Los peores regalos que has hecho a tu pobre madre

Los peores regalos del Día de la Madre

Los peores regalos que has hecho a tu pobre madre

Qué bonito que es celebrar el Día de la Madre. Qué entrañable. Qué amoroso. Qué necesario. Qué fantástico para los grandes almacenes. Y qué malo para el buen gusto. Porque es de bien nacido ser agradecido pero, a según qué regalos, no hay que sonreír y decir: gracias, qué detalle, me ha encantado. Da igual que sea tu hijo del alma quien te lo haya regalado. Hay que plantarse y decir ¡basta!

De las manualidades de macarrones a un libro en oferta en el VIPS y comprado deprisa y corriendo camino de casa porque estabas con tus colegas de botellón… la historia de la relación madre e hijo puede ser la historia de los espantosos regalos que el hijo ha hecho a su madre, desde que era un tierno infante con mofletitos a un adulto hecho y derecho que no se decidía nunca a irse de casa.

Bluespace debería lanzar un trastero de alquiler exclusivos para almacenar todas las manualidades que una madre va almacenando mientras sus hijos cursan Primaria. 

En cuanto tu hijo va a parvulitos y le enseñan a cortar con las tijeras de punta roma, empieza la época de las manualidades. Esas cosas de estética dudosa con las que enseñan a los niños que el mundo es un lugar peligroso (hay pegamento, cutters, lápices de colores afilados). El objetivo pedagógico de las manualidades, aparte de familiarizar al niño con posibles armas mortíferas, es tener algo que enseñar a los padres y que demuestre qué han estado haciendo las criaturas tantas horas ahí metidos. Y qué cosas tan útiles hacen. Que si rellenar de color (siempre por fuera) unos dibujos, que si pegar macarrones sobre una cartulina, que si hacer bolitas con papel pinocho… Pero tus hijos son todavía adorables y que hayan pensado en ti para regalarte esto:

Hoy ya no comemos ensalada de pasta. 

Te parecerá el mejor regalo que te han hecho nunca. Ni aquel viaje de aniversario a Bora-Bora, ni aquella vez que te tocó el sueldo Nescafé. Nada puede ser mejor que una cartulina arrugada con unos macarrones, unos lacitos y medio litro de pegamento líquido.

Pasan los años y las manualidades se sofistican. Pero se sofistican de aquella manera. Ni el señor de Bricomanía ni el chico mañoso de Art Attack se han pasado nunca por ninguna escuela. Son los pobres profesores de plástica quienes enseñan a los niños a manejar algo que, si no fuera porque en occidente está mal visto eso de que los niños trabajen, sería de lo más útil: la arcilla. Pero no enseñan a nuestras criaturas a hacer tahines, ollas o artesanía cuqui con la arcilla. Qué va. En esta época en la que está prohibido fumar en lugares públicos y el consumo de tabaco está en mínimos históricos, los profesores de manualidades enseñan a los niños a hacer ceniceros de arcilla.

Si a esto en vez de llamarlo “ceniceros espantosos”, lo llamas "construcción número 7", lo petas en ARCO.

Pasan los años y en el colegio dejan de enseñar a los niños cómo crear los peores regalos posibles para el día de la Madre. Los niños tienen paga y pueden usarla para comprarte un detallito, generalmente unas flores o una tarjeta que, de nuevo, te harán una ilusión comparable a cuando te toca lo puesto en la lotería.

Pero los niños crecen, sus mofletes y su tripita de bebé desaparecen. Las niñas se hacen fans de One Direction y Violetta, los niños del Real Madrid o del Barça y, en cuanto te despistas un poco, resulta que ya no tienes en casa a ese niño adorable que te miraba con cara de admiración profunda, sino a… ¡¡¡¡un adolescente!!!

Comienza una fase en la que tus hijos se acuerdan del día de la madre gracias a El Corte Inglés. Y precisamente allí comprarán cosas que no quieres en absoluto, pero que a ellos les vienen muy bien. Como una batidora, un juego de sartenes, o, aliándose para hundirte con sus hermanos: ¡¡¡una thermomix!!! Tus hijos ya no te ven como una diosa todopoderosa, sino como ese ser que me da de comer y hace que la ropa se lave, se planche, se doble y se guarde mágicamente en el armario. 

¿Hay regalo más cruel y descorazonador que una plancha?

Pero, como todas las malas rachas, la adolescencia también pasa. Tus hijos se convierten en jovencitos y caen en la cuenta de que hacer regalos es fácil si se sigue el que yo denomino “bucle infinito”. Consiste en regalar estas cosas:

-       perfume

-       sesión en spa o sesión de masaje

-       flores

-       pañuelo, gorro o guantes

-       bombones

Una en Navidad, otra en Reyes, otra en el cumpleaños, otra en el Día de la madre y vuelta a empezar. Tras un par de años tu madre será capaz de adivinar perfectamente qué regalo le toca y cuándo. El regalo se convertirá en un mero trámite, pero tampoco importará mucho, porque también tu madre hace mucho que no te regala nada, sino que te da dinero porque “así compras lo que a ti te apetezca”.

Y así hasta que ambos seáis adultos y empieces a comprarle libros y ropa a tu madre, pensando en que, si a ella no le gustan, no pasa nada, ya te los quedas tú. Pero en esa fase, en la que tú estás a punto de cumplir los 30, pero sigues viviendo en casa de tus padres, el auténtico regalo que le haría ilusión a tu progenitora no es un ramo de flores, ni un cenicero de arcilla ni un tatuaje que demuestre tu incondicional amor:

Los tatuajes están estropeando a toda una generación. Los veinteañeros de ahora serán... ¡ancianos tatuados!

No.

Si tienes más de 30 años y sigues viviendo en casa de tus padres, la mejor manera de demostrar cuánto quieres a tu madre es que te vayas de casa de una santa vez.

Enviar por WhatsApp

Este artículo lo ha escrito...

Estíbaliz Burgaleta

Estíbaliz Burgaleta (Tudela, Navarra, 1976) en otra vida será bailarina de ballet clásico, será grácil como una pluma y tendrá oído musical. Pero en esta vida es guionista, cortometrajista y... Saber más...