¿Eres una auténtica adicta a los zapatos?

Por Anita C.

¿Eres una auténtica adicta a los zapatos?

Descubre si tu afición a coleccionar calzado temporada tras temporada es un mero hobby o estás rozando la patología. O ¡quién sabe! Quizá, sólo quieres desbancar a la difunta Darlene Flynn en el record mundial Guinness por almacenar en su casa más de 3.000 pares de zapatos. 

¿Sabías que la mujer occidental atesora 19 pares de zapatos como media? ¿Qué las españolas compramos aproximadamente cinco pares nuevos cada año? Leyendo estos datos una podría pensar que somos las grandes peregrinas de la ciudad, pero lo cierto es que tan sólo nos mueve una pulsión incontrolable de coleccionar. De hecho lo habitual es que utilicemos tres, a lo sumo cuatro pares, de forma cotidiana y el resto, se queden bien guardaditos en la estantería del armario (a veces sin estrenar).

Este afán por coleccionar calzado no es una tendencia de última hora; ni siquiera podemos culpabilizar a grandes shoes-addicts de la historia como Lady Di o Carrie Bradshow por aficionarnos a los tacones imposibles. Ya, a principios del SXX cambiar de zapatos de tacón era símbolo de elegancia y clase y las mujeres de alta sociedad podían utilizar incluso ocho pares diferentes en un solo día. No parece tan raro, entonces, que muchas mujeres de hoy en día, todavía asocien poder y sofisticación a un simple complemento de moda o, que afirmen que 12 centímetros extras las hace sentir seguras de si mismas. Eso, sin hablar de las connotaciones sexuales ligadas a dicho accesorio. Pero este es otro tema.

 

Ponte unos tacones y sal a comerte el mundo... O el adoquín de las escaleras del metro. 

 

Cuando la afición se convierte en adicción pura y dura

Como ya imaginarás, algunas féminas convierten la compra de zapatos en una verdadera compulsión, capaz de acabar con su economía, la de su familia e incluso matrimonio. Ponte en el pellejo de sus parejas: que tu casero te largue de tu casa por llevar meses sin pagar el alquiler y veas que tu novia arrastra maletas y bolsas cargaditas de 'Jimmy Choos',  te cagas en todos los 'Manolos', 'Christian-Louboutines' y en la madre que les parió. Y después: pides el divorcio. Algunos psicólogos y psiquiatras llaman a estas pacientes zapatofilícas. El marido o novio de la parienta del caso anterior las llamarías: chifladas.

La gran heredera, Paris Hilton, posee más de 200 modelos de zapatos diferentes en una habitación donde podrían vivir una familia numerosa con perro.

Cómo saber si eres una zapato adicta

El cuadro clínico es bastante simple de explicar: una adicta a los zapatos actuaría como una mujer con un gusto especial por coleccionar estos complementos pero de forma compulsiva, sin control hasta arruinar cada parcela de su vida.

Por ejemplo, la verdadera adicta no pasaría un día sin adquirir un nuevo par. Imagínatela escapándose del trabajo, a la hora de la comida por el centro comercial buscando desesperadamente meterse un chute de botas de Isabel Marant y volviendo a la oficina justo cuando está limpiando la señora de la limpieza. ¿Y si su jefe la endosa un trabajo hasta última hora, cuando ya han cerrado las tiendas? ¡Qué horror! Volvería a casa encharcada en sudor, con los pies convulsionando y las manos temblorosas por el maldito síndrome de zapabstinencia… OMG!

También es muy característico de estas pacientes que almacenen en su casa zapatos de salón de Gucci, bailarinas Chanel o ¡a saber! quizá con la crisis que hay simplemente sean de la marca MaryPaz pero en cantidades ingentes. Por cierto, es una lástima no tener una vecina zapatofílica porque con la excusa de pedirle perejil, seguro que puedes birlarle sin que se entere un par de botas Hakei que son de muy buena calidad pero no tan caras como para hacerle un roto a la pobre mujer.

  Otro rasgo muy común entre las víctimas de los zapatos es esconder a cal y canto sus compras para que sus parejas o familiares no las reprendan. Esto no nos debería sorprender a las amantes de la moda. Seamos sinceras, ¿qué mujer no ha escondido alguna vez un bolso nuevo para que no la tachen de manirrota? De hecho un buen sitio para ocultar los zapatos sería el congelador (ya sabes, por eso de que si te quedan grandes encogen con el frío). Resultaría un bonito bodegón abrir la nevera y encontrarte unos peep toes acharolados del 38 junto a las croquetas de jamón La Cocinera y el tupper con sobras de cocido madrileño.

   En fin, que si pensabas que estabas loca de remate por hacer fotitos de cada par de tacones que posees, para recordar que deberías estrenarlos antes de que se acabe el verano, ya ves que las hay mucho peor que tú y que yo.  De hecho,  como medida preventiva de pirada de olla, he decidido hacerme un planning semanal con los zapatos que me voy a poner cada día. Así, cuando termine el verano, ningún 'bata blanca tocanarices', podrá reprocharme que se pueden besar las suelas de mis maravillosos taitantos pares de zapatos de la última temporada.

'Adictas a los zapatos' de Beth Harbison: todo un clásico en lectura piscinera para fashionistas sin remedio.   

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...