El arte de meter tripa en la playa

El arte de meter la tripa
Domingo, 14 de Junio del 2015     |    Por Alexandra Manzanares

El arte de meter tripa en la playa

Los kilos de más siempre han sido una obsesión. En fin de año todas enarbolamos la mano como Escarlata OʹHara en Lo que el viento se llevó y decimos que “a Dios ponemos como testigo de que este año cumpliremos nuestro propósito de perder peso”. Una matrícula del gimnasio perdida, bastantes cocidos de tu abuela, dosis extra de chocolate (comiéndolo a escondidas como si estuvieras cometiendo un crimen) y unas cervecitas en una terraza después, te plantas en junio con el mismo y molesto michelín al que te gustaría cortar con un cuchillo jamonero y asunto solucionado. Pero eso sería una carnicería, ¿no? Hay otro método más eficaz, común y menos gore: el arte de meter tripa.

Hace poco leía un artículo masculino que hablaba del mismo tema, para que veamos que a ellos también les preocupa esa carne fofa que cuelga en libertad para nuestra desesperación. Pero su solución era más simple y estaba concentrada en cierta parte de la anatomía humana localizada en la entrepierna. El periodista, bastante guasón, decía que tenían que irse a playas nudistas y punto. Así, si tenían un micropene, la gente les tendría lástima y, como mucho, se reirían susurrando un “¿habías visto alguna vez uno tan diminuto?”; y si el pene fuera más grande del tamaño común, lograrían una ovación por parte de las mujeres, que estarían demasiado emocionadas para fijarse en algo más, y si el pene era normal, proponía el sutil arte de la erección para despistar. Sencillo y eficaz para desviar la atención.

METER TRIPA

Sea como sea —añadía—, si eres mujer, enseñes teta, culo o lo que sea, la barriga pasará a un segundo plano. Aunque, claro, no a todas nos gusta llevar nuestras virtudes al aire; pero no hay que preocuparse, existen otros métodos. El primero es meter tripa. Rudimentario, típico, que sirve para dar el pego y esconder momentáneamente el pastel. Sin más. Aspirar y no soltar el aire hasta que notes que comienzas a sufrir un leve mareo o tus amigas te digan que te estás poniendo roja. Si eso sucede: ¡¡PELIGRO‼

MANITAS A LA BARRIGUITA

Ponerte una jarra de cerveza por delante parece la solución definitiva, pero a largo plazo no funciona tan bien como parece.

Las manos son un instrumento muy bueno para estos casos. En concreto, manitas a la barriguita consiste en situarlas sobre el abdomen de manera cruzada para ocultar lo que hay debajo de ellas. Si cargas una buena delantera, también puedes hacerlo bajo los pechos y ya de paso te dejas un escote que ni el mejor corsé. El único problema que te encuentras es que cuando tu piel entre en contacto con la arena, que suele arder como si estuvieses en el mismísimo infierno, sientes la tentación de levantarlas por el impulso e ir dando saltitos a la playa, cagándote por no haber sido como esos abuelos que han ido a las siete a colocar la sombrilla y están en primera línea mientras tú tratabas de sobrevivir a las copas de la noche anterior.

Cultivar el arte de disimular la tripa está a la altura de otros como enseñar los dientes, dientes.

Las manos son un instrumento muy bueno para estos casos. En concreto, manitas a la barriguita consiste en situarlas sobre el abdomen de manera cruzada para ocultar lo que hay debajo de ellas. Si cargas una buena delantera, también puedes hacerlo bajo los pechos y ya de paso te dejas un escote que ni el mejor corsé. El único problema que te encuentras es que cuando tu piel entre en contacto con la arena, que suele arder como si estuvieses en el mismísimo infierno, sientes la tentación de levantarlas por el impulso e ir dando saltitos a la playa, cagándote por no haber sido como esos abuelos que han ido a las siete a colocar la sombrilla y están en primera línea mientras tú tratabas de sobrevivir a las copas de la noche anterior.

TUMBADA BOCA ABAJO

Si una avestruz puede meter la cabeza en un hueco en el suelo imagina lo que puedes hacer tú.

Si no se ve de frente, no existe. Esa es la mentalidad que hay que tener para decidir ocultar la carnaza con tu cuerpo tomando el sol de espaldas. Las lorzas que sobresalen por los lados son solo problemas colaterales que se asumen. Mejor que se vea una porción de tarta que no esta al completo. Punto negativo: tendrás un precioso bronceado por la parte trasera, pero parecerá que te has bañado en leche por la delantera.

EL BIQUINI-FAJA

Un biquini más o menos así. No será sexy, pero atrapará todos los kilos de más bajo su tela.

Este es el mejor. No lo podéis negar. El placer de ir a una tienda y comprarte el sustitutivo de la braga-faja, pero en biquini. Una prenda que te cubre hasta el ombligo, manteniendo a raya esas chichas que no quieres que vean la luz del sol. Serás la Bridget Jones de la playa o la piscina y, pensándolo bien, a ella tampoco le va muy mal en el libro, ¿dónde está mi Darcy? ¿Dónde?


Estos son solo algunos de los trucos, aunque si meditamos, ¿cuántos cuerpos perfectos nos llaman la atención en un día de playa? Diez a lo sumo, y estás de enhorabuena, lo que significa que si hay una media de doscientas personas apiñadas, y mis cálculos no me fallan, más del 90 por ciento de personas se encuentran exactamente como nosotras: metiendo la tripa. ¿Entonces, no sería mejor opción que nuestras barrigas estuviesen en libertad y nos dejásemos de estrategias para centrarnos en disfrutar?

 

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Este artículo lo ha escrito...

Alexandra Manzanares

Alexandra Roma o Alexandra Manzanares Pérez (Madrid, 1987) es un periodista, guionista, directora de cine, escritora y, gracias a Glup Glup, columnista, ¿se comprende por qué necesita una doble... Saber más...