10 cosas que hemos aprendido de las películas de sobremesa de Antena 3

10 cosas que hemos aprendido de las películas de sobremesa de Antena 3
Jueves, 21 de Enero del 2016     |    Por Abril Camino

10 cosas que hemos aprendido de las películas de sobremesa de Antena 3

Ser cinéfilo debe de molar un montón. Llegar a una cena de colegas y comentar Ciudadano Kane. Lo flipas. No dormirte con El padrino. Lo reflipas. Incluso tiene que ser una cosa muy guay ser el típico posturista que se ha molestado en aprenderse unos cuantos datos de memoria y puede solventar medio bien la papeleta. Yo no. Porque además me da igual. Reconozco (no sin rubor) que no he visto ni una sola peli de las que hay que ver; ni siquiera he visto NINGUNA de Tarantino ni de Star Wars, por mencionar solo un par de ejemplos. Veis que por qué llevo mal los debates cinéfilos, ¿no?

Un día, hablando con la cinéfila más prepotente que he conocido jamás, acabó preguntándome, en el mismo tono en que yo le hablaría a una cucaracha, si en algún momento me da por mantener conversaciones con arácnidos: «¿Pero, entonces, tú qué tipo de cine sueles ver?». Y yo, no sé si pretendiendo reírme de ella o de mí misma, respondí: «Las de sobremesa de los sábados en Antena 3». Y, ¿sabéis qué? Que me hice mucho la graciosa, pero… ¡es que era verdad! ¡No me las pierdo nunca!

Una vez asumido que soy una inculta cinematográfica de primer nivel y que no tengo solución, he empezado una campaña mundial para defender esos telefilmes. Yo los llamo películas de serie G. G de Geniales, claro. ¿Qué digo geniales? ¡Didácticas, incluso! A continuación, os voy a explicar todo lo que yo he aprendido de ellas:

#1 Que si entras en una hermandad en la universidad, tienes un 99,3% de posibilidades de ser violada

Chica guapa, inocente, de Montana, Dakota del Norte o algún lugar así, emocionante. Llega a la universidad por una beca, porque su familia es pobre. De hecho, su padre se largó antes de que ella naciera. No ha bebido nunca y es lo más virgen que se puede ser. Vamos, una Anastasia Steele en potencia. Solo que esta no se va a encontrar a un multimillonario de mano suelta. No, no. A esta la va a emborrachar el chico más popular de su fraternidad, estudiante de segundo año, en una fiesta. Y, cuando esté semiinconsciente, la va a violar. Él tiene mucho dinero y se va a librar de toda responsabilidad porque, además, van a hacer esa cosa tan americana de culpar a la víctima. Pero, tranquilos, es una peli de después de comer: ¡siempre hay final feliz!

#2 Que cualquier mujer que pierda a un hijo es susceptible de secuestrar a otro en el futuro.

Escena 1: un parto. Siempre, siempre, siempre empiezan en el paritorio. Algo sale mal. Hora de la muerte: 11.34. Lo sentimos, Tiffany. Tres años más tarde, tras el consiguiente abandono por parte del padre de la pobre criatura, Tiffany ha cambiado de color de pelo y tiene eso que Barney Stinson dio sabiamente en llamar «ojos de loca». Así que se hace niñera de una familia tan jodidamente cuqui que en el fondo estás deseando que los mate a todos. Una herencia de La mano que mece la cuna como una catedral. Bien pensado, Rebecca de Mornay tenía unos ojos de loca de caer de culo. No tengo ni idea de por qué esa peli llegó a los cines y no la digerí un sábado por la tarde.

Secuestro de la madre durante el parto. Una vuelta de tuerca PERFECTA al secuestro de bebés

#3 Que si tu marido es muy bueno, muy guapo y gana mucho dinero, probablemente sea un jodido psicópata.

