Cuando nos empeñamos en ser nuestro PEOR enemigo

Cuando nos empeñamos en ser nuestro PEOR enemigo

Por mi trabajo, recibo a diario imágenes de celebritys en actividades varias. Ya nada me impresiona, sin embargo, una de las últimas apariciones de Lady Gaga me dejó con la boca abierta y reflexionando… Pero ¿esta mujer no se mira en un espejo?

“El mejor complemento para una mujer es un espejo de cuerpo entero”  sostiene, siempre que puede, la prestigiosa diseñadora Carolina Herrera. Y esa verdad, va a misa.

O no nos preguntamos muchas veces: pero ¿esta mujer no se mira en un espejo antes de salir de casa?, o más frecuentemente: ¿no tiene a nadie que le diga lo mal que se ve? Este tipo de interrogantes son más que habituales en nuestra vida cotidiana y obviamente se extienden también al género masculino, para quienes muchas veces el espejo de cuerpo entero, aunque lo tienen, no existe. Pero, aclaraciones aparte, hoy me voy a enfocar en las miles de mujeres que se convierten –o nos convertimos- en nuestro peor enemigo.

Partiendo de la base de que todas somos más altas, más bajas, más rellenitas, más flacas, más agraciadas o menos vistosas, que la naturaleza es variada y rica en contrastes (¡aleluya!), y que aquí no vamos a juzgar los cánones de belleza sino, la capacidad que tenemos de sacarnos partido o todo lo contrario… pregunto: ¿a dónde van esos kilitos de más enfundados en tops imposibles de lycra?, ¿esas exuberancias apretujadas en mallas de leopardo–pensadas para estar en casa o más abrigadas en invierno por debajo de los pantalones- que no le sientan bien ni a Irina Shayk?, ¿esas mechas amarillo patito que nos envejecen veinte años?, ¿algunos pearcings o tatuajes?, ¿el exceso de silicona o de Botox?, ¿el pasarse con los rayos UVA? y, ¡oh Dios Santo, qué horror!, ¿esas camisetas súper apretadas sin mangas, que dejan a muchas señoras –especialmente en los programas de Telecinco− con los brazos expuestos como jamones? Con lo bien que sientan a todo el mundo las cosas simples, QUÉ SEAN DE SU TALLA, los tejidos de toda la vida, el algodón puro –egipcio de doble trama a ser posible− las líneas rectas, el minimalismo, los colores naturales –léase en ropa, pelos o calzado− y la certeza saludable de entender que uno no es una Top Model y que si es bajita NO te convienen las faldas amplias con tablas, o si tienes unas piernas excesivamente delgadas, NO te favorecen los pantalones pitillo.

Por supuesto, defendible es el derecho a elegir y arriesgarse, tener estilo propio y sostenerlo a capa y espada, en eso no me voy a meter yo, que llevo treinta años siendo fiel al flequillo, no, los tiros no van por ahí, van por las personas que sabiendo que algo le sienta fatal, se lo ponen, no se miran en el dichoso espejo y salen a la calle auto boicoteando su imagen y su glamour ¿Por qué lo hacen?, ¿por puro masoquismo?, ¿por indiferencia? ¿Por rebeldía?

¿Por qué no ser más compasivos con uno mismo y empezar a jugar en casa, a nuestro favor, y aceptar que a veces la fastidiamos al cien por cien?

Ejemplos domésticos tenemos muchos. Nos los encontramos en el súper, en el metro, entre las mamás del cole o en la oficina, y uno acaba pensado: bueno, cada loco con su tema y sus circunstancias, porque en este mundo en que vivimos, y esta crisis pertinaz que nos asola, tampoco está el horno para muchos bollos (aunque verse bien tampoco es cuestión exclusiva de dinero o alta costura), PERO, ¿y esas estrellas de cine, de la televisión o de la música que tienen todo para ser glamourosas y la cagan por puro empecinamiento? ¿Qué pagan miles de dólares al Personal Shopping, al asesor de imagen y al estilista, para luego salir a la calle –al parecer sin mirarse en el espejo- y como les da la real gana?... ¿Tienen perdón?

