Dime qué tuiteas y te diré quién eres

Miércoles, 25 de Febrero del 2015     |    Por Estíbaliz Burgaleta

Dime qué tuiteas y te diré quién eres

¿En qué ocupábamos nuestras vidas cuando no existían las redes sociales? ¿Cómo nos las apañábamos para encontrar fotos de nuestros antiguos compañeros de clase, ahora gordos y calvos? ¿Cómo aguántabamos ver Eurovisión, votaciones eternas incluidas, sin tuitearlo a la vez?

Las redes sociales se han convertido en parte de nuestra vida. Seguimos a perfectos desconocidos, nos esforzamos por tener cada vez más followers y compartimos con el mundo lo que nos viene en gana, siempre y cuando ocupe menos de 140 caracteres. Pero, ¿se corresponde nuestro “yo” virtual con el real?, ¿y el de los demás?, ¿qué tipo de tuitero eres (en Glup Glup ya publicamos una guía sobre usuarios de Facebook que puedes leer aquí)? Sigue leyendo, y lo averiguarás:

 

Envídiame

A este usuario nunca le pasa nada malo, y si le pasa, lo calla y lo sufre en silencio. Le encanta despertar envidias. Disfruta subiendo fotos maravillosas de sus maravillosas vacaciones o del maravilloso cupcake que acaba de cocinar con sus maravillosas manos. Y los acompaña de tuits tan elaborados como el ya clásico: “aki en la playuki, sufriendo”:

 

Antes de hacerse una foto de pies en la playa hay que hacerse la pedicura y pintarse las uñas.

El famoso

Asumamos una dolorosa verdad: todos aspiramos a ser una pequeña celebridad. Aunque sea virtual. Por eso nos hace una ilusión loca el día que tenemos cinco seguidores nuevos (que sean trolls o desconocidos que ni siquiera hablan nuestro idioma no nos importa mucho mientras sumen). Por eso nos esforzamos en tuitear cosas que nos parecen ingeniosas, divertidas o hasta interesantes. 

Pero nada de todo eso importa si ya eras famoso de antes. Entonces puedes decir obviedades del tipo de: “hola a todos, a tope con el finde que ya es viernes” y conseguir miles de "favs" y cientos de "retuits". Hasta puedes meter la pata hasta el fondo y aún así aumentará tu número de seguidores. 

Todo me parece una mierda

Si hay usuarios que comparten una vida digna de anuncio de perfumes, los hay que son todo lo contrario. Ellos son su reverso oscuro, los que sólo hablan para quejarse. De todo en general: de lo mucho que han esperado en Hacienda, de lo corruptos que son los políticos, de lo que ha subido la factura de la luz, de lo mala que es la última de Almodóvar, del hambre en el mundo… Yo me los imagino como dos abueletes quejicosos. Vamos, como ellos:

Statler y Waldorf, de Los Teleñecos, eran criticones incluso en la época en que no existía twitter. 

El Gran Hermano

Su timeline parece una versión en 140 caracteres de la casa de Gran Hermano. Cuenta cada paso de su vida. Por ejemplo, ¿se va a pasar un fin de semana a Sevilla? Pues esto es lo que tuiteará: De camino a Sevilla. Ya en Sevilla. Qué bonita Sevilla. Comiendo en el restaurante La Giralda en Sevilla. Que no tuitea: defecando en el baño del restaurante La Giralda de Sevilla, pero casi.

La loca de los gatos 

Y quien dice gatos dice bebés u osos panda. Mientras venga en formato cachorro, este usuario de tuiter pulsará el "FAV" de favoritos. También retuiteará todo tipo de noticias sobre perreras a punto de cerrar, animales abandonados en busca de dueño o perros que han salvado a niños en un incendio.

Estos ojos están diciendo: retuitéame, retuitéame…

El del autobombo

Promocionando su cortometraje/libro/monólogo en un bar que ni siquiera está en el centro, con una insistencia digna de tu tía Micaela, esa que no acepta un “no” por respuesta cuando le dices que no, que no quieres más leche frita. Los peores son los que pretenden que además inviertas dinero en un crowdfounding para financiar el disco de un cantautor infame. A cambio te prometen una camiseta, un cedé o una gorra serigrafiada. La realidad es que tú estarías dispuesto a todo lo contrario. Es decir, a regalarles un bolígrafo serigrafiado con tal de que dejen de dar la brasa y no sacaran nunca ningún disco.

El matafilólogos

Capaz de, en 140 caracteres, cometer 140 faltas de ortografía. Cosas como éstas:

- Ay, es cuando te haces daño

- Ahí, es para señalar donde te hiciste daño

- Hay, es de haber

- Hai, no es nada

Sencillamente, no les entran en la cabeza.

A mí me duelen los ojos. No, me duele el alma.

 

Si te has reconocido en uno o varios de estos perfiles y ahora te estás preguntando: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Si empleara el tiempo que paso en twitter en algo útil, tipo aprender alemán, ya sería bilingüe? Desde Glup Glup te recomendamos una cura para la que no es necesario ingresar en la Betty Ford, como Lidsay Lohan para desengancharse de la cocaína/los barbitúricos/el alcohol/la cirugía estética. Esta cura es sencilla, se llama: no entrar a twitter. Menos cuando emitan Eurovisión o haya que retuitear un artículo de Glup-Glup, claro está.

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Este artículo lo ha escrito...

Estíbaliz Burgaleta

Estíbaliz Burgaleta (Tudela, Navarra, 1976) en otra vida será bailarina de ballet clásico, será grácil como una pluma y tendrá oído musical. Pero en esta vida es guionista, cortometrajista y... Saber más...