Materno-morfosis: los 10 cambios que sufrimos cuando somos madres

Materno-morfosis: los 10 cambios que sufrimos cuando somos madres
Jueves, 7 de Enero del 2016     |    Por Anita C.

Materno-morfosis: los 10 cambios que sufrimos cuando somos madres

Antes ponías una lavadora a la semana, ahora pones una diaria. Antes eras la ‘party animal’ del grupo, ahora te has convertido en un perezoso cada vez que te invitan a salir. Antes  vestías a la moda, ahora da gracias a Dios por salir a la calle vestida. Antes… Antes… ¿quién puñetas eras antes? Descubre los cambios más rarunos que has sufrido durante tu ‘materno-morfosis’.

Cuando estaba embarazada y quedaba con mis amigas madres veteranas, recuerdo que me decían frases del tipo: “prepárate, porque un hijo te cambia la vida”, “ahora ya se te ha acabado la vidorra, chica” o “aprovecha todo lo que puedas para dormir, quedar con tus amigas, salir a cenar, ir al cine con tu chico porque eso se va a acabar”. Me sentía como un soldado llamado a a filas o peor, un enfermo terminal que tenía que aprovechar sus últimos días de vida.

Por suerte, ese sentimiento duraba cero coma un segundo. El Garbancito dentro de mi barriga salía rápidamente a socorrerme: “no hagas caso a esa pandilla de amargadas, mami”, me decía con patada lateral de kárate. “Yo soy diferente a los asilvestrados de sus hijos. Yo te dejaré dormir, salir de compras y tener sexo ininterrumpido con ese señor que, según tú, es mi padre”.

Yo asentía con la cabeza convencida, porque en mi estado de buena esperanza, borracha de oxitocinas (las hormonas del amor) creía ciegamente en cada una de sus palabras. Igual que creí a su padre cuando me convenció de que era un chollazo porque montaba los muebles de Ikea con los ojos cerrados.

Garbancito comunicándose conmigo por código morse.

Volviendo a mis charlas intrauterinas con Garbancito. Él tenía toda la razón: mi mundo era, es y será siempre mejor desde su aparición estelar tras una tormenta de dolores descomunales que me atravesaban como cuchillos desde los riñones hasta los pies. (Como ya he dicho, la maternidad es un estado de enamoramiento profundo).

Pero el muy canalla no me dijo que me convertiría en un ser marciano que se disfraza de payaso en sus cumpleaños; que me pasaría las noches de los viernes viendo ‘Tu cara me suena’ (¡puag!) solo por escucharle reír. Que él marcaría un antes y un después en mi vida y que terminaría diciendo frases del tipo: “si todos tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también te tiras?”

En fin, estoy en plena materno-morfosis, un proceso de cambio lento, difícil (a veces) e interminable. Garbancito es lo mejor que me ha pasado en la vida pero es inevitable que muchos días me pregunte a voz en grito: ¿¡¡QUIÉN PUÑETAS SOOOOOY!!!!?

  

Las 10 claves de la ‘materno-morfosis’ que sufrimos tras tener un hijo.

1. Cualquier recuerdo del pasado nos parece mejor. Un día te descubres a ti misma añorando esos tiempos en los que no tenías responsabilidades, aquellas fiestas destroyer con amigas, cuando salir de tu casa para tomar una simple cañita no suponía hacer el equipaje para una expedición al Everest (biberón de agua, biberón de leche, una muda por si vomita, un abrigo por si hace frío y diez pañales por si se caga en todos los allí presentes, un cortafríos por si mete la cabeza entre unos barrotes… Conclusión: el “por si” es la cruz que llevamos las madres a la espalda en forma de bolsa-cambiador).

2. Los hijos de tus amigos también son tus hijos. Y les limpias los mocos, les acompañas al baño, sales corriendo (sí, tú, corriendo ni cual gacela) para evitar que les atropelle un coche… Reconócelo: ha despertado en ti una sensibilidad especial por aquellos pequeños demonios que te jodían las sobremesas cuando salías a cenar a un restaurante.

3. Los días tienen 48 horas. Especialmente porque ahora te levantas a las seis de la madrugada y cuando una madruga tanto todo se magnifica como les sucede a los concursantes del Gran Hermano.

4. Después de las doce, te conviertes en calabaza. A partir de la media noches es difícil ser persona. Cuando suenan las campanadas, que en tu caso es la alarma de la lavadora avisándote de que ya ha terminado el programa de lavado, la tiendes tambaleándote de un lado a otro para irte reptando a la cama.

¡Socorro!  ¿En qué bicho de seis brazos estoy mutando?

5. No habrá penúltima copa. Claro que no, porque ahora cuando sales un sábado con amigas tienes absolutamente programado cuántos gin tonic te vas a tomar y a qué hora vas a volver a casa. Todo dependerá de si tu lado party animal (ese monstruo que cohabita dentro de ti en estado latente) pruebe de nuevo la ginebra y se apodere de tu conciencia de madre.

6. Los fines de semana empiezan los lunes. Da igual que trabajes fuera o dentro de casa, el hecho de que tu actividad física y mental se reduzca a la realización de una sola tarea  es el sueño húmedo de toda madre. Si además puedes desarrollar esta labor sentada… Sin interrupciones… Sin niños peleando… En silencio… ¡Bienvenida al paraíso!

7. Si me queréis, irse. Admítelo: tu fantasía erótica no es hacerte un trío con Jamie Dornan y el fantasma cachondo de Paul Newman. Tu fantasía es hacerte un ‘Solo en casa’ a lo Macaulay Culkin.

8. El sexo… (véase el primer punto: ‘Cualquier recuerdo del pasado nos parece mejor’).

¡OOOHHHHMMMMMMM!

9. Momentos All-Bran en familia. ¿Cuándo fuiste sola al baño por última vez? ¿Cuánto hace que no te das un baño relajante? ¿Por qué a tu patito de goma acuático se le han oxidado las pilas?

10. De ser un miembro honorable en los foros del Vogue has pasado a ser una fiel seguidora del Club de las Malasmadres. ¡Qué más da si el nuevo negro es el rosa cuarzo o si está de moda llevar los bajos de los pantalones deshilachados! Tú solo quieres que alguien te diga que no eres peor madre por servir de cena un Yatekomo porque después de trabajar, limpiar tu casa, hacer la compra, hacer los deberes con tus hijos y tender dos lavadoras no tienes fuerzas ni talante para cocinar una miserable tortilla francesa. 

Después de la maternidad, es muy normal que el armario de una mujer se convierta en el Museo Arqueológico. Don't worry, baby.

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...