El amor es cuestión de química

Lunes, 27 de Octubre del 2014     |    Por Anita C.

El amor es cuestión de química

¿Sabías que el amor tiene el mismo efecto en nuestro cerebro que la cocaína? ¿O que existe una fórmula matemática para las relaciones sentimentales? ¿Quieres comprender por qué te sentiste atraído por la persona equivocada? Así explican los científicos y psicólogos ese estado de locura transitoria que llamamos “estar enamorado”. 

Existen muchos tipos de amor, probablemente tantos como número de definiciones que incluye la RAE para esta emoción. Y, por si te lo preguntas, son catorce, aunque la más curiosa de todas es la primera. Dice así: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.

Sí, es complicado descifrar a qué se refieren los académicos con el término “insuficiencia”: ¿a que un hombre o mujer no está completa hasta que no encuentra a su pareja?, ¿que somos incapaces de vivir solos en este mundo?, ¿o que somos tan ineptos que necesitamos unirnos a otra persona?

Este sería un claro ejemplo de lo complicado que es definir ese sentimiento que para muchos puede mover montañas. Ni hablar entonces de la complejidad que atañe tratar de explicar por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra, o por qué algunos amantes se comportan como si estuvieran bajo los influjos de un psicotrópico.  

A lo largo de la historia parecía que solo a los poetas, novelistas y filósofos clásicos les interesaba descifrar los intríngulis de este poderoso sentimiento. Sin embargo, desde hace un par de siglos han sido la ciencia y la psicología quienes han tratado de explicar de una forma mucho más racional la emoción más irracional del comportamiento humano. Existen muchas teorías y estudios de investigación al respecto. En Glup Glup hemos seleccionado las más significativas para que trates de entender (o no) cómo es eso de la química del amor.

 

Si Romeo y Julieta hubieran conocido cómo funcionaba la dopamina en su cerebro, nos hubiéramos ahorrado derramar cantidades ingentes de lágrimas.

Para los científicos, Romeo y Julieta no serían más que dos adolescentes con las hormonas revolucionadas.

 

El flechazo o amor a primera vista

Estás en la cafetería de siempre, desayunando lo mismo de siempre, con la gente de siempre y, de repente, ves en la barra un hombre o una mujer que te resulta tremendamente atractivo. Tanto es así que te planteas pagarle el café por alegrarte la mañana, fingir que chocas con él/ella o, todavía peor, recurrir al peor de los tópicos: el trilladísimo “¿no nos conocemos de algo?”.

¿Cómo es posible que te haya dado por ponerte a ligar a las ocho de la mañana y medio dormid@? ¿Es que has perdido la chaveta?

Según la bióloga y antropóloga Helen Fisher, cuando uno se siente receptivo, en su cerebro se disparan los niveles de dos hormonas: la dopamina y norepinefrina, que suelen aparecer en las conductas de emoción, atención y recompensa. Estos neurotransmisores en alta dosis generan una especie de pensamiento obsesivo (típico en el amor) y un estado de euforia muy parecido al que produce la cocaína. La científica también asegura que el estado de enamoramiento, más que una emoción o sentimiento, es un impulso, porque neurológicamente funciona exactamente igual.  

Conclusión: el amor se mueve por impulsos y por la búsqueda de placer.

 

El efecto Romeo y Julieta

Llevas saliendo con tu pareja una temporada. A tus amigos no les cae nada bien. Tus padres echan pestes de él/ella cada vez que le llevas a casa a comer. Incluso muy en el fondo, tú misma sabes que no te conviene. Sin embargo, por más que ellos tratan de abrirte los ojos, tú no puedes evitar defenderle. Te dices a ti mism@ que ellos son incapaces de ver lo maravilloso que es contigo, que no vas a permitir que nadie influya negativamente en tu relación, y que lo mejor será que siempre quedéis los dos a solas. Estáis por encima de todo y de todos.

Un año después descubres que, efectivamente, tu ex era un cretin@.

¿Por qué la pasión que sentías por él o ella era tan fuerte que te provocó ceguera y sordera selectiva?

También existe una explicación fisiológica para dicho comportamiento. Cuando nos presentamos ante un estímulo negativo (en este caso, sería la oposición de los seres queridos a la relación de pareja), los niveles de dopamina aumentan de la misma manera que al sentirnos atraídos por alguien, aunque la respuesta en este caso no sería el amor, sino la ira. Si unimos estos niveles hormonales a los que ya provoca nuestro amante (que sería el estímulo positivo), tendríamos una sobredosis o subidón de dopamina, tan intenso, que despertaría en nosotros lo que llamamos “pasión”.

