Mi experiencia con un huerto urbano

Miércoles, 23 de Octubre del 2013     |    Por Rebeca Rus

Mi experiencia con un huerto urbano

Los huertos urbanos se han convertido en el colmo de la modernez hoy en día. Quién tiene un huerto tiene un tesoro… o al menos, dos tomates y un calabacín que llevarse a la boca esta semana. Y encima mola, mola mucho. ¿O no?

El autoconsumo está más de moda que nunca y es muy hipster. Si tienes una terraza o algún lugar para cultivar tus propias frutas y verduras es muy fácil que cedas a la tentación de ponerte a sembrar y dejar que la Naturaleza siga su curso. Pero la realidad es que hacerse con un huerto propio y conseguir que produzca algo decente requiere más trabajo y dedicación que unas oposiciones a Notario.

Ventajas de tener tu propio huerto: no hay que quitarle el polvo ni llevarlo al tinte.

Lo primero que hay que hacer para tener tu cosecha particular es acercarte a la floristería o vivero más cercano  a comprar semillas al tun tun y cargar con sacos de tierra. Dichos sacos tienen la particularidad de que se miden por litros, lo que no tiene ningún sentido pero te hacen pensar que pesan mucho menos de lo que pesan en realidad.  

Pros: es una clase de conocimiento del medio estupenda para ti y/o para tus hijos.

Contras: el nombre técnico es luxación de espalda.

La segunda fase del proceso requiere, como mínimo, tener las habilidades del gran estratega militar Sun Tzu. Y es que para sembrar tu huerto urbano tendrás que analizar la superficie de la que dispones al milímetro, las horas de sol que dan en cada rincón, la velocidad del viento, los ángulos de vista que tienen tus vecinos de tu terraza (por si quieres experimentar con plantas “diferentes”)… Tendrás que sentarte a hacer esquemas y pensar muy bien dónde plantas cada cosa si no quieres que aquello acabe siendo un desierto de plantas quemadas y/o muertas por congelación o por encharcamiento excesivo.

Pros: Tendrás que lápices de colores para dibujar tu mapa rollo Risk. Súper diver.

Contras: Puedes, como Napoleón, encontrarte con tu Waterloo particular.

La tercera parte es ponerse manos a la obra. Es decir, rellenar las macetas con la tierra, ponerle unas semillitas, regar un poquito y colocarla en el lugar que has destinado para ella.

Pros: La tierra es buena, es exfoliante, los pediatras recomiendan que los niños coman tierra porque tiene bichitos que son buenos para el estómago...

Contras: Acabas de tirar a la basura los diez euros que te dejaste en esa manicura. Tu terraza se ha convertido en un barrizal. Tú eres la encargada de limpiarlo.

En teoría ya deberías tener tu huerto urbano listo para producir tomates que sepan a tomates de verdad y lechugas libres de insecticidas. Pero en la práctica aún nos queda mucho camino por recorrer si queremos que de ahí salga algo comestible. Y muchos factores a tener en cuenta:

EL AGUA. Da igual que compres el sistema más sofisticado de riego automático del mercado: a tus plantas siempre les faltará o les sobrará agua, dependiendo de la estación, del momento del día, del tamaño de la maceta o de las ganas que tengan de tocarte las narices. Regarlas adecuadamente se convertirá en una tarea a tiempo completo (algunas necesitan que les rieguen a una hora determinada, otras un determinado número de veces al día, etc.).

LOS BICHOS. Tienes un huerto porque quieres comer fruta y verdura sana pero la triste realidad es que la mitad de las plantas tienen mosca blanca y el resto pulgón o una cosa asquerosa que se llama cochinilla algodonera (pariente lejano del tal Alien). Traducción: tendrás que fumigar constantemente y no podrás comerte nada de lo que cultives hasta que no se pase el periodo de cuarentena de los insecticidas. En mi caso llevo seis meses sin catar nada.

LA PODA. Si cultivas tus plantas en macetas tendrás que hacer una poda controlada de vez en cuando para que aquello no se vaya de madre. Si la cosa va bien y tus plantas comienzan a crecer salvajemente podarlas te dará más trabajo que depilar a La Pantoja. Si la cosa va mal mejor que aproveches la poda para empezar de nuevo todo el proceso.

Por si todo esto no fuera poco también tendrás que tener en cuenta que habrá que abonar a tus plantas (si tienes bebés en casa te puedes plantear fabricar tu propio compost), transplantarlas cuando ya no entren en su maceta, recolectar, volver a sembrar, etc.

Siguiendo estas instrucciones conseguirás con mucho trabajo una producción propia de productos frescos para tu familia. En mi caso el resultado han sido dos mini-limones con los que nos hicimos un gin-tonic el otro día. Ah, y se te ocurre en algún momento que sea la Naturaleza la que siga su curso ten por seguro que el resultado es lo que se conoce como Malas Hierbas.

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Este artículo lo ha escrito...

Rebeca Rus

Rebeca Rus (Madrid, 1974) es creativa publicitaria, escritora, columnista y responsable de la sección de cocina de la Revista Cuore. Es la autora de los libros "Sabrina:1-El Mundo:0", "Sabrina... Saber más...