Perdiendo la virginidad por segunda vez

Por Anita C.

Perdiendo la virginidad por segunda vez

Después de una relación de pareja de muchos años, volver a reiniciar nuestra vida sexual puede ser lo más cercano a aquella primera vez. Eso sí, por suerte para nosotras, el himen no se reconstruye ni por ciencia infusa ni por falta de uso, aunque las inseguridades podrían reaparecer. Si tienes una amiga que está pasando por este momento aquí tienes las claves para que le ayudes a darse un respiro. 

 “Pues que quieres que te diga… Fue como perder otra vez la virginidad pero sin rotura de himen”. Con estas palabras mi amiga me resumió su primer coito de divorciada. Imagínate… Me quedé 'shockeada'. Si a ese comentario le hubiera acompañado un guiño de complicidad o una pícara sonrisa, hubiera pensado que se lo había pasado medio bien. Sin embargo al soltarlo así, como el que no quiere la cosa, sin mirarme a los ojos y con un suspiro de resignación, pude confirmar lo que siempre había sospechado: que después de estar toda una vida compartiendo la cama con el mismo hombre no debe ser fácil ahuecar las sábanas para que entre otro.

Un chasco, desde luego. No solo para ella, también para mí. Ten en cuenta que cuando una amiga se separa, 'las petulantes casadas' estamos deseosas de que rehaga su vida. Y no porque queramos que vuelva a nuestro club, ¡venga ya! ¡Con lo bien que se vive de soltera! Tampoco  es nuestra intención quitárnosla de encima. Véase que inflarnos cada sábado por la noche a helados y cubatas con ella mientras llora a moco tendido, es la excusa perfecta para salir de nuestros dulces hogares. Incluso diría más: es divertidísimo hacer un muñeco de goma eva parecido a su ex, pero en gordo, y practicar vudú. De verdad, lo recomiendo. Es muy terapéutico.

También podéis hacer vudú en un muñeco de goma eva que represente a tu ex-suegra.

Pero volviendo al tema. El verdadero motivo por el que una amiga le recomienda a otra que salga de nuevo, flirtee y tenga una apasionante aventura (o buen polvo, llámalo como quieras)  es 100% romántico y 0% desinteresado. Me explico. Vivir, aunque sea a través de otra persona, la emoción de conocer a alguien (“¿qué le dijiste?” “¿y él qué te respondió?”,  “¿qué llevabas puesto para la cita?” o “¿cómo la tenía de grande?”) hace sentir a una, que ha retrocedido veinte años en el tiempo… Como si estuvieran comentando sus últimos ligues en la cafetería de la facul. Pero además, el interés que puede tener una mujer emparejada en que su amiga encuentre a alguien es más profundo.

En la nueva soltera, las perfectas casadas depositamos todas nuestras esperanzas porque si ella rehace su vida sentimental,  el resto de nosotras podemos dormir tranquilas sabiendo que en el caso de un final apocalíptico para nuestra relación, hay vida en el más allá. Todo un planeta de hombres sin taras, no radiactivos capaces de volverte a enamorar o al menos procurarte un buen orgasmo.

Y claro, ahora entenderás el tremendo chasco que me llevé cuando escuché decir a mi amiga eso de “fue como perder la virginidad por segunda vez”. Como no podía ser de otra forma la cotilla que llevo dentro, se hizo cargo y comenzó a aplicar el tercer grado a mi pobre amiga:

-Cuenta, cuenta… ¿qué pasó? No me digas qué te has ligado a un inepto sexual. Por dios, júrame que el tipo es mayor de edad.

-No, no… Si tiene tus años y se lo curró mucho pero yo… estaba tan nerviosa que me quedé a verlas venir.

-Pero ¿qué pasa con todos esos meses de coqueteo y precalentamiento que compartisteis?

-No sé, no sé… Todo fue raro. En un momento estaba toda despatarrada gimiendo y al segundo, salí de mi cuerpo como si de un viaje astral se tratara y vi la situación desde fuera. Me incomodó sentir las manos de alguien que apenas conozco y de repente, él no era él y se convirtió en mi ex y… y… Me da mucha vergüenza admitirlo… ¡Hasta me acordé de mis hijos y me sentí fatal por ellos! Jo, Anita, es una lástima no ser un chocho loco.