Pero hay más. Cuando un amor es correspondido, nuestro cerebro segrega también oxitocina (hormona que también interviene durante el sexo), aportándonos sensación de paz, calma y placer. Por lo tanto, si tienes una trifulca con tu familia porque no soportan a tu pareja, cuando te encuentras con él/ella y te entierras en sus brazos, la sensación de deleite es tan maravillosa que tu pareja se convierte en una especie de droga.

Conclusión: Si odias al novio de tu hija, recuerda cómo funciona el efecto Romeo y Julieta.

Si el amor es como una droga, cuando eches de menos a tu pareja recuerda que simplemente estás sufriendo el síndrome de abstinencia. 

 

Los polos opuestos ¿realmente se atraen?

Tú eres tímido hasta decir basta. Tu pareja parece la relaciones públicas del Pachá Ibiza. Jamás has entrado a una tienda de ropa deportiva. Ella es la presidenta de un club de triatlón. A ti te encanta cenar los sábados una pizza. Él lleva una camiseta con una señal de prohibido y la palabra “hidratos”. Los hijos de sus amigos te provocan urticaria. Cuando él está con ellos se transforma en Torrebruno. Y la lista podría ser interminable… ¿Entonces, por qué te enamoraste de esa persona?

Aquí habría dos explicaciones. La biológica culparía a la amígdala de la mala selección de pareja. La amígdala es el centro cerebral que controla las emociones y, cuando nos enamoramos, las intensifica de tal forma que somos incapaces de ver los defectos del otro. De ahí la idea popular de que “el amor es ciego”.

La segunda explicación vendría de la mano de Lacan, un psicoanalista un tanto retorcido. Según decía el discípulo de Freud, una persona se enamora de otra porque proyecta sus frustraciones en el otro y ve en él o ella lo que desea para sí. El problema para Lacan viene cuando nos engañamos a nosotros mismos y creemos que nuestro amad@ tiene ese algo especial que roza la perfección y, por supuesto, nada está más lejos de la realidad.

Conclusión: cuando nos enamoramos solo vemos lo que queremos ver.

 

Y por último, el amor romántico (o “hasta que la muerte nos separe”)

Más de cinco relaciones estables y ninguna ha cuajado. Te preguntas si hay algo raro en ti, si la solución está en el Badoo, o si existe una fórmula matemática para el amor pero que a ti se te escapa porque siempre fuiste de letras.

Al parecer sí existe dicha ecuación. Según el psicólogo Sternberg, en las relaciones de pareja entran en juego una serie de variables que según su combinación pueden determinar si lo vuestro va para largo o no. Las tres variables serían la intimidad, la pasión y el compromiso.

La intimidad por sí sola no despertaría más que un sentimiento de cariño; la pasión daría lugar al encaprichamiento; y si entre dos personas existe exclusivamente un mero compromiso, ese amor estaría vacío (o simplemente, no habría amor). ¿Qué determinaría una relación estable y consumada? La combinación de los tres elementos: intimidad+pasión+compromiso.

El problema viene cuando nuestra relación se mueve por solo dos variables de la ecuación y pensamos que por fin hemos encontrado “el juntos para siempre” cuando en realidad estaríamos viviendo uno de estos tres tipos de amor:

Amor romántico (intimidad + pasión). Sería el equivalente a esos primeros meses de enamoramiento. Si la pareja no fomenta el compromiso, la intensidad de la pasión decrece y todo terminaría en un “ha sido un placer conocerte”.

—Amor sociable (intimidad+compromiso). Suele darse en parejas que llevan mucho tiempo y entre ellos existe complicidad, cariño y amistad, pero no hay una pizca de deseo y atracción sexual. (Ejemplo: “Nos divorciamos porque me di cuenta de que le veía como un hermano”).

—Amor fatuo o loco (pasión+compromiso). Típico de parejas que se sienten enganchadas al otro porque sus relaciones sexuales son memorables.


 

Conclusión final

Como ya has comprobado, estas teorías tratan de racionalizar nuestra parte humana más irracional: las emociones. Desde luego, sus enfoques son un tanto reduccionistas, o al menos queremos pensar que no nos enamoramos por una simple sinapsis neuronal. Claro que, si lo miras por el lado positivo, siempre puedes echar la culpa de tu fracaso amoroso a la maldita dopamina o a que te saltaste la variable compromiso al resolver la ecuación. 

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Este artículo lo ha escrito...

Anita C.

Anita C. (Madrid, 1974). Redactora freelance de moda y belleza y madre de un niño y una niña. No le da vergüenza admitir, que no lleva nada bien lo de cumplir años, ni pasar todas sus tardes... Saber más...