Walking on the wild side

Miércoles, 9 de Abril del 2014     |    Por Rebeca Rus

Walking on the wild side

Digámoslo sin reparos: ser mujer es un coñazo. Un trabajo a tiempo completo que se convierte en una pesadilla cuando se acerca el verano y todas las revistas comienzan a decirnos qué es lo que tenemos que hacer desde YA MISMO si no queremos provocar una estampida en la playa o ser unas parias sociales. Pero, sorprendentemente, este año ha surgido una nueva tendencia que no supone una nueva tarea que añadir al complicado proceso de cuidarnos: la moda de no depilarse.

 

Hace algunos años Julia Roberts nos sorprendió a todos en una alfombra roja cuando levantó su brazo y mostró al mundo su pelambre sobaquera. Para mí ver aquella imagen fue un shock total. Si hubiera ido en pelota picada no me hubiera sorprendido tanto.

Para Rebeca Rus fue muy duro ver cómo todo en lo que creía se venía abajo.

Entendedlo: desde mi adolescencia, mi madre y todas las mujeres de mi familia me venían repitiendo la misma monserga una y otra vez. Que no depilarse las axilas (y otras partes del cuerpo) era algo sucio y estaba fatal visto. Era algo que trascendía más allá de la estética. Era salud. Para mi madre, mis tías, mis primas, mis vecinas y todas las mujeres con las que me relacionaba llevar las axilas (y otras partes del cuerpo) sin depilar era un síntoma de falta de higiene.

En ningún momento de mi vida me planteé que fuera opcional sino que acepté la depilación  como una obligación más en el proceso de ser mujer. Y las que tengáis más de treinta años recordaréis, con lágrimas en los ojos, cómo era la depilación en aquellos tiempos en los que no existía la cera templada. La cera caliente tradicional podía haber formado parte del ritual de torturas del inquisidor de turno.

Aunque las otras opciones no eran mucho mejores:

1) Pasar la cuchilla: una solución rápida, barata e indolora y con un gran “pero”, pues pasados los tres primeros días de piel sedosa e impoluta te terminabas convirtiendo en una especie de puercoespín, algunos pelillos se infectaban y aquello parecía la piel de un pollo antes de entrar en el horno.

2) Decolorar: si tenías la suerte de que no te provocara una alergia y la zona no terminara pareciéndose a la bandera de Japón, podías conseguir un bonito bigote de color blanco enmarcado dentro de una zona de piel mucho más clara que el resto.

3) Usar las pinzas: una solución sólo apta para las mujeres con mucho tiempo libre y la flexibilidad de Nadia Comanecci.

4) No salir de casa entre el 15 de junio y el 15 de septiembre.

Con los años las cosas fueron mejorando y alguien inventó la cera fría, la templada, la de chocolate (¿a quién pretendían engañar si no se podía comer?) y la depilación por láser. También empezaron a vender kits para depilarse en casa y la anestesia en spray era fácil de encontrar en la farmacia de tu barrio. Pero alguien decidió que la cosa se estaba poniendo demasiado fácil. Así que las revistas pusieron de moda la DEPILACIÓN ÍNTIMA INTEGRAL también conocida como Estilo Hollywood y sus variantes, la depilación Brasileña y la Caribeña.

Si ya era complicado mantener las partes visibles de tu cuerpo depiladas, ahora se nos pedía el esfuerzo de limpiar y podar al máximo las que no se veían. No duele, decían los malditos. Da mayor placer sexual (¿a quién? ¿a los fans del sado-maso?). Pero el colmo de los colmos llegó a nuestras vidas hace cinco años cuando las revistas femeninas quisieron poner de moda la DEPILACIÓN DECORATIVA.

Qué buena idea (¡calla, maldita ironía! ¿Quién te ha dado vela en este entierro?).

Dispuestas a sufrir cada quince días (porque la maldita depilación templada se aguanta mejor pero, a cambio, los pelos aguantan la mitad de tiempo sin salir a la superficie que con la cera caliente) ¿por qué no además aprovechamos para hacernos algo bonito ahí abajo? Y cuando me refiero a algo bonito, me refiero a esto, por supuesto:


Para perder más la dignidad recomendaban depilarte el vello púbico en forma de la inicial de tu pareja.

Estaba totalmente convencida de que ya nada podía ir a peor. O que el paso siguiente sería echarme mechas ahí mismo y ponerme cristales de Swarovski.

Hasta que hace unas semanas llegó Madonna y le enseñó al mundo entero sus axilas sin depilar. De repente, actrices de Hollywood, Gwyneth Paltrow y Cameron Diaz entre otras, comenzaron a defender el matojo salvaje. Sin tapujos. Que si era más natural, más sano, que si el vello nos defendía de los agentes externos, que si estaban hartas de tanto depilar…

Aquí Cameron Díaz muy natural, sin depilarse ni retocarse ni exfoliarse ni...

Y como si todo formara parte de una campaña de publicidad perfectamente orquestada, todos los medios han comenzado a hablar de las bendiciones del Natural Way. O del Wild Side, dependiendo de lo apasionados que sean con el tema. Queridos amigos: dejar que la naturaleza siga su curso no sólo es muy sano, también parece ser que es lo más “in” del momento. Tanto, tanto que una famosa marca de ropa ha decorado así sus escaparates en Nueva York:


Después de ver esto mi abuela estuvo varios días como ausente.

Tanto, tanto que le dedican artículos por doquier y líderes de opinión de todo el mundo alaban las bendiciones de dejarse llevar por el lado más salvaje de la vida.

¿En qué quedamos? Tras años sufriendo el bombardeo constante de lo importante que es depilarse más,a fondo, todo, todo, todo y de tener el cuerpo libre de vello, limpio, sedoso y bonito, resulta que todo era falso. Y ya sabemos como son las modas. Empiezan tímidamente pero en un par de años la cosa se va de madre y pasamos de la poda controlada a abonar el campo para que todo crezca más. Vamos, una cosa así:
 

 

Pero, pero, pero... ¡venga ya!  No hace falta que os esforcéis tanto en intentar volverme loca. Soy madre trabajadora y autónoma. Ya estoy fatal de lo mío y no necesito que vengan desde fuera a darme órdenes contradictorias. No podéis bombardearme durante unos años para que haga una cosa (y si no lo hago seré un bicho raro) para ahora cambiar de opinión y decirme todo lo contrario.

Yo no sé qué pensáis los demás pero yo he llegado a la conclusión de que no voy a dejar que la línea de mi bikini se convierta en el tema de conversación de los medios de comunicación y que ninguna mujer debería ser juzgada por lo que decide hacer con sus partes íntimas o con los pelos que tiene por todas partes. Bastante tengo con juzgarme a mí misma a diario y aceptarme con mis más y mis menos como para tener que seguir al pie de la letra las normas que me dictan otros.  Me da igual si este año se lleva el estilo salvaje y el año que viene el rasurado total. He decidido que voy a hacer lo que me salga de ahí mismo.  

 

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Este artículo lo ha escrito...

Rebeca Rus

Rebeca Rus (Madrid, 1974) es creativa publicitaria, escritora, columnista y responsable de la sección de cocina de la Revista Cuore. Es la autora de los libros "Sabrina:1-El Mundo:0", "Sabrina... Saber más...