Canciones que nos jodieron el cerebro: El jardín prohibido

Canciones que nos jodieron el cerebro: El jardín prohibido
Viernes, 1 de Abril del 2016     |    Por Chiqui Palomares

Canciones que nos jodieron el cerebro: El jardín prohibido

En 1976 esa cumbre del cinismo interpretada por Sandro Giacobbe llamada El jardín prohibido se encaramó al número 1 de ventas en España y marcó durante ese año y los siguientes a una generación de españoles. Y así hemos salido, Amparo.

Hay que ver qué cosas más intensas se cantaban antes. Canciones con historia detrás, con moraleja, con puntos de giro y con mucha emoción. La típica canción que se te mete en la cabeza y sin que te des cuenta permanece durante años y, ojo, moldea tu personalidad. Y luego pídele cuentas a Radio Intercontinental, veinte años después.


Eres lo que comes y todas las canciones de Perales que escuchas. Ya, mala suerte.

Ponte, por ejemplo, El jardín prohibido, la versión en español de Il giardino proibito, de Sandro Giacobbe, que ha pasado a la historia como una canción romántica/filosófica cuando en realidad es la justificación de unos cuernos de alce. Vamos a ver este vídeo, a fijarnos en el PELAZO de Sandro, y luego hablamos:

Me encanta la gente que dice en los comentarios: esta se la dediqué yo a mi novia, qué recuerdos. Recuerdos no, macho, RECUERNOS. ¡Pero qué le dedicas a tu novia, cabestro!

Porque la canción es eso, una retahíla de excusas que nos brinda Sandro -que le brinda a su novia- para justificar, con las peores artes posibles, que le ha sido infiel. En aquellos tiempos no había Tinder ni Badoo ni Ashley Madison ni los DMs de Twitter ni reggaeton, así que los cuernos eran algo muy serio.

Sandro comienza con suavidad, humildemente, melancólico.

 
Esta tarde vengo triste y tengo que decirte
que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos
 

Así es, Sandro comienza dando pena, despertando el clásico instinto maternal. Está tristón, lo está pasando mal, pobrecico mío, y de repente ZAS, la revelación, sin anestesia. Reconocedme que hay mejores maneras de preparar una confesión que esta.

 

-Estoy deprimido.

-Pobrecito mío, ven que te abrace. ¿Qué te ha pasado?

-Nada, que me he tirado a tu mejor amiga.

 

Imagina la cara de la novia. Qué aturdimiento. Que por cierto, esa mejor amiga menuda zorra también, como se puede comprobar en los siguientes versos:

 
Sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias.
Su cuerpo me rogaba que le diera vida.
 

Es un clásico: fue culpa suya, que me sedujo. Qué guarra. Sandro no lo puede evitar y claro:

 
Comí del fruto prohibido dejando el vestido
colgado de nuestra inconsciencia.
 

Esto quiere decir, líricamente, que se la tiró (comí del fruto prohibido). Usa la clásica táctica de poner una metáfora gongoriana que no se entiende (“dejando el vestido colgado de nuestra inconsciencia”) para que la chica pierda tiempo intentando comprender lo que le han dicho en vez de concentrarse en el dato principal: que se ha follado a otra. ¿Qué vestido? ¿Dónde lo cuelga?

De inmediato Sandro se recrea en el tema:

 
Mi cuerpo fue gozo durante un minuto,
mi mente lloraba tu ausencia.
 

Se corrió durante un minuto, pero lo hizo con pena porque tú no estabas. El chico tiene buen fondo porque ya en el mismo momento en que estaba empujando estaba triste porque no estabas presente. Normal por tanto que se arrepienta y te diga:

 
No lo volveré a hacer más.
No lo volveré a hacer más.
Pues mi alma volaba a tu lado y mis ojos
decían cansados que eras tú, que eras tú.
Que siempre serás tú.
 