Para muestra, algunos botones:

1.- Lady Gaga. Stefani Joanne Angelina Germanotta, a sus veintisiete añitos, ha hecho del “soy mi peor enemigo” dogma de fe. Con formación como bailarina y una vida medianamente sana, se empeña en aparecer en público lo más fea posible, sobre todo en entrega de premios, salidas nocturnas y galas varias. Dejando al personal con la boca abierta, preguntándonos todos: ¿cómo es posible que se sabotee tanto esta mujer? ¿Por qué lo hace? Mi teoría: masoquismo.

2.-Rhianna. Robyn Rihanna Fenty, veinticinco años de mujer bellísima que en la producción de su primer éxito, “Umbrella”, derrochaba elegancia y sofisticación, olvidadas de golpe al cambiar de productores para pasarse al rap de la mano de novios agresivos, que la ficharon para looks igualmente agresivos –video clips que rozan la paranoia− y tendentes a la falta de higiene. ¿Por qué lo hace? Mi teoría: esta chica es autodestructiva.

3.- Kristen Stewart. Ella, que encarnó el sueño de millones de adolescentes en el mundo entero, al hacerse con el papel de Bella de la Saga “Crepúsculo”, e incluso, llegó a ligarse al Edward de carne y hueso (Robert Pattinson, este guapete británico que a veces necesita una ducha urgente), parece realmente frustrada de ser tan guapa, rica y famosa y lo demuestra continuamente con sus looks demoledores y propuestos –estoy segurísima en este caso− por su peor enemigo. Pero si siempre va despeinada y pidiendo a gritos una almohada para echarse una siesta… y una ducha, igual que Pattinson. ¿Por qué lo hace? Mi teoría: Necesita un buen sueñecito.

4.- Miley Cyrus. Este sangrante caso de muchachita guapa, rubia y saludable, reconvertida en aspirante a bailarina de striptease, que se rapa la preciosa melena sólo para fastidiar a su madre y se viste de lycra y cuero para cabrear a su padre, es de los peores casos de este último año. ¿Cómo puede esta chavala de veinte años hacerse tan flaco favor? ¿No tiene espejo de cuerpo entero? No, lo que tiene son ganas de guerra y la empieza contra sí misma. ¿Por qué lo hace? Mi teoría: por puro divertimento (que es la excusa más válida, ¿o no?)

          

5.-Madonna. Me ha costado encontrar maduritas auto saboteadoras, porque con la edad, o eso parece, uno aprende a sacarse partido, pero lo cierto es que la inefable Madonna Louise Veronica Ciccone, a sus espléndidos cincuenta y cinco años, es de las que lleva toda la vida siendo su peor enemigo. Ahora le ha dado por el Botox a tutiplén y los brakcets de diamantes para “embellecer” la sonrisa. Sin contar con sus camisetas de leopardo –que luce sin sujetador- los pelos oxigenados y los vestidos de lycra, imposibles en otra estrella, que ella se enfunda para cualquier entrega de premios. ¿Por qué lo hace? Mi teoría: porque le da la gana.

             

6.-Por último, una nacional. Tenía una lista bastante larga (Ana Obregón, Yola Berrocal o Alaska, sin ir más lejos), pero, me voy a quedar con una de andar por casa, que sale a diario en la tele y que no sabe que existen las chaquetas y los colores oscuros, muy tentadores para la mayoría: Terelu Campos, que a sus cuarenta y ocho primaveras, no duda en lucir cacha y brazos jamoneros con unos vestidos tan ajustados que es un milagro que no acabe rompiendo más de uno en directo… Hija mía: representas a una gran mayoría y, aunque sin lugar a dudas eres tu peor enemiga, te lo pasaremos por alto –de momento− y te mandaremos un espejo de cuerpo entero. ¿Por qué lo hace? Mi teoría: por la audiencia.

En resumen: he sido cruel, tal vez, culpa mía, sólo os pido que vosotras no seáis crueles con vosotras mismas, que recordéis la máxima de Coco Chanel: MENOS ES MÁS  y de paso, hagáis caso a Carolina Herrera… que para enemigos, los de fuera.

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Este artículo lo ha escrito...

Claudia Velasco

Claudia Velasco (Santiago de Chile, 1965). A los 19, se trasladó a Madrid dónde estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y donde reside desde 1985. En la actualidad trabaja en... Saber más...