Vacaciones de las vacaciones, ¿soy la única que las necesita?

Vacaciones de las vacaciones, ¿soy la única que las necesita?
Lunes, 14 de Septiembre del 2015     |    Por Alexandra Manzanares

Vacaciones de las vacaciones, ¿soy la única que las necesita?

Septiembre ha llegado. Los niños vuelven al colegio y los adultos a la rutina. Todo ello después de unas vacaciones que, se supone, nos han servido para recargar energía y empezar con fuerza el nuevo año laboral, ¿soy la única que ha regresado más cansada de lo que se fue?

¿Qué son las vacaciones? Los minutos antes de que el reloj de la oficina marque la hora para que todos podamos huir en manada y marcharnos a nuestro destino lo tenemos claro: descanso, confort, relajación y días para recargar las pilas después de un año laboral. Mientras las manecillas del reloj se mueven más despacio de lo que desearíamos, tenemos el tiempo suficiente para proyectar en nuestra imaginación nuestra propia imagen sentadas, ya sea en una tumbona de la playa o en el sofá de nuestra casa, leyendo un buen libro, viendo la televisión o tomando un mojito sin mayor preocupación que sorber la pajita con la suficiente maña para que no nos entre hielo o azúcar. Todo muy alejado de la realidad que luego vivimos.

Empiezan las vacaciones, ¡comienza la estampida en la que nos sentimos como Simba en el Rey León!

El estrés comienza en el mero segundo en el que nos podemos largar de la oficina y se produce esa especie de estampida animal, ya sea por el ascensor, las escaleras o, si es un bajo, puede que incluso por las ventanas, de los trabajadores. Ríete tú del primer día de rebajas y los codazos para llegar la primera a por ese vestido que tiene un sesenta por ciento de descuento y todas queremos porque se lo hemos visto puesto, yo que sé, a Paula Echevarría, a comparación del terremoto de pisadas que se produce en el edificio, que como mínimo podría entrar en la escala Richter.

Cuando logro cerrar la maleta me siento algo así como una superheroína.

Una vez en casa continúa una Odisea que no podría superar ni el propio Ulises: Hacer las maletas. No debería tener mayor complicación, pero el tiempo se ha vuelto loco o lo hemos hecho nosotras. Por ello, da igual el destino, siempre hay que llevar prendas de verano, chaquetas finas por si refresca, de vestir, de sport, casual e incluso algún que otro conjunto por si el Murphy se alía en contra de nosotras y decide que llueva día sí y día también en agosto.

Los atascos duran tanto que a veces te sientes como si estuvieras haciendo un peregrinaje bíblico.

Una vez hemos superado el puzzle en el que se convierte el maletero y poder encajar todos los enseres de la familia llega la primera prueba que pone al límite nuestra paciencia, sobretodo si, como yo, vives en Madrid, esa gran ciudad que sus ciudadanos abandonan a su suerte, o a la de los ladrones que hacen, nunca mejor dicho, su agosto, para peregrinar de manera religiosa a la costa o los pueblos. Todo el mundo hemos sufrido la tortura a la que me estoy refiriendo: Caravana. Horas y horas parados en la carretera hasta el punto de que te da tiempo a conocer a los pasajeros de los coches que te rodean.

Llegas a tu destino y… ¡Toca deshacerlas! Ahí debería empezar nuestro paraíso particular en el que el único esfuerzo físico es rascarnos el ombligo y el mental fuera, como mucho, no decidirte entre una ración de pescadito frito o calamares en el chiringuito de turno. Pero eso nunca es cierto. Si tienes niños, esos días de relax se traducen en vigilarles, lograr que estén entretenidos todo el día y, cuando dispones de unos segundos libres porque están en la cama, tomarte unas cervezas en la terraza a hurtadillas para no despertarles con cuidado de no pasarte con el alcohol y sufrir al día siguiente una resaca criminal que te tenga de mal humor todo el día mientras ellos berrean.

Te imaginabas tomando un coctail elegante en un pub con glamour y esto es lo que haces cuando tienes un segundo libre.

El problema no varía si careces de esto. Si tu edad está comprendida entre los 16 y los 30 años, puede que ahora que los 30 son los nuevos 20 un poco más, tampoco te librarás del agotamiento vacaciones con la absurda teoría de que cualquier segundo que pases sin hacer nada en verano es tiempo perdido. Tal vez duermas un poco más, pero porque la noche anterior te habrás corrido una juerga de campeonato de esas en la que haces más ejercicio en cuatro horas que en todo el año laboral al completo.

En mi caso todavía es peor. Las fiestas de mi pueblo terminan justo el 31 de agosto. De esta manera, paso de estar el sábado a las nueve de la mañana (sí, soy un poco Pocholo) suplicando en la barra de la verbena para que me den a mí el último bocata de panceta para lograr reactivarme a estar al día siguiente en la oficina a esa misma hora con unas ojeras que me llegan hasta el suelo porque con el cambio horario (en las vacaciones soy como los vampiros que viven de noche y se esconden en sus tumbas al amanecer), que es peor que el jet lag, no he pegado ojo.

Imagen grafica de nosotras el primer día que suena el despertador para volver al trabajo. No hay más que hablar.

 

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Este artículo lo ha escrito...

Alexandra Manzanares

Alexandra Roma o Alexandra Manzanares Pérez (Madrid, 1987) es un periodista, guionista, directora de cine, escritora y, gracias a Glup Glup, columnista, ¿se comprende por qué necesita una doble... Saber más...