Celar no es de sabios

Celar no es de sabios
Viernes, 16 de Octubre del 2015     |    Por Sara Ballarín

Celar no es de sabios

Dicen que quien no ama, no cela. Dicen que quien cela es porque tiene poca confianza en sí mismo. Dicen que celar un poquito está bien, pero jamás pasar el límite de lo razonable. Dicen, dicen, pero... ¿qué son realmente los celos y para qué sirven?

Me vais a perdonar los que os auto proclamáis personas tan cero celosas que aunque vierais coquetear a Gisele Bündchen o a Henry Cavill con vuestras parejas ni os inmutaríais, pero no me trago que nunca hayáis sentido la llamada de la selva celosona. Quiero decir, todo ser humano de a pie, incluidos Gisele o Henry, hemos celado alguna vez, aunque sea un poco. Si no con las parejas (típicos celos de “a este/a le voy a sacar los ojos como no deje de arrimarse"), seguro con tus hermanos (mamá, hazme más caso a mí, que soy más «salá») o incluso con tus amigos (mi amigo/a es mío, mío, mi tesoro y ni parejas ni otros amigos me lo vais a robar. Gollum, Gollum). Vamos, que los celos son un sentimiento tan intrínseco al ser humano como el amor, la rabia o la estupidez. Y sí, un poco de los tres componentes tienen los celetes porque, aunque sea un sentimiento común, no traen nada positivo ni para el que cela ni para el celado. Porque, ¿qué son los celos? Los celos son ese temor a ser desplazado o sustituido por otra persona en una relación, sea de la índole que sea. Básicamente, vaya. Pero, ¿qué ocurre cuando este sentimiento pasa de ser algo casi anecdótico e inofensivo a ser algo patológico que genera angustia a ambas partes porque son infundados y sin motivos? Yo no soy psicóloga ni experta en el tema, pero por lo que he podido aprender en esta vida, diría que los celos vienen dados por cosas como se describen a continuación si no les ponemos soluciones. Veamos.

Apunta chiquitín, que vienen curvas.

LOS MOTIVOS

Falta de confianza.

Sí, eso para empezar. Pero no solo en la otra persona, sino también en ti mismo y es esta falta de confianza en ambas cosas lo que hace aparecer los celos sin motivo. Por ejemplo, si hablamos de celos parejiles, que son los más comunes, diríamos que cuando nosotros queremos a alguien y ese alguien nos quiere a nosotros, da igual que otras personas se aproximen a la relación porque se encontrarán con una barrera inquebrantable como es la construida de amor, respeto y lealtad. Vamos, que si a tu pareja la rondan y él/ella está bien contigo, pasará olímpicamente del ronroneo intruso y no habrá motivos para dudar ni de él/ella ni de la relación. Y si tu pareja sí hace caso a estas insinuaciones o cae en ellas, vamos si celas y desconfías con razón, es que desde luego no es la mejor pareja para ti así que cuanto más lejos, mejor. ¿Para qué quieres una pareja que te genera desconfianza? En el caso de las relaciones no parejiles, léase familiares o de "amiguis", pues es un poco lo mismo: la relación que tengáis es independiente a la que exista con otras personas y puedes ser amigo íntimo de alguien que tiene más amigos íntimos sin problemas. Vamos, que si alguien es amigo tuyo lo es por lo que tú eres, no en base a otros amigos que tenga.

Miedo al desplazamiento.

Sentirse especial para alguien que es especial para nosotros es una de las sensaciones más bonitas que existen; eso es así. Cuando queremos a alguien, nos gusta que esa persona nos quiera al mismo nivel y nos lo demuestre. Esto es humano y sano, no engloba ningún problema. El conflicto viene cuando pensamos sin razón aparente que una tercera persona va a desplazarnos y vamos a dejar de ser especiales. El miedo al rechazo, el miedo a ser como los demás y no sobresalir es lo que enciende los celos y, normalmente, nos hace intentar llamar la atención por todos los medios haciendo chorradas que cantan a leguas de distancia. Quizá deberíamos centrarnos más en pensar que si somos especiales para alguien lo seguiremos siendo, siempre y cuando no nos convirtamos en ogros posesivos que más que agradar, alejamos con ese comportamiento a quien nos quiere. Vamos, que seremos nosotros mismos los que fomentaremos ese desplazamiento como se nos vaya mucho la pinza y tal.

