No quiero ir al cole

Miércoles, 27 de Agosto del 2014     |    Por Rebeca Rus

No quiero ir al cole

Septiembre es el mes más duro del año. Volvemos al trabajo, a las actividades extra-escolares, a la dieta y a llenar nuestras agendas con aburridas obligaciones. En Glup Glup estamos a favor de que alguien invente una vacuna para superarlo en condiciones.  O de tomarnos las cosas como un poco de calma.

No soy ni la primera ni la última que considera que el Año Nuevo debería ser en septiembre, el mes en el que la Buena Vida a la que tan fácilmente nos hemos acostumbrado durante los meses de verano (jornada intensiva, siesta, cañitas, piscina, mirar al socorrista, jornada intensiva, mirar de nuevo al socorrista, pásame los panchitos) se corta de raíz para ser sustituida por el Rollo de Vida (jornada completa, reuniones, madrugones, cerveza SIN, carreras, gastos a tutiplén, siete piezas diarias de fruta y verdura y una gran ración de rutina). Es más, creo que los propósitos de Año Nuevo no tienen ningún sentido en enero, cuando la diferencia entre el “antes” y el “después” no es tan dramática. No, no, no. Ya que vas a sufrir sí o sí, por imperativo legal o social, lo más razonable sería pasar el mal rato de golpe y plantearse todas aquellas cosas que queremos cambiar en septiembre, en una especie de Sacrificio Máximo Supremo (a no ser que tus propósitos de Año Nuevo se parezcan a los que yo planteé aquí, en cuyo caso no tendrás que agobiarte demasiado). Pero, claro, ¿quién tiene la suficiente fuerza de voluntad como para dar un cambio tan radical en su vida sin que haya una razón de peso que realmente nos obligue a hacerlo (estoy pensando en un Apocalipsis Zombie o algo así de radical)?

Si alguien escribiera una "Guía de Supervivencia para el mes de septiembre" se forraba fijo.

Yo, desde luego, no soy tan, tan, tan razonable. Ni creo que vosotros ( y si lo fuerais, no estaríais aquí, leyendo una revista tan poco razonable como esta).

Supongo que la razón es que todos somos seres humanos con nuestros defectos, nuestras debilidades y nuestras ganas de mandarlo todo a freír espárragos a la mínima de cambio. Por mucho que haya una voz en nuestro interior diciéndonos a grito pelado que la lógica dicta que merece la pena aprovechar el inmenso esfuerzo que supone volver a la rutina para hacer todos los cambios de golpe, yo me resisto a abandonar los supuestos malos hábitos a los que tanto me he aficionado este verano. O, por lo menos, a hacerlo todo de golpe. Sobre todo porque ¿qué clase de ejemplo le estaría dando a mis hijas si me vieran llorar cada vez que ponen por la tele el anuncio de la Vuelta al cole de El Corte Inglés?  ¿Si me vieran suspirar de pena frente a ese plato de ensalada aliñado con una cucharada de aceite acalórico? ¿Si me escucharan mientras llamo a escondidas al Teléfono de Asistencia Psicológica para Empleados A Los Que Se Les Ha Acabado La Jornada Intensiva?

Que se haya acabado la jornada intensiva en tu oficina no es una razón de peso para que renuncies de golpe a los buenos hábitos veraniegos.

Tengo que hacer de tripas corazón y adoptar una postura positiva al mes de septiembre. Así que este año he decidido que me voy a tomar las cosas con calma. Sí, voy a hacer cambios, pero a mi manera ( y si es posible, impostando la voz e imitando a Frank Sinatra):

1) En vez de ponerme a dieta voy a ser muy buena el 80% del tiempo. El restante haré lo que me dé la gana y aprovecharé hasta que la tienda de helados artesanales de mi barrio eche el cierre por Fin de Temporada.

2) En vez de salir del trabajo y meterme de cabeza en el transporte público aprovecharé que todavía los días son largos para volver andando a casa. Y ya de paso, retrasaré la vuelta al gimnasio.

3) Moveré cielo y tierra para seguir quedando con mis amigos, para estar al aire libre más tiempo y hacer todas las cosas típicas de verano (y no todo se reducirá a ponerme fina a gazpacho y a jugar partidas interminables de mus).

4) Intentaré no pensar en lo que he hecho este verano, recordarlo con amargura, idealizarlo o montarme absurdas fantasías en mi cabeza.

Tus fantasías te engañan. En realidad, la playa estaba petada, en vez de globos llevabas encima la sombrilla, el cubo, la pala, una fiambrera y dos niños pequeños y no saltas tan alto desde 2º de B.U.P.

5) Y por último, intentaré reírme un montón, ya sea con mis amigas, mis hijas, mi chico, leyendo un buen libro, viendo más cine o escribiendo todas las chorradas que se me pasan por la cabeza aquí. 
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Este artículo lo ha escrito...

Rebeca Rus

Rebeca Rus (Madrid, 1974) es creativa publicitaria, escritora, columnista y responsable de la sección de cocina de la Revista Cuore. Es la autora de los libros "Sabrina:1-El Mundo:0", "Sabrina... Saber más...