Lo último en vacaciones: vacaciones de ser tú mismo

Lo último en vacaciones: vacaciones de ser tú mismo
Lunes, 7 de Septiembre del 2015     |    Por Rebeca Rus

Lo último en vacaciones: vacaciones de ser tú mismo

Este año me he tomado unas vacaciones que no tienen nada que ver con el concepto tradicional: me he tomado unas vacaciones de mí. Hoy en Glup Glup os cuento la experiencia y os animo a probarlo. 

Jamás pensé que las mejores vacaciones de mi vida no serían en un hotel en la Toscana, o en un apartamento con vistas a la Torre Eiffel en París. o en un resort en las islas Maldivas. Jamás pensé que no incluirían servicio de habitaciones, largas sesiones de playa y toallas extra-suaves (debe haber una conspiración internacional o una mafia hotelera para que ese tipo de toallas no las podamos comprar los mortales de a pie). Es más: estas vacaciones apenas me han costado unos eurillos, me han evitado guardar colas interminables en ningún aeropuerto y me han devuelto a una “yo misma” relajada, sin ojeras y totalmente preparada para afrontar la vuelta al cole.

Sí, este año me he tomado unas vacaciones de mí misma. Sin moverme de mi barrio. Sin salir de casa. Sin hacer maletas ni sufrir jet-lag.

Los veranos son especialmente asfixiantes para los que tenemos peques en casa.

La verdad es que no sé cómo no se me había ocurrido antes. Todos los años mis suegros se quedan unos cuantos días con mis dos hijas, aprovechando que son las fiestas de su pueblo y que todavía faltan algunas semanas para que empiece el curso escolar. Y todos los años yo aprovecho esos días de libertad para hacer gestiones, ir al banco, limpiar la despensa, ordenar los papeles, darme palizas interminables arrancando los hierbajos del jardín, hacer listas interminables de “Cosas que hacer” o “Hay que comprar lo cualo” y otras sandeces como clasificar las tuercas de nuestra caja de herramientas, dar Blanco España a las juntas de los azulejos y descolgar las cortinas. Yo no soy la única que hace esto: todos los que somos padres aprovechamos que tenemos unos minutos de libertad y que no estamos al cargo de los vástagos, para intentar imponer un poco de orden en nuestro caos de vida. No nos juzguéis: no somos enfermos mentales, somos seres humanos que intentan vivir con algo de dignidad.

Y sin embargo, este año, no sé muy bien por qué, una extraña idea se empezó a hacer hueco en mi cabeza con la sutileza de un explorador atravesando la selva machete en mano. Cuanto más pensaba en ello menos sentido tenía. Y sin embargo, más me apetecía hacerlo. Lo que yo necesitaba NO era estar unos días sin mis hijas para aprovechar y hacer todo lo que tengo que hacer habitualmente. Lo que yo necesitaba era estar unos días sola para no hacer absolutamente NADA. Pero, sobre todo, para descansar de mí misma, que me tengo harta, que me asfixio con la cantidad de cosas que me impongo hacer a diario, que me caigo fatal cuando insisto en que tengo que tener la nevera limpia y me obligo a vaciarla, que no paro hasta que no doy con la pareja del calcetín desparejado y no coloco hasta la última piececita del parque de atracciones de Pin y Pon.

Necesitaba unas vacaciones de esa mujer responsable y ordenada, ese ser autoritario que dirige esta casa como si estuviera dirigiendo el cuerpo de los marines de EEUU, esa “arreglalotodo” inasequible al desaliento, esa perfeccionista autoexigente, de la Google Mum de la que ya os hablé en el artículo ¿Tú también eres una Google-mum?

Como Arnold Schwarzenegger (cómo tuvieron que sufrir los pobres padres de Arnold en la vuelta al cole poniendo su nombre en todos y cada uno de los libros y cuadernos cada principio de curso, esos sí que necesitaban vacaciones) en aquella maravillosa película de los 90, Desafío Total, necesitaba unas vacaciones fuera de lo común. Me daba igual el sitio, lo importante era desconectar de verdad y sentirme como otra persona. Darme un tiempo. Olvidarme de mí.