No, espera, no se estaba tirando a tu amiga. ES QUE PENSABA QUE ERAS TÚ. Es que es muy difícil diferenciaros porque todas vestís igual, de Zara (muy probablemente vestidos de la inconsciencia, que están de rebajas), y al final como no estés atento te metes en una cama ajena. O sea que en el fondo es un poco culpa tuya. O bueno, tampoco es culpa tuya:

 
Lo siento mucho, la vida es así;
no la he inventado yo.
 

Toma ya. Es que la vida es así, cosas que pasan, más vale pájaro en mano que ciento volando.

 
Si el placer me ha mirado a los ojos
y cogido por mano yo me he dejado llevar por mi cuerpo
y me he comportado como un ser humano.
Lo siento mucho, la vida es así;
no la he inventado yo.
 

Bueno, aquí se repite un poco e insiste en que se ha comportado como lo haría cualquier ser humano y se ha dejado llevar. Es un títere en manos de las circunstancias que deja vestidos de la inconsciencia colgados por ahí, como le pasaría a cualquiera. Le ha faltado decir que tú si hubieras podido también te la habrías tirado.

 
Sus besos no me permitieron repetir tu nombre, y el suyo sí.
Por eso cuando la abrazaba me acordé de ti
 

Así es. Mientras estaba con ella iba a decir tu nombre (también qué descortés con tu amiga que pronuncie tu nombre cuando se la está follando a ella), pero claro, es que ella lo impedía con sus besos. Que te lo cuento para que te hagas una idea precisa de cómo fue el polvo, que sé que estás deseando oírlo, cariño. Madre mía qué polvazo, no puedo dejar de pensar en él. De hecho te lo voy a contar otra vez en el bis de la canción, por si te has perdido algún detalle.

Y en efecto, Sandro se lanza a contar otra vez que ha comido del fruto prohibido, lo de colgar el vestido, el minuto de correrse, el que eras tú, siempre serás tú, que el fútbol es así, etcétera.

Sandro es lo que los hombres llamamos en nuestra jerga técnica un hijo de puta con rebabas, que no sólo le pone los cuernos a su novia sino que luego le echa la culpa a todo el mundo, un poco al estilo de Xavi Hernández: es que los árbitros, es que el césped, es que se encierran atrás, es que sus pechos, es que la vida es así.

Encima no le puedes contar a tu mejor amiga la guarrada que te ha hecho porque claro.

                               

¡Explícame la metáfora del vestido de la inconsciencia, mala pécora!

Uno diría que un sujeto de esta catadura moral debería ser cualquier cosa menos un modelo de actuación; pues no. El jardín prohibido tiene versiones como esta de Sergio Dalma:

Es un videoclip en el que él pasea por Roma meditabundo, fijándose en varios coches: un seiscientos, un dos caballos, etcétera (¿insinuando que le está poniendo los cuernos a su Renault Fuego con otro coche?) y cruzándose de vez en cuando con una moza, que debe ser tu mejor amiga, a la que mira el culo (ella le mira el culo a él también).

Pero es que también hay versión de El chaval de la Peca, es la banda sonora de un anuncio de ING Direct y forma parte del repertorio de Junco. ¡De Junco! ¡Junco poniéndote los cuernos! ¿Qué más desgracias te pueden pasar en la vida?

Pues que te lo cante Abraham Mateo con doce años:

¿Pero es que nadie piensa en los niños?

A mí un renacuajo así me dice eso y de la bofetada que le doy está dando vueltas hasta que se transforma en peonza. Bueno, igual le daba la torta sin necesidad de que me cantara nada. Y ahora que lo pienso, a Sandro Giacobbe igual.

P.D. Briconsejo: cuando dice que no lo volverá a hacer más, que no lo volverá a hacer más, lo va a hacer, porque la vida es así, no la ha inventado él.

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Este artículo lo ha escrito...

Chiqui Palomares

Chiqui Palomares (Madrid, 1974) es creativo publicitario y escritor. Odia hablar de sí mismo en tercera persona. Le gusta el pollo asao, Bar Refaeli y esa chica con la que se cruza por la calle. A... Saber más...