Los juegos de madre 1: el parque... ¡EN LLAMAS!

Por Anita C.

Los juegos de madre 1: el parque... ¡EN LLAMAS!

En el mundo de la maternidad hay mucha competencia. Algunas madres luchan, sin escrúpulos, por ser las mejores, subir al pódium y colgarse la medalla, aunque a su paso dejen un reguero de cadáveres. En glup-glup te damos armas para que puedas salir psicológicamente ilesa en cada una de esas batallas. (Nota: caballeros, este es el artículo que estabais deseando leer).

Dos de mis hobbies favoritos, cuando estoy en el parque con mis hijos, es ver cómo interactúan los grupos de niños y las niñas y a su vez, escuchar las conversaciones de las mamás. No parece nada interesante, pero creedme cuando os digo que es un pequeño microsistema, que representa  la esencia de conductas y situaciones que luego se repiten en otras áreas de la vida adulta.

 

 Niños versus niñas

Cuando observo a los niños, claramente veo que su juego es mucho más dinámico y a simple vista más competitivo que el de las niñas: como si estuvieran midiendo su fuerza y habilidad física continuamente. Hacen carreras para comprobar quién llega antes, quién mete más goles, o cual de ellos tiene el pipí más potente, capaz de regar las hojas de los árboles. Si tienen un conflicto, tampoco  pierden mucho tiempo en hablarlo. La forma más rápida de solucionarlo es a base de empujones, patadas e insultos terroríficos. Eso sí, una vez que una de las madres pone orden y se ejecutan los castigos pertinentes, vuelven a jugar juntos como si nada hubiera pasado.

En cuanto a las niñas, la primera diferencia que salta a la vista es que su grupo de compañeras de juego suele ser más reducido que el de ellos (como mucho, son tres miembros). El juego de las chicas suele ser más tranquilo, menos violento y en la mayoría de los casos más creativo. También parecen ser más colaborativas interactuando, sin signos de competitividad. Hasta que llega una llorando al banco donde está su madre porque Pepita y Fulanita, no la hacen caso. La adulta habla con ellas hasta que cree haberlo solucionado pero, a los diez minutos; llega Pepita y por supuesto, llorando más fuerte. Con lágrimas en los ojos explica que Fulanita y Juanita, ya sabes, la que abrió la veda en el mundo del llanto, se burlan de ella porque ha hecho el peor pastel de arena de la historia del barrio. Hablas con Fulanita y Juanita y te aseguran que Pepita es una vil mentirosa. Si las mamás no las creen, ponen su mejor cara de ángel mientras desenmascaran a Pepita: “Lleva toda la tarde llamándonos feas porque (ojo al dato) nos ordenó hace días que  TODAS deberíamos llevar falda para ir al parque y si no, dejaría de ser nuestra amiga”. Ya ves, aquello que parecía una bobada de niñas no deja de ser un chantaje emocional en toda regla.

¿Conclusión?  Las niñas también compiten entre ellas: yo soy más guapa y hago mi pastel de arena mejor que tú y como no hagas lo que yo digo, te quedas sola sin el resto de amigas. Quizá no utilizan la fuerza física pero sí estrategias psicológicas que pueden hacer tanto o más daño que una patada en la espinilla.

Cuando conozcas a la amiga de tu hija, asegúrate de que no es una adulta en el cuerpo de una niña. Podría dejar secuelas a tu peque de por vida.

La materno-guerra fría

Esta especie de guerra sucia también sucede muchas veces entre las madres. En sus tardes de parque, generalmente los temas a tratar siempre giran en torno a los niños, el colegio o el marido. La dinámica del grupo también suele llevar el mismo patrón: está la mami neurótica, un tanto amargada, que no se lleva muy bien con su rol de madre y está hasta el moño del escaqueado de su marido; la madre de todas las madres que no deja de dar consejos al resto; la sufridora, que le llegan las ojeras hasta los tobillos pero sigue afirmando que está encantada de cuidar a su familia a tiempo completo y está: la desadaptada, una especie de nerd de instituto, que se pregunta una y otra vez que hace allí plantada, escuchando una y otra vez lo mismo, en lugar de tumbarse en el banco a tomar el sol mientras lee el último libro del Diario de Bridget Jones. Esta última suelo ser yo (un inciso: no me atrevo a leerlo por miedo a que se me caiga el mito y descubrir que Helen Fielding lo ha escrito simplemente porque se ha quedado sin pasta). 

