Los veranos de anuncio de cerveza no existen, son los padres

Los veranos de anuncio de cerveza no existen, son los padres
Viernes, 26 de Junio del 2015     |    Por Sara Ballarín

Los veranos de anuncio de cerveza no existen, son los padres

Desde hace varios años, los anuncios de cerveza nos muestran un verano lleno de amor, amistad, diversión, mar y sol que nos hacen querer consumir cebada, irnos al Mediterráneo y bajarnos todas las listas de Spotify de Love of Lesbian. Pero, ¿son estos veranos reales?

¿Os acordáis cuando Georgie Dann marcaba el comienzo del verano con su canción? ¿Qué tiempos, verdad? Canciones simples, pegadizas y bailongas a ritmo de pelazo y traje de lino blanco. Con esas letras como “La barbacoa, la barbacoa, cómo me gusta la barbecue”, el “bailemos el bimbó, que está causando sensación” o la fantástica “dale al negro una tirita porque eso tranquiliza y así puede dormir”. Aún estoy pensando en el significado real de esta estrofa... Pero a lo que vamos; que antes el verano se marcaba con una canción que escucharías hasta aborrecerla y no, no era de Pitbull ni Enrique Iglesias.

"Hola, chavalada, soy Georgie Dann y con este pelazo y esta sonrisa hice bailar a toda una generación"

Sin embargo, hoy en día esto ha quedado atrás y las canciones veraniegas las comenzamos a escuchar en Marzo, que igual en el Caribe es muy bien, pero por aquí todavía hace un frío que se jode el caco y no mola nada. Así que nosotros, que somos muy de cañitas y tapitas del bar, hemos evolucionado y ahora nos mola más que la cerveza nos anuncie el verano a bombo y platillo. Estrella Damm, Cruzcampo... son varias las marcas que nos meten anuncios tan esperados y afamados como el de Freixenet de Navidad y que nos hacen soñar con veranos idílicos, con tener un poco de Sur para ver el Norte, con enamorarnos de Anastasia Steele, digo de Dakota Johnson o con ligarnos a ese/a pedazo de jamelgo/a que se pega tres minutos haciéndote ojillos mientras se come un huevo frito con Ferran Adrià. ¿Quién no quiere un verano así? Pero esa no es la pregunta. La pregunta es... ¿quién tiene un verano así? Pues casi nadie. Por no decir que nadie. Porque veamos los elementos de estos anuncios que en realidad nunca están en nuestras vacaciones:

 

La música

Pues eso, que no es lo mismo plantearse un verano al ritmo del parapápararara de Love of Lesbian, bailando ideal de la vida con tus gafas, tu pamela y tu bronceado ibicenco que hacerlo con “qué ricos los chorizos parrilleros” sonando de fondo de la verbena de tu barrio o de tu pueblo. Cambia la cosa ¿verdad? Pero, ¿a que todo el mundo conoce “La barbacoa” y no todo el mundo la otra? Pues ya sabemos qué tipo de veranos tenemos.

Un saludo para Georgie Dann, ¡gran maestro del veraneo!

El escenario bucólico

Normalmente implica mar, que es el indicativo por excelencia del verano. Pero ¿qué pasa con todos aquellos que en lugar de irse a la playa se van a la montaña, al pueblo de sus orígenes o a hacer el Camino de Santiago? O los que se van de turismo (¡valientes!). O los que no tienen vacaciones veraniegas. Para todos aquellos que huyen de la arena y la sal, no existe un verano molón con cerveza de fondo. Ni con farolillos, lucecitas, casas rurales mega guays, sol o diversión. Tendrás mosquitos, sol que pica como un condenado en la altura de montaña, cotorras haciendo corro en las plazas del pueblo o los pies llenos de ampollas porque “caminante se hace camino al andar.” Lo siento amigo, haber elegido la playa. Porque recuerda: si no eliges playa, no molas.

Los anuncios de cerveza están bien, pero si regalaran un par de cajas por persona tendrían mejor imagen de marca

El amor

Los idilios en los anuncios de cerveza son un must y parece que, durante medio verano, la pareja protagonista juega al tira y afloja hasta que, al final, se lían bajo el resplandeciente cielo que tiñe de azul el mar o en el calor de la noche escuchando al grupo molón de fondo rodeados de farolillos (los farolillos son muy importantes, sabedlo). Qué bonito, el amor de verano. Qué poco mostrar las parejas que se van de vacaciones y no saben de qué hablar, las que discuten, las familias con niños que hacen que sus padres no puedan descansar, los gritos de la suegra cuando ve al nieto bañarse sin haber hecho veinte horas de digestión, las que se han quemado a lo langostino y no pueden ni andar... El verano, vaya.

Ale, un besito a final de Agosto y que te aguante en invierno tu madre

La playa

Que digo yo, ¿en estos anuncios no hay gente en las playas nunca? Porque yo es ir a cualquier costa en Julio o Agosto y no poder poner un mísero pie a menos de un kilómetro de la orilla. En los anuncios no hay turismo masivo, parece ser. Ni gente que se pega por poner una sombrilla que luego se va volando cayendo directamente encima de tu siesta playera, ni gente que grita todo lo que han traído para comer, ni gente jugando a las palas y dándote en un ojo, ni gente que al pasar por tu lado te llena la toalla de arena. Nada, siempre están vacías. Qué suerte, chica. ¿Pasarán al menos a vender “agua-refresco-melon-watermelon”?, me pregunto yo.

 

Los cuerpos

De anuncio claro. Eso era de esperar. Todos esculpidos, atléticos, bellos, delgados, inmaculados. Con pelazos que no se resquebrajan al sol ni se embadurnan de arena y sal. Ellas tienen las ondas beach geniales y el común de los mortales tenemos el pelo crespado con el agua. No es justo. ¿Dónde están los cuerpos de carne y hueso en los anuncios? ¿Si bebes cerveza tienes un cuerpo 10? Oigan, pues por probar... ¡Una caña, jefe!

Aquí la realidad de la playa: gente hasta bajo la arena con cuerpos de carne, hueso y protección solar

Vamos, que está claro que los veranos cerveceros no existen, son los padres. Yo haría como Mecano en su Hawaii-Bombay y me montaría el paraíso en mi piso, con los chorizos parrilleros de Georgie Dann sonando de fondo, con un pamelón mega grande y gafas de sol más enormes aún bajo el flexo que enciendo encima de sofá, a modo de sol estival, y le diría a mi churri que se deje estar de cortejos veraniegos, me haga unos huevos fritos con chistorrra y me alcance una cervecita de la nevera, que eso sí es amor del bueno.

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Este artículo lo ha escrito...

Sara Ballarín

Sara Ballarín (Huesca, 1980). Estudió Filología Inglesa y actualmente trabaja en una empresa multinacional de telecomunicaciones. Adicta a la comida basura, a los zapatos (nunca el tacón es... Saber más...