirar por la borda a hombres tan macizos como Bon Jovi o Robert Dawnie Jr.

Ally McBeal fue una serie muy criticada debido a la delgadez de la actriz curiosamente cuando ninguna de sus fans quería parecerse a la prota: una mujer frustrada, psicótica y que cantaba de pena en el karaoke. 

Gossip Girl (2007-2012)

Reconozcamos que encontrar una moraleja en esta serie de adolescentes no es moco de pavo. Pero, por sacar algo positivo de semejante bodrio, podríamos decir que 'Gossip Girl' es un claro ejemplo de que la belleza, el glamur y el dinero no da la felicidad. A pesar de que sólo nos interesaba esta serie porque que queríamos el armario ropero de Serena Van der Woodsen pudimos comprobar que los ricos también lloran… Espera… ¿Ese era otro culebrón? En fin, el mensaje que cualquier adolescente podía extraer de esta serie es que si hay que sufrir tanto para que te acepten en la alta sociedad, para te quieran por cómo eres y no por lo que tienes… Pues chica,  casi mejor ser normalita, ir al insti del barrio y jamás de los jamases, matricularse en un casa del terror como el Upper East Side.

El personaje de Blair se puede resumir en: ser buena, mala, buena otra vez, llorar, llorar y ponerse tiaras y más tiaras. 

Girls (2012)

Aunque la vida de las protagonistas neoyorkinas no es digna de envidiar, sin duda, su creadora y guionista, Lena Dunham, se ha cebado con Marnie, ‘la guapa de la cuchi pandi’. La más sensata de las cuatro pierde un estupendo trabajo en una galería de arte, un novio ñoño y su casa, de un solo plumazo. Y lo peor de todo es que después de tres temporadas emitidas, no tiene pinta de que la pobre chica levante cabeza.

Hannah, en la segunda temporada, consiguió llegar al corazón de Adam y, algo mucho más complicado, que las espectadoras se enamoraran de este pervertidillo.

American Horror Story (2011)

Te estarás preguntando qué tiene de femenina esta serie y qué narices nos puede enseñar a las mujeres. Para ser sincera, nada de nada. Es simplemente una excusa para buscar una foto del Adam Levine y demostrarte que ser guapo-re-guapo no evita que la segunda temporada de la serie en la que trabajas sea infumable.

Moraleja: si te acuestas con un guapo en una camilla de un hospital psiquiátrico abandonado puedes terminar degollada. ¿De verdad merece la pena?  

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...