¡Madre mía! Después de esa experiencia extrasensorial, a pocos les quedarían ganas de repetirla. Cerrarían el quiosco a cal y canto. Claro que después mucho pensar,  recordé cuando daba clases de educación sexual en los institutos y hablaba sobre la primera vez con los adolescentes. Les explicaba que había que dar ese paso cuando uno/a estuviera preparada y tuviera suficiente confianza en su pareja. Que poner demasiadas expectativas en nuestras primeras relaciones sexuales era un gran error. Eso de ‘mientras lo hacíamos sentí que tocaba el cielo’ queda muy bien en Gossip Girl y en Crepúsculo, pero la realidad es muy diferente. Los nervios, las inseguridades incluso el miedo suelen jugar malas pasadas.  Les hacía hincapié en que en el sexo también se requería tiempo y práctica: cuando uno va confiando en su pareja y él/ella nos conoce a fondo, cuando comparten además de atracción, también sentimientos no sólo se toca al cielo sino que se sobrepasa.

¡Qué curioso! Como algo tan obvio como estos consejos que aprendemos desde niñas leyendo una revista, se nos olvidan cuando nos entran prisas para curar nuestra herida de corazón. Y, el corazón es delicado y complejo. Necesita mucho tiempo para volver a bombear con fuerza.  

Por eso, recomendé a mi amiga que no se atormentara: que se diera tiempo y cuando se viera lista para volver a amar o coitear, le diera otra oportunidad a su nueva conquista. Mientras tanto, podíamos seguir compartiendo helados y cubatas…

Entre brownie y brownie:

-Anita, si lo vuelvo a hacer con él… ¿Tú qué piensas? ¿En su casa o en la mía?

-¿Dónde lo hicisteis la última vez?

-En el baño de un garito…

-¿Pero en qué pensabas? No me extraña que no tuvieras ni un atisbo de orgasmo. Leñe, lo raro es que no tuvieras multi-sífilis-culera.

-Sí, la verdad es que olía fatal y era tan pequeñico…

- Cielo, ¿es que no has oído hablar de los HP?

-¿Hijos de puta? Pues claro. Me casé con uno, ¿recuerdas?

-No. Me refiero a los HP, Hostales-Picaderos. ¡Por favor! Menos libros eróticos y lee más los foros del Vogue.

¿Sabes por qué la imagen está borrosa? Por todo el orín que rezumaba. ¿Quién podría tener una buena sesión de sexo en un lugar así?

Entre whisky Dyc con coca-cola y ron del Dia% con zumo de piña Hacendado:

-Oye, Anita, y tú que sabes tanto de sexo… ¿Cuándo deberíamos dar el paso mi new-churri y yo para el sexo oral? No quiero parecer una santurrona pero tampoco una descarada.

-¿Es que en vuestra primera vez no te hizo un cunnilingus?

-Nop.

-¡Ostras! ¿Y te extraña no haber tenido un orgasmo? ¡Madre de dios! Yo que pensaba que los hombres cuanto más viejos más pellejos y resulta que a los solteros de cuarenta son unos melindrosos.

-No te pongas en plan chuza-sófica y contesta.

-Cuando te sientas con un nivel de intimidad cómodo pero ¡más pronto que tarde! Mmm… Déjame pensar… Mira, si ves que él está demasiado centrado en tu escote, le pones la manita en la coronilla y despacito, muy despacito, casi sin que se entere, empuja para que vaya descendiendo esa boquita… ¿Lo pillas? Más te vale, porque no vamos a hacer role-playing.

-Ya claro, pero si accede, él estaría esperando después reciprocidad y no estoy muy por la labor… Aún.

-Pues una vez que él termine de explorar tu zona sur, hazte la muerta.

-Sí, claro, como que se lo va a tragar.

-Anda, espabila… Pero si les encanta pensar que te has desmayado del pedazo de orgasmo que se han trabajado.  ¡No te agobies, mujer! Venga, empieza ensayando con un pequeño desfallecimiento.

Si no sabes cómo hacerte la muerta pregunta a un experto: a tu gato.

Entre un sándwich de Nocilla y dos paquetes de Fantasmicos bien mojados en calimocho:

-Buff, ¿sabes qué me agobia?

-¿La resaca que vamos a tener mañana?

-Eso también, pero me refería a mi nueva vida sexual.

-Dispara…

-Pues que es un coñazo tener que llevar siempre la ropa interior conjuntada, por si nos vemos y terminamos liados.

-Toma mi tarjeta descuento del H&M que es de un 40% y cómprate un kilo y medio de lencería chunga a mi salud.

- Y todavía, hay algo peor…

-Querida, comprar no es algo malo.

- Ya lo sé, pero estoy hasta el co… digo moño de ir siempre ultra depilada por culpa del ¡maldito  ‘por si acaso’!

-¡Uy, ahí estás jodida! No había caído en ese inconveniente. Gracias, gracias, amiga por abrirme los ojos que ahora tengo más claro que nunca que ¡YO NO ME DESCASO!

La poseedora de estas piernas vive con su pareja desde hace 20 años y él la ama como el primer día (y último) que la vio depilada.

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...