Hemos probado... Mayo'14

Hemos probado... Mayo'14

Cada mes probamos lo último en productos de belleza y los sometemos a nuestro particular control de calidad, que no se parece a ninguno de los que hacen en las revistas pero nos parece mucho más práctico.

 

El producto: Clarisonic Mia 2.

Precio: 149 €.

La prueba: Intentar que Rebeca Rus se limpie eficazmente todas las noches la cara antes de desmayarse de puritito cansancio frente al lavabo.

La experiencia:

No es exclusivo de las madres trabajadoras llegar al final del día agotadas, demacradas y con bastantes posibilidades de acabar desmayándonos en alguna esquina. A mí ya me pasaba antes de cumplir los treinta. Y es que soy una mujer con un metabolismo “tempranero”, lo que significa que me levanto con las gallinas y que antes de las once de la noche empiezo a convertirme en calabaza haciendo realidad la verdadera versión del cuento de La Cenicienta. Si eso me pasaba antes, ¡imaginad ahora!  Tras una jornada agotadora donde he trabajado tropecientas horas, he mantenido cinco intensas conversaciones telefónicas y contestado churrucientos correos con preguntas absurdas, he llevado a las niñas a la piscina al quinto pino, he vuelto del quinto pino arrastrando a dos niñas cansadas e histéricas (y cargando una bolsa repleta de ropa mojada), he hecho los deberes con ellas, las he duchado y les he puesto el pijama, he preparado la cena y lo más importante para el día siguiente,  es poco probable que tenga las ganas, por no mencionar la energía suficiente, como para empezar a extenderme por la cara una limpiadora y retirarla después con unos algodoncitos. Hasta hace poco mi ritual nocturno de limpieza era meter la cara directamente debajo del grifo mientras me restregaba con pocas ganas algún jabón limpiador de los que venden en las farmacias. A veces ni me aclaraba. Otras simplemente pasaba. Lo de levantarme con el rimmel del día anterior era tan común que estaba empezando incluso a verle las ventajas: era un smoking eye de lo más difuminado y bastante espontáneo.

Por fin alguien ha desarrollado un sistema de limpieza que me permite quitarme el maquillaje cada noche con los ojos cerrados y contando ovejitas.

Pero hace poco, justo al rebasar la barrera de los cuarenta, empecé a preocuparme un poco más de lo normal sobre mis rituales nocturnos. ¿Y si por culpa de mi cansancio crónico (=vaguería) y mi absurdo metabolismo estaba cargándome mi piel? Es decir, ¿y si al no limpiarla correctamente no servían los productos que me echaba a continuación? ¿De nada servía la pasta que invertía en cremas?

Algo tenía que cambiar en mi rutina de belleza. Pero estaba claro que ese “algo” no iba a ser yo porque a estas alturas de mi vida hay cosas que ya no van a cambiar: ni voy a crecer hasta alcanzar el metro setenta ni voy a conseguir estar despierta a las once de la noche.

No, tenía que cambiar el ritual.

Y fue entonces cuando alguien me habló maravillas del cepillo de Clarisonic, un producto muy de moda entre todas las blogueras de belleza. Importado directamente de Estados Unidos, su reputación y sus promesas de cambiar tu piel para siempre venían sustentados por las declaraciones de numerosas celebrities encantadas con los resultados, entre ellas la gran Ophra.  Un producto Premium patentado de alta calidad, creado para durar y limpiar en profundidad la piel sin recurrir a productos químicos agresivos o exfoliantes. Un micro-masaje en profundidad garantizado que limpiaba tu piel como nadie antes.

Y sin embargo, no fue ninguna de esas promesas las que me hizo ir corriendo a Sephora (el cepillo Clarisonic sólo se distribuye a través de sus tiendas o en los espacios Sephora que hay en El Corte Inglés) a hacerme con uno. No, fue la vaguería. Porque entre las numerosas promesas del sistema de limpieza Clarisonic está la de que todo el proceso dura exactamente un minuto. ¡Un minuto! El sueño de toda chica que se convierte en calabaza pero se preocupa por su belleza. O, visto desde la otra perspectiva, el sueño de toda chica que se levanta tipo zombie y no es capaz ni de meterse la camisa por la cabeza por las mañanas, y mucho menos, preparar su piel correctamente para las cremas de día...

