Prefiero ser una señora de Facebook que una It Girl

Prefiero ser una señora de Facebook que una It Girl

¿Estás hasta el moño de abrir una revista y encontrarte a una tipa con más atrezo que un árbol de Navidad? ¿Una petarda que no la conoce ni su padre, que no ha hecho nada en su vida y supuestamente es un icono para el resto de las mortales? Yo lo estoy. Pero fíjate tú que a mí las Palermo, las Chung y toda la estirpe Delevingne no me dan ninguna envidia. Mola más ser una señora de Facebook.

Estoy harta.

Sí.

Estoy hasta las narices.

Olivia Palermo y su perfección absoluta en todos y cada uno de los aspectos de su vida me ponen de los nervios.

¿Debería ser nuestro objetivo en la vida parecernos a ella? ¿Es que acaso no notáis la presión? ¿No sabéis en el fondo que, en el supuesto y lejanísimo caso de que tuviéramos tanta pasta, jamás (y repito: JA-MÁS) nos pareceríamos a ella?

Pues he decidido que voy a rebelarme de una vez por todas y a enumerar las ventajas de parecerse a una señora del Facebook, que es mucho más divertido y barato.

Y lo digo en serio. Pensadlo…

 

C.C. Apple Power versus birra con patatas Matutano

Olivia Palermo se va a la playa y almuerza un zumo bio con baya, jengibre, canela, miel y romero y C.C. Apple Power —snack de manzana ecológica (eufemismo para rodajas de manzana reseca que podemos coger de cualquier contenedor)—, y se pasa toda la mañana hablando con su iPhone6 sobre cosas como la eco-moda y los beneficios que se van a obtener si las ganancias de una nueva colección de sandalias y bolsos se destinan a proyectos sociales en el Maasai Mara.

Yo no digo que esto esté mal, ojo, pero ¿qué haría una señora de FB? Seguro que algo mucho más divertido.

Se sentaría espatarrada en la toalla, bebiéndose una birra (que igual el zumo bio ese está bueno, pero dónde esté una cerve…) mientras le caen las migas de las papas en el canalillo y se dedica a criticar a todo bicho viviente que se atreve a pasear por la orilla.

Cuando eres una señora de Facebook puedes hacer lo que te dé la gana en la playa. 

Vamos, yo prefiero lo segundo de lejos.

No hay nada más agradable que dedicarte a sacar los ¡Args! de todoquisqui con una amiga en la playa. Y si encima llevas un par de tercios encima, no veas cómo se dispara la imaginación y se desata la lengua. Ríase usted de las sátiras de Quevedo, que el proceso creativo no hay quien lo pare.

Y que conste que a la gente que se atreve a pasear en ropa de baño por la orilla yo la admiro muchísimo. A mí me da tanta vergüenza exponer mis lorzas a lo largo de dos km ida y vuelta que, si acabo haciéndolo, voy tan tapada que más que en la playa parece que estemos en temporada alta en Baqueira Beret.

Las it girls se deprimen cuando les plantan un ¡Arg! en la Cuore y la señora de Facebook pone ¡Arg! a todoquisqui para no deprimirse.

 

Maleta Louis Vuitton versus ‘cojo el petate’

¿Y cuando te vas de viaje? Olivia disfruta de una serie de “travelling essentials” (malditos anglicismos) que incluye cosas tan imprescindibles como un bolso de Balenciaga (895 €), laca de uñas de Chanel, cazadora de cuero de Balmain (6 300 €), Masqué Hydra Sparkling de Givenchy, falda de seda de Giambattista Valli para Net (725 €), etc.

No sé si habéis hecho una suma, pero acojona, y ni siquiera lleva incluido el vuelo y el alojamiento. Da que pensar, ¿no?

¿Qué haría una señora de FB al abrir esa maleta de Vuitton? Se llevaría las manos a la cabeza y diría: “Pero ¿y el rollo de papel de váter por si te coge un apretón ‘andestá’, angelico? ¿Eing?”.

¡Ah! Es verdad. Perdón. Que Olivia Palermo no tiene necesidades fisiológicas, o por lo menos a mí me cuesta mucho imaginarla en actitudes tan vulgares y mundanas como esas. Y si lo hace, su caca desprende una fragancia moderna, carismática y única, perfecta para mujeres jóvenes, sofisticadas y creativas de la Gran Manzana, con notas cítricas aderezadas con flores blancas y un fondo seductor de almizcle y sándalo de Caguogüina Hegüegua.