Cuando todo empieza muy bien, todo acaba muy mal. Que sí, que parece un planteamiento simplón, pero ¿he inventado yo estas películas? Pues dejadme en paz, que esto va así y nos gusta. Cuando en la primera escena, hay un marido que es un triunfador… que Dios proteja a su mujer. Guapo, con dinero, mansión que te mueres, la trata de maravilla en público… Vaya cabronazo se te viene encima, amiguita. ¡Ah! Me olvidaba. En cuanto se descubra el chanchullo que se trae con la última fusión empresarial, descubrirás que también estás arruinada, cielo. Se siente. 

Ahí lo tenéis. Un psicópata de manual, os lo digo yo. Y Kelly Taylor

#4 Que el muerto, nunca, jamás, está muerto a la primera.

Que no aprendemos, leñe. Un tipo lleva noventa minutos de reloj intentando matarte y en la última escena consigues cogerle el revólver. ¿Por qué coño no le disparas? En serio, ¿por qué? Vale, porque eres imbécil. Ya lo demostraste en el momento en que, con tu vida amenazada y un psicópata persiguiéndote, decidiste que lo mejor que podías hacer era largarte a la cabaña del bosque de tu amigo. Sí, sí, esa en la que no hay ni teléfono ni cobertura de móvil. Esa. Brillante. Tu amigo lo va a pagar caro. No va a morir, ojito, que esto tiene final feliz y os vais a enrollar cuando salgan los títulos de crédito. Pero que se lleva un disparo en el hombro lo saben hasta en la China popular. El rollito brazo en cabestrillo en el beso final nos gusta, no analicemos demasiado el porqué. ¿Que cuándo le van a pegar el tiro? Fácil. Cuando hayáis abatido al malo, lo deis por muerto sin comprobar una mierda y dejéis la pistola al alcance justo de su mano. Qué tentación de ponerse con el psicópata y que os liquide para evitar que os reproduzcáis.

Aaaay, menos mal que he venido a esconderme a un lugar seguro: un bosque desierto

#5 Que si decides huir de todo, siempre habrá un pueblito americano con un puesto de camarera esperándote.

La pobre Jane decide empezar su vida desde cero, huyendo de su marido maltratador. Coge el primer Greyhound (si no sabéis que todos los autobuses americanos son Greyhound, es que no habéis visto nunca una peli de estas) y va a dar a Green Woods, Forest Hill, Red Valley, Grey Cove… Vamos, un nombre que combine colores y accidentes naturales. Ese rollo. Todo le sonreirá, conseguirá un trabajo como camarera y se hará novia del bibliotecario, que acabará recibiendo un disparo del marido maltratador reaparecido (ver punto #4). Ella solo tiene que cumplir un requisito básico: no soltar nunca, jamás, la jarra de café durante su horario laboral. Si hace eso bien, habrá final feliz.

#6 Que Estados Unidos es un gran país.

Que sí, que sí, que lo del imperialismo y lo de la política exterior y la pena de muerte y la sanidad privada nos horroriza. Pero ese no es el debate. Hablamos de un país en el que, si desaparece una menor, se lanza una alerta Amber. O sea, que en todas y cada una de las superficies disponibles (esto incluye los cartones de leche), aparecerá la foto y las características de la desaparecida. Y, ojo, que no tienen que secuestrarte para disfrutar del país. En lo doméstico también son unos cracks. ¿Habéis visto las casas que se gastan en estas pelis? Cuatrocientos metros cuadrados debe de ser algo así como el mínimo legal. Y tienen todas esas cosas tan cuquis como armarios del tamaño de mi casa por los que se puede caminar seleccionando la ropa, o banquitos en los alféizares de las ventanas. Ya puede estar destartalada que ellos lo saben hacer todo. Todo. Bricolaje, fontanería, electricidad, carpintería… Yo intento pintar mi casa y no solo queda como una mierda, es que encima me pringo todo el pelo de pintura, el chándal lo tengo que incinerar y las agujetas en los brazos me hacen ciscarme en todos los muertos del rodillo. Y ahí ves a los protagonistas de estas pelis marcándose un encofrado de madera, pintando una habitación infantil ¡con cenefa! y todo ello con unos petos vaqueros ideales. Venga ya. Me hacen odiar Europa.