La dependencia.

Emocional, me refiero. Hay una línea muy marcada entre necesitar a alguien y depender de alguien, pero si para ti esa línea es casi transparente y no la ves, yo te la cuento: necesitar a alguien es lógico, sano y bonito. Todos necesitamos sentirnos queridos, arropados y apoyados por alguien a quien también damos lo mismo. Es lícito y lo que hace que las relaciones funcionen en reciprocidad. La dependencia, por contra, es la necesidad exagerada de que esa persona esté permanentemente pendiente de ti, de lo que haces, dices, sientes y, por tanto, tú haces con ella lo mismo. Que agobias, vaya. Porque las relaciones necesitan también respirar y tenemos que entender que nuestra pareja, amigos o familia no son lo único que tenemos ni nosotros somos lo único que tienen ellos. Que no debemos ser nunca el único universo para alguien, vaya, que eso es un tostón y no aporta nada positivo ni enriquece la relación.

No, si yo lo de los celos lo llevo estupendamente. A mí los celos nada.

LAS SOLUCIONES

La aceptación.

El primer paso es reconocerlo, dicen, y realmente de nada sirve decir que no eres celosón/a si luego te comportas como la tipa de «Atracción fatal» ante cualquier situación inofensiva. Lo mejor es reconocerlo: te aliviará mucho a ti mismo saber por qué te comportas así y qué hay debajo de tanta desconfianza. Quizá incluso verbalizarlo con otra persona ayude a darte cuenta de que a veces sonamos más ridículos de lo que pensamos.

La comunicación.

Si realmente crees que algo huele raruno por ahí, lo mejor siempre es hablarlo con la persona implicada. Hablar de nuestros sentimientos, mencionar nuestras sospechas y de cómo nos hacen sentir suele ser efectivo. A veces no pensamos que nuestras acciones hacen desconfiar a otras personas y quizá todo sea un mero malentendido que se convierte en una bola enorme si no se ataca a tiempo.

Aceptar que...

… a veces sí, nuestras sospechas son reales y la persona a la que queremos nos está traicionando o, si es amigo o familia, nos está desplazando sin motivo aparente. En cualquier caso, si esto ocurre, cuanto antes lo apartes de tu vida mejor porque ¿para qué quieres tú una pareja que va coqueteando de flor en flor? ¿O un amigo o familiar que te baila el agua pero luego te la juega en cuanto te das la vuelta? Si tus sospechas son ciertas y se confirman, fuera gente tóxica por la vía exprés.

Los celos fundados tienen fácil solución: bye-bye, love.

Y todo esto teniendo en cuenta que los celos son algo natural que todos hemos tenido, como dije al principio, y que tener unos poquitos celos no significa que sean algo patológico, preocupante o que vaya a tirar por tierra nuestras relaciones. Lo malo, como dije, es cuando se vuelven enfermizos y destrozan relaciones o a uno mismo. Lo importante es identificarlos y saber gestionarlos para que no pasen de un simple “hazme más casito, jope” o “yo estoy más buenorri que ese/a, ¿verdad, cari?” a algo más difícil de gestionar y que nos lleve a todo lo mencionado anteriormente. Al fin y al cabo, los celos son humanos, sí, pero no aportan nada positivo a esta nuestra humanidad.

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Este artículo lo ha escrito...

Sara Ballarín

Sara Ballarín (Huesca, 1980). Estudió Filología Inglesa y actualmente trabaja en una empresa multinacional de telecomunicaciones. Adicta a la comida basura, a los zapatos (nunca el tacón es... Saber más...