Joer…, y la presión de tener que estar siempre perfecta, ¿qué?

Las it girls serán más glamurosas, pero las señoras de Facebook derrochamos más ingenio.

 

‘Trendy & chic’ versus ‘chapa y pintura’

No sé si a vosotras os pasa, pero a veces cuando dejo a las niñas en el cole me encuentro a la típica mamá que parece que camine a cámara lenta, vestida como si ya fuera primavera en el ‘Cortinglés’, el pelo planchado y cayendo en una cascada azabache sobre sus pechos perfectos de cabrita (a pesar de que han dado de mamar a dos críos) y más maquillada que tú cuando vas a una boda.

Casualmente, cuando te la cruzas, te encuentras paseando con otro orco de Mordor al que ni siquiera le ha dado tiempo de lavarse el pelo como a ti y uno de los dos siempre acaba diciendo: “Pero esta… ¿a qué hora se levantará? ¡Por el amor de Dios!” o “No quiero ni pensar lo que se va a poner para la comunión de su hija”. Y no es la envidia la que habla, en serio, lo dices con ese tono aterrorizado que da el encontrarte ante lo desconocido.

Tengo la teoría de que estas mujeres han entrado en un bucle infinito del que no pueden escapar. Llevan tanto tiempo cubriendo su realidad hasta para ir a Mercadona, que les horroriza salir sin maquillaje a la calle y que no las reconozcan. O peor aún, que les digan: “¿estás enferma? Hoy no tienes buena cara”. Esas dos frases les ponen los pelos como escarpias, así que se ponen el despertador a las 6 de la mañana y se dedican al emperifolle supremo antes de dejarse ver imperfectas en público.

Pues ahora elevad esta sensación a la cuadratura del círculo por tres y tendréis el equivalente a la presión que la pobre Olivia carga sobre sus hombros. Esos ojos que la observan son los de todo el planeta Tierra, incluidas las grandes firmas a las que presta (y no desinteresadamente) su imagen, así que no te puedes permitir ni un tímido moco asomando por tu nariz.

Da miedito, ¿eh?

Pensad ahora en una señora de Facebook. Pues pasa lo mismo, pero a la inversa. El día que se te ocurre arreglarte y maquillarte un poco, te lo pasas recibiendo halagos: “pero qué guapa estás hoy”, “así da gusto verte”, “quién te ha visto y quién te ve”, “pero… ¿tú tienes los ojos verdes? ¡Hostia, pues no me había dado cuenta!”, etc. Igual hasta tienes suerte y algún obrero te dedica uno desde el andamio, que ya hace tiempo que no te pasa, ¿eh? El único cumplido desagradable que recibes es el de tu madre, porque se parece más a un reproche que a un cumplido. Me refiero al típico: “ya era hora de que te arreglaras un poco, hija, que cada día me recuerdas más a tu abuela” y que te jode tanto.

Quizá me pasé con el rimel, ¿no crees?

Y es que estas cosas de arreglarse con veintitantos las hacías, pero ahora con ‘churumbeles’ que se pasan media hora para levantarse de la cama, que no pueden ponerse unos leotardos sin enrollarlos y que tienen más nudos en el pelo que un cuadro marinero, pues ya no te queda tiempo para dedicarte al emperifolle máximo. Normal. Esa hora la dedicas a moverte por la casa, recorriendo las habitaciones en un tornado, como si fueras el Diablo de Tasmania y gritando: “¡venga, date prisa, que llegamos tarde!”, “¡seguro que han cerrao la puerta del cole y nos tiene que abrir la portera!” y “¿quieres acabarte ya la leche, que se te está reproduciendo en el vaso?”.

En fin, que voy a asumir que no soy classy, ni preppy y que paso de mi outfit. Cuando los pajaritos vuelen del nido ya pensaré en lo que me pongo, oye.

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Este artículo lo ha escrito...

Paloma Aínsa

Paloma Aínsa (Gandía, 1974) se licenció en Psicología en la Universidad de Valencia y trabajó durante 5 años en prevención de drogodependencias. El equipo al que perteneció fue premiado en varias... Saber más...