Un minuto y dos botones para elegir... me pregunto si será para elegir entre PIEL SUCIA y PIEL MUGRIENTA.

Una vez en el stand de Clarisonic en Sephora intenté controlar un poco mi entusiasmo y dejé que una simpática dependienta me guiara. Terminé adquiriendo el modelo Clarisonic Mia 2. En el pack, además del cepillo Clarisonic, se incluye un cabezal para pieles sensibles (se usa por defecto para las pieles normales), un cargador, una funda de viaje y un limpiador en talla de viaje. Este modelo en cuestión tiene dos velocidades, baja y normal, pensadas para adaptarse a cada tipo de piel y ofrecer una limpieza más personalizada (al principio te recomiendan que uses la velocidad baja hasta que tu piel se acostumbre a este tipo de limpieza), un temporizador programable T-Timer, que se para momentáneamente para señalarte cuándo debes pasar de un área a otra del rostro y dos años de garantía.

El sistema Clarisonic te permite intercambiar los cabezales para tratar diferentes problemas de tu piel. Lástima que no incluyan una limadora-antimichelines industrial.

De vuelta a casa, y tras veinticuatro horas de expectación (al igual que un móvil, la primera carga de tu cepillo Clarisonic debe ser completa), probé el cepillo siguiendo las indicaciones del prospecto. Tras mojar mi rostro y remojar el cabeza del cepillo, me extendí una gotita de limpiador jabonoso sobre el rostro y encendí el aparato. Veinte segundos de rotación suave por la frente, señal de que cambiara de área, veinte segundos de rotación suave por la nariz y la barbilla, de nuevo señal para cambiar, diez segundos en una mejilla, cambio y diez segundos en la otra. En total un minuto. Tras aclararme y secarme, me pasé la mano por la piel y no sólo no quedaba ni gota de maquillaje sino que estaba increíblemente suave y tersa.

Aunque Rebeca Rus ha experimentado un gran cambio en el aspecto de su piel no ha cambiado tanto como para parecerse a esta estupenda modelo.

El resultado: Notable bajo. Sí, he conseguido limpiarme eficazmente todos los días la cara; una vez con los ojos cerrados y todo (mi chico dice que ya había empezado a roncar). Pero con este cepillo no puedo desmaquillarme los ojos, lo que requiere un esfuerzo extra para las mujeres que, como yo, antes de meterse en la cama ya están casi en la fase REM.

Evaluación final: A la semana de empezar a usarlo mi piel está mucho más suave que nunca, las cremas se absorben mejor, el maquillaje se extiende como nunca y me gustaría pensar que los poros de mi Zona T han disminuido (pero puede que se hayan encogido abrumados por la presión a la que les estoy sometiendo, un día sí y otro también observándolos de cerca en el espejo).

Minipunto extra: Es tan fácil quitar y poner los cabezales de limpieza que he comprado uno especial  para pieles extra-sensibles y muy delicadas para que lo use mi hija mayor, que ya sufre los primeros granitos de la pre-adolescencia. Por recomendación de la experta en belleza de Sephora la niña sólo lo usa dos veces por semana y exclusivamente en la Zona T pero ya empezamos a notar los resultados: la nariz más suave, ni un punto negro y menos poros encapsulados.

Más información sobre la marca aquí: www.clarisonic.es

 
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Este artículo lo ha escrito...

Rebeca Rus

Rebeca Rus (Madrid, 1974) es creativa publicitaria, escritora, columnista y responsable de la sección de cocina de la Revista Cuore. Es la autora de los libros "Sabrina:1-El Mundo:0", "Sabrina... Saber más...