Te has convertido en una chica Gilmore

Martes, 7 de Octubre del 2014     |    Por Mª Catalina Jimenez

Te has convertido en una chica Gilmore

Gente desesperada que busca gente, gente que se desespera al no encontrar gente. ¿Es tan difícil encontrar el amor? Algunos lo encuentran sin buscarlo y otros, como nosotros, no lo encontramos ni con un GPS.

Hasta el corazón más frío busca algo de amor. Hasta el tipo más duro necesita un poco de cariño. Pero ¿qué ocurre cuando el amor no llega?

¿Nunca les ha pasado que un día se despiertan y se preguntan si han hecho algo mal (salvo esos días que preceden a una noche en la que se han pasado un poquitín en su pub amigo y entonces ya sabemos la respuesta a esa pregunta)? El amor no solo no toca a tu puerta, sino que no se acerca ni a 100 metros de distancia de tu puerta, como si tuviera una orden de alejamiento o algo así. No sé si es el perfume que uso o qué, pero a veces siento que lo asusto.

No entiendo cómo algunos tienen tanta suerte y otros tan poca. Nací la menor de ocho hermanos, sé que el mundo no es justo, pero no estoy pidiendo mucho, ¡un poquito, por favor!

 

Quizá sea exigente, quizá sea una soñadora, quizá me haya meado un elefante, no lo sé. Pero, por favor, todo lo que se cruza en mi camino es lamentable.

 

No creo en el amor a primera vista ni en que todo sea perfecto, pero creo que aún queda un poco de magia en el mundo, porque sí, lo que yo necesito es magia. El mismísimo Harry Potter tendría que venir a ayudarme. No encuentro nada, nada de nada. Quizá sea exigente, quizá sea una soñadora, quizá me haya meado un elefante, no lo sé. Pero, por favor, todo lo que se cruza en mi camino es lamentable. El candidato que más está interesado en mí hoy en día me escribe poesías y me las envía por mensajes privado sal Facebook. Sí, me ruborizo al escribir esto: no puede ser más patético. Algunos quizá quieran un poeta que se adapte al avance de la tecnología, pero yo no, gracias. De los anteriores mejor ni les cuento, mi orgullo no me lo permite y esta es una web de humor, pero no tanto.

El problema es que el tiempo pasa a toda prisa y con él la juventud. No voy a ser así durante la eternidad por más cremas que use, así que mejor me doy prisa.

Estoy muy consternada por la falta de testosterona cerca de mí. Pero lo peor es que ayer terminé de ver Gilmore Girls. Díganme, ¿quién no la ha visto? Si no lo han hecho, vayan a verla.

Fue justo ayer, en el último capítulo de la última temporada, cuando Lorelai se queda con el hombre de su vida

La cosa es que, después de siete temporadas viendo las idas y venidas de Lorelai Gilmore y Rory, su hija, fue justo ayer, en el último capítulo de la última temporada, cuando Lorelai se queda con el hombre de su vida (perdón si les arruiné el final). Después de que el perfecto Max le regalara mil margaritas y le propusiera matrimonio, Lorelai lo rechazara, una remodelación en su casa, otro casi casamiento con el hombre que le servía café todas la mañanas, un casamiento con el padre de su hija en Francia (no se ilusionen, esas cosas pasan solo en la tele) y un divorcio abrupto, después de todo esto, Lorelai consigue su final de novela. Ok, no de novela, pero al fin termina encontrando al hombre con quien desea pasar el resto de su vida.

Cuando tienes casi cuarenta años y llevas veinte esperando al amor de tu vida, lo normal es que te llegue un tío cañón como este (estoy siendo irónica).

Ha criado a su hija, se ha graduado en la universidad y ha abierto su propia empresa, todo sola. Sin ayuda de nadie, todo el tiempo esperando a que el amor llegara, pero a la vez demasiado temerosa de él. Lorelai tiene su hija a los dieciséis años y es ahora, con 38 años, cuando se queda con Luke, su hombre (perdón si les arruiné el final por segunda vez).

Sé que no soy Lorelai Gilmore, pero siento que tengo su mala suerte, ahora bien, ¿tendré que esperar tanto tiempo como ella, o sucederá algo?

Antes te casabas a los veinte o no te casabas y eras una solterona por el resto de tus días. Hoy tienes que tener mucha suerte para acertar a la primera. Es como si hubiera una serie de obstáculos, tienes que superarlos todos para llegar a la meta.

He leído un millón de veces la frase: “Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”, yo la cambiaria a: “Escribir un libro, plantar un árbol, enamorarte del equivocado, que te engañe un idiota, que te cases y te divorcies en menos de un año, encontrar a alguien a un paso de que tu traje de baño ya no te valga y tener un hijo”. Así que, díganme, ¿alguien llega a la meta con las mismas ganas que al principio?

Ya lo he dicho, quizá sea una soñadora, pero ustedes qué creen, ¿lograré saltarme un par de obstáculos? A menos que, cuando encuentre el indicado, el traje de baño aún me valga.

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Este artículo lo ha escrito...

Mª Catalina Jimenez

Mª Catalina Jimenez (Argentina, ¿?) Sin ánimos de revelar mi edad, solo diré que soy demasiado joven para colaborar con esta revista pero lo suficientemente osada como para intentarlo. Menor de... Saber más...