Ponerse a dieta es más fácil de lo que crees

Ponerse a dieta es más fácil de lo que crees
Martes, 26 de Enero del 2016     |    Por Estíbaliz Burgaleta

Ponerse a dieta es más fácil de lo que crees

Acabaron las Navidades. Acabaron las cenas, las comilonas y los empachos. Y ahora toca enfrentarse con la dura realidad: la báscula. Y ella no miente. No te dirá, como tu novio o tu mejor amiga, que no has engordado nada, que te ve igual que siempre, y que si los vaqueros ahora no cierran será porque han encogido en la lavadora. Pero tú sabes la verdad: has devorado turrones y mazapanes como Obélix en un banquete galo. 

            

Si la operación bikini fracasa siempre podemos comprarnos un burkini.

Cuando la operación bikini es un fiasco y acaba convertida en operación bañador y “por favor denme ése del escaparate tipo nadadora” hay un remedio infalible: mirar estas fotos de comida espantosa, capaces de quitarle el apetito al propio Alberto Chicote.

Llega el temido momento de enfrentarse a la dieta. Toca comer ensalada de lechuga y filete de pavo a la plancha mientras los restos de los turrones nos observan, agazapados en un rincón de la cocina y diciéndonos: “cómeme”.

 

Epic fails

La comida entra por los ojos. Esto es así. Redes sociales como pinterest o instagram están llenas de cupcakes, pasteles y macarons tan calóricos como preciosos. Verdaderas obras de arte que no sabes si comerlas o exponerlas en un museo. Espera, aguanta la tentación, no corras a la pastelería más cercana a comprarte un eclaire de vainilla con topping de cereza. Mejor intenta hacerlo tú misma en tu casa. Éste será el resultado:

Un delicioso cupcake clavadito al monstruo de las galletas versus el vómito de un Pitufo borracho.

 

¿Se te ha quitado el hambre?, ¿no? Pues sigue leyendo.

 

Las pesadillas de Trip Advisor

Qué difícil es hacer dieta cuando comes fuera de casa. Todos los menús del día se empeñan en poner como acompañamiento patatas fritas y… ¿quién tiene la fuerza de voluntad para decirle que no a unas patatas fritas?, ¿y cuando el menú del día incluye mousse de chocolate como postre?, ¿cómo resistirse a esa cesta de pan con mantequilla que ponen sobre la mesa en cuanto te sientas?

Pero el error está antes. Intentar elegir platos de régimen en un menú del día es misión imposible. Asúmelo. La clave está en cambiar de restaurante. Haz una búsqueda en Trip Advisor, ¿buscando el restaurante vegetariano más cercano a tu lugar de trabajo? No. Buscando el que tenga peores críticas. Esos que de cien opiniones, 99 son pésimas y 1 mala. Cuanto peor sea la comida, menos comerás.

 

Realidad versus expectativas

La publicidad nos engaña. Ni Red Bull te da alas, ni Hacienda somos todos, ni al abrir una bolsa de patatas fritas éstas salen disparadas porque la bolsa está llena a reventar. Así que antes de pedirte una pizza porque la publicidad ha funcionado y te ha hecho salivar con ese delicioso queso derretido, mira esto:

Alguien pensó que se podía conquistar a las personas a dieta añadiendo lechuga a la pizza… y éste fue el resultado.

 

Comida viejuna

¿Recuerdas que hubo un tiempo en que el pijama era un postre?, ¿no? Pues a vosotros, los nacidos después de 1980, os cuento que el pijama era un plato muy de moda en la época de Eva Nasarre y Naranjito. Servido en un plato que casi parecía una bandeja, encontrabas ahí una bola de helado más melocotón en almíbar, más piña en almíbar, más un flan y, por si todo eso te parecía poco, lo coronaban con nata montada.

En la época de las esferificaciones y las tortillas deconstruidas podría parecer que la comida viejuna está condenada a desaparecer. Pero no es así. Aún hay restaurantes de provincias y tías abuelas que se aferran a la comida pasada de moda. Pasteles de pescado con forma de pez y cubiertos de mahonesa, dátiles con bacon o cócteles de gambas inundados de salsa rosa... platos que desaparecieron tras la Expo de 1992, y todos entendemos el porqué.

 

El síndrome de la nevera vacía

Pocas cosas son más tristes que una nevera donde sólo hay un limón pocho y un yogur caducado. Así es la vida del soltero con poca afición por la cocina. Tallarines con ketchup porque no tienes salsa de tomate. Ensalada de lechuga lacia con todo lo que haya por la nevera. Arroz blanco con atún. Comida que te quita el hambre... y las ganas de vivir.

El clásico del soltero que no se apaña: plato combinado con todo lo que pillas en la nevera más un par de huevos fritos.

¿Quién dijo que ponerse a dieta es difícil? Sólo tienes que empapelar tu cocina de fotos de comida espantosa y, en comparación, tu ensalada sin aliñar con pechuga de pavo a la plancha te parecerá un manjar de dioses.

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Este artículo lo ha escrito...

Estíbaliz Burgaleta

Estíbaliz Burgaleta (Tudela, Navarra, 1976) en otra vida será bailarina de ballet clásico, será grácil como una pluma y tendrá oído musical. Pero en esta vida es guionista, cortometrajista y... Saber más...