¡Y vaya si lo he conseguido!

Y para muestra, aquí una lista de cosas que he hecho durante estos días de vacaciones de mí misma:

1.- no he puesto ni una lavadora;

2.- no he puesto el lavavajillas ni lo he vaciado;

3.- no he limpiado ni una mota de polvo;

4.- no he cocinado;

5.- no he ordenado;

6.- no me he peleado con nadie;

7.- ni siquiera he entrado en el cuarto de mis hijas a ver si lo había asolado un tornado;

8.- no he tenido que buscar nada;

9.- no he tenido que arreglar nada ni vestir ninguna muñeca (con esa cantidad de complementos que llevan del tamaño de un microchip…),

10.- no me he preocupado del estado general de mi casa, mi plantas, mis armarios, mi despensa, mis papeles, etc.

Debería tomarme muchas vacaciones de mí misma para llegar al nivel de Peter Doherty. 

Y sin embargo, esta es una lista de todo lo que he hecho:

1.- he dormitado en el sofá;

2.- he visto “trupucientas” películas que tenía atrasadas;

3.- he comido guarrerías y picoteado entre horas;

4.- he quedado con amigas a las que hacía siglos que no veía;

5.- he pasado horas escribiendo, cuando me ha apetecido, cómo me ha apetecido, sin horarios, sin tener que dar explicaciones, sin tener que mendigar tiempos, etc.;

6.- he paseado tranquilamente por la calle, mirando a los edificios y recreándome en lo que pasaba, sin tener que estar pendiente de nadie más que yo;

7.- he visitado la peluquería y me he dejado hacer sin prisas;

8.- he entrado en las tiendas a manosear sin preocuparme de que pequeñas manos manosearan;

9.- he tenido charlas interminables por teléfono sin que nadie me interrumpa y,

10.- en definitiva, he dejado para mañana todo lo que hubiera podido hacer hoy, siendo mañana un término ambiguo, nada literal, que lo mismo significa la semana que viene o “ya, si eso”.

Como en Desafío Total podéis elegir qué personaje interpretar en vuestras vacaciones. Yo elegí "más vaga que una piedra" en vez de "agente secreto".

Vamos, que he desaprovechado totalmente toda la semana que he estado sola. O, si lo queréis ver como lo veo yo, la he aprovechado totalmente. El otro día alguien colgó en Twitter esta frase de Pablo Coelho:  

“Un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que soñabas. El momento es ahora, actúa”.

Pues bien, yo la he seguido al pie de la letra y no, no penséis que tengo un problema de comprensión lectora gravísimo. En ocasiones, nos equivocamos pensando que soñamos con hacer determinadas cosas, cuando en realidad lo que necesitamos es dejar de presionarnos y de exigirnos. A veces lo que soñamos es simplemente disfrutar de no hacer nada, de no tener objetivos, ni ambiciones, ni metas. A veces lo que soñamos es disfrutar de un rato de vaguería total... porque precisamente eso es lo que nos va a faltar en los próximos nueve meses. Así que mucho ánimo, y la próxima vez que unos abuelos se ofrezcan a quedarse unos días con los peques no os lo penséis más y tomaros unas vacaciones de vosotros mismos. Volveréis como nuevos y preparados para afrontaros al Desafío Total que es la vuelta al cole.

Rebeca Rus haciendo el check out de sus vacaciones de ella misma. 

 

Enviar por WhatsApp

Este artículo lo ha escrito...

Rebeca Rus

Rebeca Rus (Madrid, 1974) es creativa publicitaria, escritora, columnista y responsable de la sección de cocina de la Revista Cuore. Es la autora de los libros "Sabrina:1-El Mundo:0", "Sabrina... Saber más...