Pero volviendo al tema. Estas tertulias de parque podrían ser muy terapéuticas, como las sesiones de alcohólicos anónimos, pero nada que ver. A veces la sensación que una tiene es que está presenciando un verdadero combate de boxeo psicológico:

-Señoras y señores, hoy comienza el vigésimo noveno centenario de los juegos de Madre. Por un lado tenemos a una joven promesa del boxeo, la mami neurótica,  que se enfrentará a dos veteranas: mami sufridora y a la madre de todas las madres.

Y el público rompe en aplausos, silbidos y aclamaciones mientras comienza el primer asalto.

-No sé qué hago mal. No paro en todo el día y al final, siempre tengo la frustrante sensación que no hago nada. Incluso mi marido se ha quejado de que últimamente nuestra casa parecía el estado de Luisiana después del Katrina –se lamenta entre sollozos la mami novata nada más entrar al ring de combate sin apenas colocarse bien los guantes.

En ese instante, sube al cuadrilátero la madre de todas las madres. Al público se le ponen los pelos de punta al ver cómo lanza su mejor derechazo a la pobre principiante:

- Eso te pasa porque no te organizas bien y no te haces respetar nada… Enseña a tus hijos a que antes de sacar un juguete hay que guardar y a tu marido, exígele que arrime el hombro.

- ¡Qué duro pelea esta mujer, señoras! –explica el locutor- Básicamente la ha llamado: desorganizada, que no sabe educar a sus hijos y que es una esposa blandengue. Pero ahí no queda todo porque, atención espectadores,  ¡ATENCIÓNNNNN!  La sufridora, que parece un peso pluma pero tiene un revés alucinante, rápidamente se lanza al ring.

- Bueno, no es para tanto. A mí es que me encanta limpiar… A veces me voy a la cama a la dos de la madrugada porque no puedo dormir si dejo la casa sin recoger y de verdad, chicas, que no me importa hacerlo: con tal de que mi pareja y mis niños sean felices me da igual si no duermo, no como, no me pinto las uñas… Ellos son lo primero.

¡¡¡¡Uuuuuh!!!! se escuchan los abucheos del público.

 - Público ¿qué os parece el combo que se ha marcado la mami sufridora? –anima el locutor para seguir haciendo sangre - a la súper madre le ha sacudido una patada en el trasero haciéndola sentir que es la madre menos sacrificada de la historia de las madres y a la estresada, la ha rematado con un KO dándola a entender que es una perezosa con poco talante para el arte de la limpieza. Pero, pero… ¿qué ven mis ojos? Atentos, atentos: la pelea no termina ahí porque la madre sabionda retorcida en dolor acaba de ponerse en pie en el cuadrilátero. Sí, sí ¡¡señores!!!

-¡Qué gracia! Me recuerdas a una amiga de mi madre que una vez que sus hijos se independizaron,  tuvo tal síndrome del nido vacío que su marido la abandonó! – con este golpe bajo deja doblada en el suelo a su contrincante.

 Un sonoro ¡auch! se escucha entre el público femenino del parque, mientras el árbitro comienza con el conteo, moviendo su brazo enérgicamente, hasta que comprueba que ninguna de las participantes es capaz de ponerse en pie.

Fin del primer asalto.

 

Si te estás preguntando qué hace la madre nerd mientras tanto…

En el caso de que le hubieran pedido su opinión, que no fue así, probablemente les explicaría:

- el significado de la empatía: a veces ponerte en el lugar de la otra madre y comprenderla, la puede ayudar más que darle consejos que nos pueden servir a unas pero no a otras.

-que ser madre no significa buscar la perfección, eso se lo dejamos a la súper Nany.

-que la endogamia no es buena ni para ellas, ni para sus hijos. Es enriquecedor relacionarse con otros adultos/as aunque lleven una vida muy diferente o no sean padres, no estén casados… Además hay que potenciar que los niños jueguen con el otro género y con otros compañeros/as y no siempre con la misma pandilla. Así mejorarán sus habilidades sociales.   

- que las madres tenemos el derecho de buscar nuestras propias amigas-madres afines a nosotras y no obligarnos a ser amigas de las madres de los amigos de nuestros hijos porque lo más probable es que apenas compartan los mismos valores que tú.

-Y por último y más importante: que a una madre segura de sí misma no la derriba nadie.

Estas serían los consejos que les daría la madre desadaptada pero no abrió la boca, porque ella no es la madre de todas las madres y además, es consciente de que todavía está aprendiendo el duro trabajo de criar, educar y organizar a toda una familia.

Por eso, la mamá nerd siguió preguntándose por qué Helen Fielding se ha cargado en esta tercera parte del Diario de Bridget Jones a Mark Darcy, que era de los pocos hombres que doblan la ropa interior antes de acostarse y sobre todo, por qué lía a la protagonista con un jovencito de treinta años…

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...