Esta la hemos visto todas, ¿eh?

#7 Que si hay un perro, está muerto.

Eso es así. Y mira que me fastidia, que soy muy fan de los perros. Así que ya he llegado al punto en que, si sale uno en la primera escena, casi estoy deseando que lo maten para poder ver el resto de la película sin la angustia de esperar el momento. Porque siempre llega. En serio, Toby, estás muerto.

 

#8 Que Three years later es el concepto definitivo.

Da igual que la primera escena sea un parto que sale mal (ver punto #2), la boda con el supuesto marido perfecto (ver punto #3), una huida de la cárcel o el asesinato de toda una familia… Lo siguiente siempre, pero siempre, siempre, siempre, será TRES AÑOS DESPUÉS.

 

#9 Que hay esperanza para los actores de series míticas de los 90.

Si no sois unos auténticos frikies de la tele de los 90, quizá no os digan nada los nombres de Mark Paul Gosselaar, Jennie Garth, Heather Locklear, Candace Cameron (¡o su hermano Kirk!) o incluso la grandiosa Shannen Doherty. Pero la cosa cambia si os cuento que hay un cien por cien de posibilidades de que el violador de fraternidad sea Zack Morris, de Salvados por la campana; que la chica que huye del marido maltratador sea Kelly Taylor, de Sensación de vivir; que la niñera loca traumatizada sea Amanda Woodward, de Melrose Place; que la chica violada en la universidad sea D.J. Tanner, de Padres forzosos; o que la mujer del triunfador con dos caras sea Brenda Walsh, también de Sensación de vivir. ¡Aaaay! Los noventa…

Yo no sé por qué en los créditos ponen Ian Ziering cuando todos sabemos que es Steve Sanders

#10 Que el marido de Victoria de Suecia es malo.

Esto ya es una cosita de loca de la cabeza. Se me junta lo de leer el Hola con ver estas pelis y me destruyo las pocas neuronas que me quedan. Pero, a ver, entiendo que si habéis llegado hasta este punto del artículo es porque sois fans como yo, así que tenéis que entenderme. Y, si es así, ¿en serio Daniel Westling no es el hombre perfecto para hacer de malo malísimo? Pobre Victoria, veréis cuando descubra que ha perdido todo su dinero y tenga que irse a servir café a un pueblecito de la América profunda.

Por Dios santo, ¿solo yo me doy cuenta de que es malo?

Vistos estos diez puntos, coincidiréis conmigo en que es incomprensible que no haya unos Óscar específicos para estas películas. Yo daría todo cuanto poseo por ser jurado de algo así. Solo pido una cosa a los señores de Antena 3, dejándoles patente mi agradecimiento por llevar quince años obsequiándonos con estas maravillas: respeten el mes de diciembre. El invierno ya es lo suficientemente duro como para que, llegado el sábado y bien instaladas bajo la mantita, nos pongáis esos horrores navideños, con niños repipis, viejetes de los que se ve a la legua que van a acabar siendo Papá Noel (y le van a llamar Santa, para más inri) y mucho verde y rojo everywhere. ¡Ah! Y, ya puestos a pedir, a las fans de verdad tampoco nos gustan las alemanas (en serio, ¡¿cuántas hay?!). Para estas cosas, queremos americanadas.

Mal, Antena 3, muy muy mal.

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Este artículo lo ha escrito...

Abril Camino

Abril Camino (A Coruña, 1980) es licenciada en dos filologías porque una no le parecía suficiente drama. El origen de todos sus problemas está en ser adicta al sol y vivir en Galicia. Optimista... Saber más...