Especial rebajas 2: técnicas de guerrilla

Por Anita C.

Especial rebajas 2: técnicas de guerrilla

Hace unos días te contamos cómo comprar sin necesidad de arruinar tus arcas. Ahora es el momento de enseñarte todo tipo de juegos sucios para que ninguna de tus contrincantes te arrebaten, ante tus narices, esa prenda por la que tanto suspirabas. 

¿Estás decidida a ir de rebajas? ¿Has pensado en todas las vicisitudes y contratiempos a los que te tendrás que enfrentar? Codazos por ser la primera en entrar en un probador; horas y horas de espera para que te cobren en la caja; salvajes que tiran de un extremo de una prenda y tú de otro con tal de quitártela en toda tu jeta... Si estás dispuestas a participar en la guerra de las rebajas, conviértete en toda una kamikaze de la moda.

En el amor y en las rebajas todo vale

- Cuando entres en una tienda, abre tus sentidos como si fueras un radar capaz de rastrear el caballete de las camisetas, el de los pantalones, dónde está el de los vestidos y por supuesto, el de los accesorios y zapatos. ¡Ojo! Intentarán distraerte con secciones de la nueva colección, con prendas y estampados nuevos pensados estrategicamente para captar tu atención. Resite. Aléjate de ellos o caerás en la trampa.

- En el campo de batalla, el tiempo de reacción es fundamental: no te entretengas en doblar una camiseta que has descolocado ni recoger el zapato que te has probado. En cuanto que veas un artículo que te gusta, lánzate a por él como si fueras un ninja. Recuerda que en cada esquina está escondida la típica gocha-compradora capaz de almacenar kilos de ropa en sus brazos (o en las alforjas).

- Normalmente nos entretenemos demasiado cuando compramos zapatos (¿me harán daño? ¿me piñaré en cuanto ponga un pie en la calle con semejantes cuñas?) No le des más vueltas: in situ, cálzate el derecho (aunque el izquierdo lo lleves a rastras porque va anudado a su compañero) y sigue comprando por la tienda con él puesto. Es la mejor forma de saber si son cómodos y no desperdiciarás tu tiempo para seguir quemando la tarjeta.


Para conseguir el título de Experta en montoneras hazte 'la ruta del merkaillo': Fuenla-Majadahonda (Madrid), Santa Pola y Torrevieja (Alicante), La Manga (Murcia) y de ahí, a Las Dalias (Ibiza).

- Si ves un caballete repleto del mismo modelo de prenda, no te llenes de ilusión pensando que vas a encontrar tu talla. Al contrario, desconfía: ¿por qué no se ha vendido apenas nada de esa prenda? ¿es qué no se lleva? ¿será que el diseño o corte sienta de pena?

- Imagina que has descubierto el vestido de tus sueños, pero otra compradora tiene la talla que necesitas en sus manos pensando si quedárselo o no. Pues bien, aquí la más inteligente gana. Si la miras esperando que lo suelte de una puñetera vez,  tu rival será consciente de que ha hecho una gran elección y no lo devolverá a su percha. Pero si frunces el ceño cuando miras la prenda o le comentas a tu amiga que ese vestido lo tiene una compañera y la hace gordísima (puedes aderezarlo con un despectivo ‘buff, que horror’), abandonará esa joyita ipso facto. Otra opción es que la vayas persiguiendo por la tienda e incluso te metas en su probador, pero créeme: no mola nada y puedes terminar detenida por el seguridad. Y por si no lo sabes ya te lo confirmo yo: el cuartito de los seguratas no tiene buena ventilación.

- Cuando te encuentras con la típica montonera de ropa en las rebajas: ya sabes, esa montaña de ropa revuelta sobre una mesa muy mona. Ahí la experiencia en mercadillos de barrio es un grado. No pierdas el tiempo en coger las prendas de arriba porque normalmente son las que todo el mundo manosea y descarta. Tú directamente mete la mano en la base de la montaña y arrastra. ¿Qué vas a liar un sin dios en la tienda? Eso tenlo claro. ¿Qué las dependientas van a echar chispas por los ojos? Espero que hayas sido amable con ellas en tiempos de paz, cuando comprabas fuera de rebajas y doblabas la ropa después de ojearla y les dabas cháchara. (¡Hay que tener amigos hasta en el infierno!).

- De repente tienes un combate cuerpo a cuerpo con otra shopper loca: ella coge un extremo de un vestido justo cuando tu estás tirando de la manga. Antes de reaccionar, evalúa a tu contrincante. Si tiene menos estilo que Rihanna en sus mejores días, deserta. No merece la pena que forcejees por una prenda que te va a recordar el resto de tu vida que compartes gustos con semejante hortera de bolera. En el caso de que la ‘otra’ esté en tu mismo nivel de competencias y sea un contrincante justo, demuestra tu clase. Nada de juegos sucios, patadas en la espinilla ni pellizcos. Simplemente grita "¡socorro, una cucaracha!" Échate la mano que no sujeta el vestido a la boca y cuando esté bien pringada de labial rojo, haz como si quisieras retira al asqueroso bicho. Es obvio que has manchado la prenda pero tampoco ibas a mearla para marcar tu territorio ¿no?

- Y la última y más agotadora de las batallas: esperar las colas de las cajas. Aquí suele funcionar lo de engañar a tu chico y nada más entrar en la tienda, colocarle en la fila para que te guarde el sitio mientras tu rastreas. En el caso de que no cuele, siempre viene bien tirar del amigo paga-fantas. Muchas madres recurren a sus hijos pequeños dejándoles que guarden el puesto en la fila. Yo estoy en contra de la explotación infantil pero si te parece una buena idea...

Al menos, cuando cierren el centro comercial no te olvides de que dejaste a tu pequeño jugando a la tablet en la caja del H&M.  

¡Felices compras! Nos vemos en las trincheras. 

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...